Ana Blanco, la gran superviviente de TVE

Después de probar suerte, casi de rebote, en el casting que Televisión Española organizó en 1989 para elegir nuevos presentadores de informativos, Ana Blanco relevó a Mari Pau Domínguez y debutó en los «Telediarios del fin de semana»con Francine Gálvez el 15 de septiembre de 1990, y desde entonces se ha convertido en la imagen de la cadena pública, inmutable frente a los siempre revulsivos cambios de gobierno en España. Durante sus casi 30 años en la cadena, por su mesa han desfilado compañeros de la talla de Matías Prats, y también históricas noticias, desde la boda Real de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz a los atentados contra las Torres Gemelas: «Son las nueve de la mañana ahora mismo en Nueva York y las informaciones que nos llegan hablan de un aparato que ha impactado contra las Torres Gemelas». Así abría el Telediario de mediodía de La 1, presentado por Ana Blanco, aquel 11 de septiembre. Instantes después, retransmitía el segundo impacto. También contaron en directo, junto con el corresponsal en Nueva York, el ataque al Pentágono y la comparecencia en directo de George Bush. El vídeo, todavía hoy, 17 años después, impacta.. Licenciada en Pedagogía, Ana Blanco comenzó su trayectoria profesional en Cadena Ser Bilbao, Los 40 Principales y en Onda Media. En Madrid, trabajó en Radio Minuto-Cadena 16, labor que compaginó con la presentación del programa cultural de Telemadrid «Zap Zap, la Guía». Pero desde que en 1990 ingresó en TVE, donde presentó primero los «Telediarios del fin de semana» ya no se movió. Después vinieron «Noticias de Redacción de La 2» y las distintas ediciones de los informativos diarios: el «TD-1» y el «TD-2». Además, ha participado en numerosos especiales como el primer aniversario de la muerte de la Princesa Diana de Gales, la Conferencia de Paz de Madrid, la inauguración de la Expo de Sevilla en el 92 y la de Lisboa en el 98. A lo largo de su trayectoria profesional ha recibido premios como la Antena de Oro, el Premio ATV a la Mejor Comunicadora de informativos, el Premio Ondas como Mejor presentadora, el Micrófono de Oro y la insignia de Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la Embajada de Francia en España. Hace unos años, Hughes se preguntaba qué tiene Ana Blanco para aguantar, estoica, las turbulencias de la cadena pública, para no molestar a unos ni a otros, en fin, para ser la gran superviviente de TVE. «¿Qué talento explica este busto oficial, busto sereno de etrusca, vestal del parte, NODO con forma de prima soltera o imagen del régimen bifronte?». En la misma crónica, el columnista de ABc se respondía a sí mismo: «Las comunicadoras tienen ahora un aire cortante, afilado y hermoso. Tienen ojos clarísimos (carboneros), pómulos como líneas rojas de un programa y dan la información con una mezcla de belleza y énfasis que implantó la actual Reina. Blanco, con su flequillo de atrezzo del ente (cualquier día se lo arranca un sindicalista), nos da la noticia como una máquina expendedora da los buenos días». Hughes alaba el don de Ana Blanco, su credibilidad, su capacidad para transmitir «una sensación de continuidad, de estabilidad. De futuro». «Para no reflejar tendencia alguna ni cambiar cuando todo lo demás cambia, Ana Blanco ha empezado por no cambiar ella misma. Se mantiene estable, invariable e imperturbable. El día que cambiase de look advertiríamos su presencia. En realidad, ese es un mérito: no hacerse notar. Da las noticias desde una especie de profunda impersonalidad. Las noticias le fluyen, salen de ella, pero no hay una subjetividad fuerte al otro lado del televisor. La España oficial, transitiva y bipartidista ha sido ella. Blanco está orgullosa de dar una imagen de periodista más que de presentadora. Es esa rara profesión que es ser comunicador y que tiene a la credibilidad como máximo atributo», definió el columnista. «Los presentadores de noticias deslizan alguna vez una mirada sobre el contenido de su noticia. No pueden apostillar, no pueden opinar, pero la neutralidad se les hace imposible y por el ceño dejan saber su postura o lanzan la miradilla condenatoria tras haber dado su noticia. Ana Blanco, al contrario, da las noticias con una regularidad facial, una impasibilidad muscular prodigiosa. Ni ceño ni mirada. Otro rasgo suyo es que no resulta musical de una forma significativa. Tiene un tono para las noticias serias, o las tragedias, que podríamos llamar «tono grave» y otro relajado que no llega a ser el estilo cantarín de las noticias frivolonas de otros noticieros. Es un tono suave, casi optimista, sin excesiva familiaridad. Levemente cordial. Y aunque tiene una propensión a la sonrisa, a la noticia risueña, no alcanza, desde luego, los tonos dicharacheros de un Matías Prats (...) En Blanco se valora también el trato al idioma. Se percibe en ella una simplicidad difícil y gran corrección sintáctica. Trata de no alterar la acentuación de las palabras; no retuerce las oraciones con esa especie de torsión noticiosa del periodista enfático».
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