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Carta de la hija de una víctima: «No quiero homenajes póstumos ni días de luto, quiero justicia, que se investigue la gestión realizada»
¿Quién se va a hacer responsable de la mala gestión de esta pandemia que se ha llevado por delante la vida de más de 27.000 personas y ha destrozado a otras tantas familias? El 88 por ciento de los fallecidos por Covid en Madrid tenían más de 70 años, casi la mitad de ellos estaban en residencias de ancianos... Pero las víctimas son algo más que una cifra. Es indignante que a día de hoy todavía nadie, ni Gobierno, ni Ministerio de Sanidad, ni Comunidad de Madrid ni ningún otro organismo público haya reconocido los errores cometidos. Porque han sido muchos. Ahora parece que todo han sido aplausos a la salida de las UCI y fiestas en las hospitales cada vez que algún enfermo era dado de alta, pero nadie habla del caos que reinó en ellos las primeras semanas de marzo, de la gente que esperaba en los pasillos durante horas para recibir atención médica, de los sanitarios desbordados, de los mayores de las residencias con claros síntomas a los que no se les permitía su traslado a los hospitales, de los Centros de Atención Primaria que alentaban a la sociedad a no saliera de casa y, según ellos, hacían seguimiento telefónico. Mi padre acababa de cumplir 76 años. Era una persona sana, activa, hacía ejercicio diario, jugaba semanalmente al tenis, cuidaba su alimentación y no tenía patología previa alguna. Empezó a tener fiebre el 19 de marzo y durante una semana desde su Centro de Salud le indicaron (siempre telefónicamente) que tomara paracetamol. En siete días, a pesar de su edad y de su extremo cansancio dados los 38 u 39 grados de fiebre que tenía, nadie pasó a comprobar su estado, aún cuando él llamaba diariamente para explicar su creciente malestar. Gracias a la recomendación de un familiar médico finalmente decidió acudir a Urgencias a realizarse una placa y se quedó ingresado con diagnóstico de neumonía bilateral. Durante los días siguientes la evolución de la enfermedad fue tan brutal que en solo dos días tuvo que ser trasladado a Neumología y conectarle a un compresor de aire para intentar que entrara el oxígenos en sus pulmones. Día tras día los médicos nos avisaban de que su nivel de saturación en sangre bajaba y en poco tiempo afectaría al funcionamiento del resto de sus órganos vitales. Obviamente era necesario su ingreso urgente en la UCI, pero las consignas desde Sanidad eran que ningún paciente mayor de 70 años podía. ¿Es esto ético? ¿Es justo? ¿Por qué un político puede decidir quién vive y quién muere?? Seis días después de su ingreso nos avisaron de que le quedaban pocas horas de vida y un familiar podía ir a despedirse de él. Con la ayuda del familiar médico mi padre conseguimos que lo ingresaran en la UCI, donde permaneció durante once días en estado de extrema gravedad pero evolucionando. Tanto fue así que el Viernes Santo nos comunicaron que acababan de desentubarlo y al día siguiente nos llamarían para poder hacer una videollamada con él. Llevábamos más de 15 días sin verlo ni por supuesto hablar. Sin embargo, no volvimos a tener noticias suyas hasta la madrugada del lunes en que nos llamaron de nuevo para que fuéramos a despedirnos de él. Mi padre falleció esa mañana. Todavía no sabemos, ni nunca sabremos, qué pasó ese fin de semana. ¿Por qué nadie nos llamó para avisarnos de su empeoramiento? ¿Por qué no pudimos verlo ni hablar con él mientras estuvo consciente? ¿Había suficiente personal médico para atender a los pacientes? Como decía otra hija de un fallecido por coronavirus en su carta, "no me salen los aplausos en el balcón" y "yo no quiero estar en la nueva normalidad". Solo siento un profundo dolor e indignación por todos y cada uno de los que han colaborado para que una persona llena de vida nos dejara en menos de un mes sin poder siquiera hablar con ella. ¿Quién le devuelve a mi padre los diez años de vida que por lo menos le quedaban?? Yo no quiero homenajes póstumos ni días de luto, quiero justicia, que se investigue la gestión realizada, que se esclarezcan los procedimientos seguidos y que sus responsables paguen por su errores. Nosotros ya lo estamos haciendo. * Beatriz Magán Momblona reside en Madrid. Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a testimonioscoronavirus@abc.es Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es
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La bodega de Albacete que triunfa con sus vinos de colores y de cannabis
Los vinos se dividen en blancos, tintos y rosados, según los estándares de la viticultura. Pero, ¿por qué no pueden ser azules, verdes, rosas, naranjas, dorados e incluso mezclarse con una pequeña cantidad de cannabis? Esta posibilidad es la que convirtieron en realidad dos hermanos, Andrés y Lorenzo, con el proyecto que pusieron en marcha, hace ya casi dos décadas, en Caudete (Albacete). Fue en 2003 cuando se fundó Bodegas Santa Margarita, partiendo de la base inicial de la actividad que venían desarrollando sus antepasados, de origen español pero criados en Francia. Su amor por las plantas y el vino, les llevó a crear un vivero de viñedo que gracias a la calidad de sus productos, fue creciendo hasta convertirse en una de las empresas pioneras en su campo: la selección y producción de viñas de varias variedades de uva de una calidad esmerada. Como consecuencia de los conocimientos adquiridos durante varias generaciones en el campo de la viticultura, empezaron a vender uvas a terceros. Pero, al poco tiempo, Bodegas Santa Margarita se abrió paso en la elaboración y crianza de grandes vinos. Con un viñedo propio de 140 hectáreas, los tipos de uva con los que trabajan son: Verdejo, Chardonnay, Tempranillo, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Garnacha, Pinot Noir, Petit Verdot, Monastrell, Syrah, Macabeo y Sauvignon Blanc, entre otras. Aprovechando su red comercial, se embarcaron en un ambicioso proyecto edificando una bodega, donde acogen actividades relacionadas con el enoturismo y que está dotada con las más innovadoras instalaciones, pero sin dar la espalda a las prácticas tradicionales a la hora de elaborar los vinos. La uva es tratada con el mayor esmero y controlada por un amplio equipo técnico a pie de campo hasta que se recepciona, culminando en el embotellado de sus vinos «Hoya Hermosa» y «Pasion Wines», acogidas a la especificación de Vinos de la Tierra de Castilla. Sin embargo, la crisis económica del 2008 les obligó a cerrar su embotelladora y a vender solo vino a granel. Esta situación supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Bodegas Santa Margarita, ya que dieron un giro a todo lo anterior. Fue entonces, tras un tiempo de reflexión, cuando los responsables del proyecto decidieron crear vinos de colores. El primero de ellos fue su vino azul, que vio la luz en octubre de 2015. Estos vinos de color se obtienen mezclando una gran cantidad de vino blanco con una proporción menor de uva tinta, junto con una pizca de mosto, y el color azul se obtiene gracias a dos pigmentos: antocianinas, un componente que se encuentra en la piel de las uvas rojas, e indigotina. Según cuenta Noelia Ribera, una de las responsables de la bodega albaceteña, de esa primera creación sacaron 300 botellas. Tras varios contactos, los supermercados de la costa levantina lo pusieron a la venta, debido a la proximidad de Caudete a esta zona, y tuvo un éxito increíble por la novedad. «Los guiris nos los quitaban de las manos», recuerda. Uno de los principales mercados que puso el objetivo en este vino tan novedoso fue el holandés, que empezó a comercializarlo en su país y de ahí llegó a otros países del entorno, aunque hoy los frutos de Bodegas Santa Margarita están por todo el mundo, en países tan dispares como Rusia, China, Líbano, República Dominicana e incluso Estados Unidos. Al vino azul le siguió el rosa, elaborado a partir de las variedades Garnacha y Syrah, luego el naranja -muy solicitado en Holanda también por ser los colores de nación-, el verde y el dorado, todos ellos obtenidos con pigmentos naturales y la piel de las uvas bajo el nombre de «Pasion Wines». Y en 2018 la bodega albaceteña dio un paso más en su proyecto y creó «Winabis», un vino elaborado con extracto de cannabis (0,01%), «totalmente legal», asegura Noelia Ribera, que destaca las tres estrellas que obtuvo el pasado año en el concurso «Ibérica Awards» celebrado en Londres. El objetivo de este lanzamiento, afirma, «es ser atractivos para aficionar a los más jóvenes a este mundo. Los millenials no consumen mucho vino y, por ello, hay que innovar para vender». En cualquier caso, la responsable de Bodegas Santa Margarita tiene un lema, que viene que ni pintado: «Para gustos los colores».
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Los Punsetes o la nada
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“Salía con una chica holandesa, y cuando acabé la carrera me fui a Rottedarm para poder vivir con ella”, explica Rafael Padilla (Tarragona, 1978) sobre el giro de la fortuna que le llevó a buscar un empleo en Fagron, una empresa muy joven que...
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Conceden por primera vez un permiso a un etarra condenado por asesinato
Por primera vez, un preso de ETA con crímenes de sangre y no acogido a la «vía Nanclares» disfrutará de un permiso penitenciario. El beneficiado no es otro que Jesús María Martín Hernando, alias «Txus», quien fue condenado por colaborar en el asesinato del exsargento mayor de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea en 1993. El recluso podrá salir de la cárcel de Álava durante tres días con la condición de no pisar Bilbao, donde se perpetró el atentado y residía la familia de la víctima. Este permiso, que le fue comunicado «de viva voz» a la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), fue aprobado por el juez de la Audiencia Nacional José Luis Castro. De esta forma, el etarra podrá abandonar temporalmente la prisión en cuanto lo permitan las circunstancias sanitarias. El de Martín Hernando se suma al goteo de beneficios penitenciarios que se han concedido en las últimas semanas. De hecho, el pasado viernes trascendió también la noticia del traslado a un centro médico de Guipúzcoa del etarra Kepa Arronategi, que en 1997 intentó asesinar al Rey Juan Carlos y acabó con la vida del agente de la Ertzaintza Txema Aguirre. No obstante, en el caso de «Txus» existe una particularidad insólita, pues nunca antes se había permitido a un recluso de ETA condenado por asesinato salir de la cárcel, a excepción de quienes se adscribieron a la «vía Nanclares». Concretamente, este exmiembro del «comando Vizcaya» fue condenado por la Audiencia Nacional a 36 años de cárcel como cooperador necesario en el asesinato de Goikoetxea, aunque posteriormente el Tribunal Supremo rebajó la pena a la mitad al entender que su papel en el atentado fue el de «cómplice». En 2012 fue absuelto en el juicio por el tiroteo que acabó con la vida del guardia civil José Manuel García Fernández. El magistrado José Luis Castro, según adelantó ayer El Diario Vasco, ha accedido ahora a concederle el permiso debido a que ya ha cumplido la cuarta parte de la condena y a la buena voluntad del recluso, que ha reconocido «el daño causado».
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El proteccionismo alimentario gana terreno en el supermercado
La crisis provocada por el coronavirus y el consiguiente cambio de hábitos alimentarios ha impulsado aún más la presencia de productos de proximidad en los supermercados y las iniciativas empresariales para darles salida, constatan patronales y...
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El complot
En marzo de 2011 Podemos era un movimiento político extraparlamentario que agitaba en la calle el clamor del «no nos representan». Su propósito era deslegitimar a los representantes de una casta política endogámica, vetusta, corrupta y adocenada que había dejado de sintonizar con las inquietudes del pueblo. En 2015 se convirtieron en la tercera fuerza del país y elevaron el listón de la crítica. El problema ya no era solo la casta política, sino el régimen del 78. En junio de 2017, Pablo Iglesias presentó una moción de censura contra Rajoy. Sabedor de que la perdía, pastoreó una multitudinaria manifestación en la calle para que los ciudadanos del común deslegitimaran la votación del hemiciclo: los ciudadanos que enarbolaban pancartas con el lema «hay que echarlos» no estaban señalando a Rajoy, sino a los diputados que se negaban a sustituir a un presidente putrefacto por el único líder inmarcesible capaz de hacer de la cosa pública un lugar decente. Desde ese momento quedó claro que, para Podemos, ninguna expresión de la soberanía popular sería verdaderamente representativa de la sociedad española hasta que él tuviera la posibilidad de hacer lo que le diera la gana. Desde entonces, Pablo Iglesias no ha dejado de ir dando pasos para alcanzar su objetivo. Cuando vio que las urnas no le iban a abrir las puertas de La Moncloa por las buenas diseñó un plan en tres fases para encaramarse al poder por una vía alternativa. El primer paso consistía en llevar a Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno con la ayuda de un pacto parlamentario, muñido por él, que incluyera el concurso de los partidos independentistas. El segundo contemplaba la formación de un Gobierno de coalición que le convirtiera en vicepresidente. El tercero, por fin, pasaba por utilizar ese enclave para erigirse en el archipámpano del banco azul. Todo le ha salido a pedir de boca. Aunque el movimiento inicial de Pedro Sánchez consistió en arrinconar a Podemos en posiciones subalternas, alejadas del escaparate de la gestión de la pandemia, Iglesias ha sido capaz de ir avanzando posiciones hasta convertirse en el protagonista principal de la escena. Ahora, todos los cañones de luz le enfocan a él. Tras los consejos de ministros, durante las sesiones de control, en las entrevistas periodísticas o ante la comisión para la reconstrucción económica, su voz sobrepuja a cualquier otra. Mientras Sánchez se desvanece, él se va haciendo poco a poco el amo del cotarro. Desde esa posición de privilegio, consentida por el PSOE por razones que no alcanzo a entender, Iglesias ha dado estos días un paso más. Ya no se presenta solo como el escudo social de los desprotegidos, sino también como el cancerbero que protege la democracia de las veleidades golpistas que anidan en el ánimo liberticida de la derecha. Su discurso es que el complot de políticos cainitas, jueces reaccionarios, empresarios avariciosos, medios de comunicación venales y militares retrógrados están crispando el ambiente hasta hacerlo irrespirable. Marquesas alocadas y golpistas nostálgicos son las puntas de lanza de una operación destinada a sacar a la izquierda, ecuménica y mansa, del poder legítimo que le han procurado las urnas. Así es como el lobo se disfraza de mastín. Para que su burda maniobra sea eficaz, Iglesias necesita elevar el grado de indignación de PP, Vox y Ciudadanos todo lo que sea posible. De ese modo podrá exhibir su fiereza como prueba de convicción de su teoría conspiratoria y obligará a los socialistas a atrincherarse con él para hacer frente al enemigo común. Su obsesión, hasta donde a mí se me alcanza, consiste en dinamitar cualquier cauce de diálogo entre Sánchez y Casado que pueda favorecer el entendimiento entre ellos cuando los líderes europeos, a cambio de la ayuda económica del fondo comunitario, impongan un plan de ajuste inasumible para Podemos. Ese será el momento en que el presidente del Gobierno deberá decidir si mantiene la coalición, aunque sea remodelándola un poco, si tienta suerte en solitario o si se la juega en unas elecciones generales a principios de año. Pincho de tortilla y caña a que Iglesias hará lo posible por favorecer la primera opción. Ojalá que el PP no se lo ponga fácil.
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Ciudadanos perfila su posición en la sexta prórroga del estado de alarma
El pacto entre el Gobierno y ERC para que los independentistas se abstengan en la sexta prórroga del estado de alarma, en principio, no variará la posición de Ciudadanos (Cs). Los liberales marcaron como línea roja en la anterior prolongación de esta medida excepcional que el Ejecutivo no aceptase retomar en plena crisis sanitaria la mesa de diálogo con el Govern de Quim Torra, pero esta vez las condiciones de los republicanos son más asumibles. Entre otras, que la Generalitat gestione el fondo de reconstrucción, que recupere sus competencias en la fase 3 y que esta sea la última prórroga. Esto segundo, de hecho, ya era algo que venían apuntando distintos dirigentes de Cs a lo largo de esta semana, al ver la buena evolución de los datos de la pandemia del coronavirus. Aunque la decisión no está tomada, en el seno de la formación de Inés Arrimadas no descartan ni mucho menos votar a favor de una última extensión del estado de alarma de otros quince días. El movimiento de ayer de ERC, en el núcleo de decisión de Cs, lo achacan a los nervios en ese partido por haber perdido el protagonismo que sí tuvo en la investidura. Pero lo que ha trascendido del acuerdo no inquieta a los liberales, que hasta ahora se han mantenido al margen de las negociaciones paralelas del Gobierno con otros grupos, salvo que hayan pedido, como ERC en la quinta prórroga, condiciones «inasumibles». En esa ocasión Cs ganó el pulso. Ahora se abre la opción de que los dos den alas a la prórroga junto al PNV, cuyo «sí» quedó cerrado ayer por la noche. Edmundo Bal habló con Pedro Sánchez el miércoles y la anterior semana, en dos ocasiones, con Carmen Calvo, pero fuentes del Comité Permanente de Cs apuntan que el Ejecutivo debe desvelarles ya el prometido «plan B», algo que aún no ha sucedido. Una de las exigencias que Cs le puso al Gobierno fue que planease una alternativa por si decaía en alguna votación del estado de alarma o por si en el futuro, una vez fuera de él, se produce algún rebrote. La idea es poder controlar la situación sin tener que tomar una medida tan drástica. Y en Cs quieren que el Ejecutivo les traslade ya, aunque sea en privado, el contenido de ese «plan B» para, además, consensuarlo y negociar su alcance. Si no, será difícil que esta vez los liberales se sumen al apoyo al estado de alarma, aunque desde la dirección nacional admiten que hasta el momento Sánchez ha cumplido con todas sus promesas. Desde desvincular los ERTE del estado de alarma, hasta prolongar un mes más la moratoria de impuestos a pymes y autónomos. Según fuentes de este partido, el Gobierno también se ha comprometido ya a estudiar la exención de la cuota de autónomos en el mes de junio. En cualquier caso, y aunque Cs votará en base a criterios sanitarios, los canales de negociación con el Gobierno siguen abiertos de aquí al miércoles. El pacto entre el PSOE, Unidas Podemos y EH Bildu y las «injerencias» en la Guardia Civil del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, generaron malestar en Cs, pero el partido quiere distinguir eso del estado de alarma. Se resiste a que le cuelguen la etiqueta de «socio del Gobierno», aunque en privado deslizan que mientras otros piensan en los votos, ellos se preocupan por salvar vidas y empleos.
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Crisis en la Guardia Civil: la semana que Marlaska comprometió su futuro
La destitución fulminante del coronel jefe de la Comandancia de Madrid, Diego Pérez de los Cobos, por no informar a Interior de la marcha de la investigación abierta contra el delegado del Gobierno en Madrid; la dimisión del director adjunto operativo, teniente general Laurentino Ceña, junto con el relevo del jefe del Mando de Operaciones, teniente general Fernando Santafé, y las absurdas explicaciones ofrecidas por el ministro Fernando Grande-Marlaska desvinculando los acontecimientos del caso del 8-M han barrido la agenda de una semana en la que el Ejecutivo quería «vender» la aprobación del ingreso mínimo vital como ejemplo de las políticas de la coalición progresista-populista. El Gobierno aparenta cerrar filas, pero sabe que la brecha abierta por la gestión de la crisis del titular de Interior les ha hecho mucho daño, pues se ha dado carta de naturaleza a la sospecha de muchos de que desde el Poder Ejecutivo se quiere influir políticamente en las investigaciones de las Fuerzas de Seguridad. Para completar el cóctel explosivo, la juez del caso del delegado del Gobierno, Carmen Rodríguez-Medel, ha interpretado todo esto como un ataque contra la independencia judicial. Es una magistrada muy combativa –aún se recuerda su actuación en el caso del máster de Pablo Casado y de Cristina Cifuentes– y ha actuado con contundencia. Primeros recelos Con todo, para entender lo sucedido esta semana hay que remontarse a los primeros meses tras la llegada al Ministerio del Interior de Fernando Grande-Marlaska. Ya entonces mostró ante algunos de sus colaboradores una cierta desconfianza hacia Pérez de los Cobos, de quien tenía la sensación de que se guardaba información. También podía influir que el coronel había liderado el dispositivo del 1-O en Cataluña y el Gobierno de Sánchez llegaba a La Moncloa de la mano de los independentistas y con críticas a cómo se hicieron las cosas. Esa falta de química, sin embargo, no llevó a Marlaska a relevarlo; es más, en su trato siempre hubo cordialidad hacia él y Pérez de los Cobos tenía la confianza suficiente para llamarle directamente por teléfono. Lo hacía porque tenía prestigio y bagaje para ello, pues había estado tiempo al frente del Gabinete de Coordinación y Estudios de la Secretaría de Estado de Seguridad, sala de máquinas del departamento, donde por ciento mantuvo una excelente relación con Alfredo Pérez Rubalcaba y Antonio Camacho. El relevo de mandos como el del coronel es siempre problemático, porque es una persona con amplia trayectoria, ascendente sobre sus subordinados y reconocimiento general, hasta el punto de que estaba llamado, junto con el también destituido meses antes Manuel Sánchez Corbí, jefe de la UCO, a ocupar los puestos más relevantes de la Guardia Civil. Además debía declarar en los juicios del «procés», en el Tribunal Supremo y en la Audiencia Nacional, y destituirlo podía suscitar interpretaciones indeseables. La denuncia Así se llega hasta el momento en que un abogado de Madrid presenta una denuncia contra el delegado del Gobierno, José Manuel Franco, por haber permitido las manifestaciones previas al estado de alarma, cuando el coronavirus ya había llegado a España. Por reparto, la misma recayó en el Juzgado de Instrucción 51, cuya titular es Carmen Rodríguez-Medel. El delito se había cometido en la demarcación de la Policía Nacional y la denuncia se presentó en Madrid, pero la magistrada, en atribución de sus funciones, eligió a la Guardia Civil para la investigación. Es nieta, hija y hermana de miembros de la Benemérita, por lo que la conoce muy bien. Llamó a su despacho al capitán jefe de Policía Judicial de la Comandancia y le dio una orden precisa: «Ustedes trabajan con el delegado del Gobierno y él es el objetivo de las pesquisas, así que sólo pueden contarme a mí los resultados de la investigación». El capitán dio la novedad a su coronel, y Pérez de los Cobos a su general de Zona, José Antonio Berrocal, que transmitió la información a través de la cadena de mando al director adjunto operativo, y éste a su vez a sus superiores políticos. De los Cobos asegura que no supo nada más del caso, puesto que la magistrada pidió de forma expresa que los investigadores sólo le reportaran a ella. Lo habitual es que el jefe de la investigación informe de las líneas generales de su trabajo a sus mandos y que llegue por el conducto reglamentario a la cúpula.Marlaska decidió la caída del coronel tras filtrarse el informe entregado a la juez del 8-M Algunas fuentes insisten en que en un principio así fue, y que los mandos eran informados periódicamente, no de las cuestiones relevantes de las pesquisas, pero sí de su marcha, en particular de cuándo fue comisionada la Policía Judicial de Madrid, cuándo se ordenó que no eran diligencias urgentes y cuándo se decidió lo contrario... En definitiva, de cómo estaba la situación. Las novedades llegaban al ministerio, preocupado por un caso muy delicado desde la perspectiva del Gobierno. Siempre según estas fuentes, ese canal de comunicación se cortó en las últimas semanas, sin que hubiese explicación para ello. Videoconferencia Durante este «impasse» llegaron a Interior noticias de una videoconferencia en la que participó la juez y los investigadores, que recibieron instrucciones precisas de las próximas diligencias. Esa reunión no fue comunicada por Pérez de los Cobos, que siempre lo puede justificar con su argumento de que él era ajeno a este caso por orden judicial. El detonante de la crisis, no obstante, se produjo el viernes de la semana pasada, cuando un medio publicó el contenido de un informe de la Guardia Civil que había sido enviado el día anterior a la juez. Marlaska estalló por la filtración, aún no esclarecida, y en su cabeza ya tenía muy clara la destitución fulminante de Pérez de los Cobos. Consideraba que no informar de la entrega de esas diligencias era una deslealtad y pidió explicaciones a la directora general, María Gámez, a la que ordenó aclarar lo sucedido. El domingo la Abogacía del Estado se puso en contacto con Interior para comunicarle que, en efecto, las diligencias estaban en manos de la juez. Fuentes del departamento aseguran que ni siquiera se las pidieron –también es cierto que ya estaban publicadas– y Marlaska, aún más indignado y quizá sin calibrar las consecuencias de su órdago, volvió a llamar a su directora general, con la orden terminante de quitar a Pérez de los Cobos el mando de la Comandancia de Madrid. Llamada En ese escenario el coronel llamó a su general de Zona, José Antonio Berrocal, para comentarle otros asuntos. Berrocal conocía el malestar en Interior, pero aguantó la presión y simplemente preguntó a su subordinado si sabía si se habían enviado a la juez los informes. Pérez de los Cobos respondió que no, porque estaba al margen siguiendo las órdenes de Medel, pero que consultaría con su capitán de Policía Judicial. A los pocos minutos le respondió que sí, que el jueves. Poco más tarde fue el jefe del Mando de Operaciones, Fernando Santafé, quien le hizo la misma pregunta y recibió idéntica respuesta. El teniente general le sondeó sobre si conocía sus líneas generales –no es una pregunta que podía extrañar hecha desde ese cargo–, y el coronel lo negó. Tampoco le presionó, ni le advirtió de posibles consecuencias, que además desconocía. En torno a las 22.30 es María Gámez quien le llamó. Le preguntó, en tono cordial, cómo estaba y acto seguido por qué no había informado de ese envío de informes a la juez, cuando sabía que era un caso «muy sensible» para el Gobierno. El coronel repitió sus argumentos y fue entonces cuando le comunicó que quedaba destituido. Pérez de los Cobos le mostró su incredulidad, porque él y sus hombres simplemente habían obedecido el mandato de la magistrada. Pero no había marcha atrás. Indignada Esa misma noche la juez Carmen Rodríguez-Medel supo lo ocurrido y mostró su indignación, de la que dejó constancia solo unas horas más tarde en una providencia. También ofreció al jefe de la Comandancia declarar ante ella, pero éste declinó, al menos de momento, esa posibilidad. La noticia cayó como una bomba en la Guardia Civil, porque ni el teniente general Ceña, ni el jefe del Mando de Operaciones, ni el general jefe de Madrid estaban al tanto de la decisión de la directora general. Ceña, que iba a pasar a la reserva el 2 de junio, aguantó el lunes, pero el martes decidió dimitir. No quería despedirse siendo cómplice de una decisión así, a pesar de que nada hizo cuando el afectado fue el coronel Corbí. Entonces aún le quedaba tiempo en el cargo. El malestar en la Benemérita, y la falta total de confianza en la directora general se habían extendido como la pólvora. Las explicaciones de Marlaska el martes tras el Consejo de Ministros, y al día siguiente en el Congreso, tampoco ayudaron a calmar los ánimos. La Guardia Civil vio con estupor cómo desvinculaba la destitución del caso del delegado del Gobierno, y encuadraba la dimisión de Ceña en el nuevo impulso que se quería dar al Instituto Armado. Lo primero era falso; lo segundo, una media verdad porque aunque Ceña cesaba el 2 de junio su paso al frente estuvo motivado por una decisión «indignante» para él. Por si fuera poco, informar en la misma comparecencia de la aplicación del tercer tramo de la subida salarial para igualar los sueldos de las policías dio la impresión a muchos de que se les quería cerrar la boca con dinero.El DAO sabía que iba a ser relevado el 2 de junio y no quiso salir sin salvar su prestigio. Por eso dimitió El jueves fue el teniente general Santafé el relevado. No dimitió y aceptó un puesto en el ministerio de forma transitoria a la espera de un destino ya acordado. Su salida estaba prevista para el mismo día que la del director adjunto operativo, pero la dimisión de éste la aceleró. La razón era lógica: no podía quedar a las órdenes de un subordinado –el que era nuevo director adjunto, Pablo Salas– y su jubilación en apenas un año no le hacía idóneo para diseñar una estrategia a medio y largo plazo. Los otros dos tenientes generales –de Personal y de Apoyo Logístico– siguen en sus cargos. Muy delicada La situación en la Guardia Civil es muy delicada: hay pérdida de confianza en el ministro y en la directora general, que está al borde del abismo. La única buena noticia es que el nuevo «número 2» de la Benemérita, teniente general Pablo Salas, tiene un gran prestigio que supera los inconvenientes de que para nombrarlo se haya tenido que saltar el escalafón, algo que no es la primera vez que sucede. Igual ocurre con el nuevo jefe del Mando de Operaciones, Félix Blázquez (sus ascensos fueron publicados en el BOE de ayer). Ambos deben liderar la salida de la crisis con nombramientos, relevos y planes que sean entendidos por sus compañeros. «Son de los mejores que hay, eso es lo único bueno de todo esto», reflexionan distintos mandos. Junto a eso tendrán que seguir trabajando con sus jefes políticos, con los que necesariamente deberán forjar una relación de confianza y respeto mutuo. Combinar ambos aspectos es una tarea muy compleja, aunque tienen capacidad y apoyo en el Instituto Armado para conseguirlo. Los generales no presionaron El pasado miércoles se atribuyó al general José Antonio Berrocal y al teniente general Fernando Santafé la intención de presionar al coronel Diego Pérez de los Cobos en las conversaciones telefónicas que mantuvieron para que les diese información sobre las investigaciones al delegado del Gobierno en Madrid. Tampoco el ministro Marlaska los utilizó con ese propósito, según ha sabido ABC del entorno de los implicados. En la amplia crónica publicada ese día en páginas de España solo se hacía un relato detallado de los hechos, confirmados plenamente antes y después por distintas fuentes salvo en lo que se refiere a la conversación entre Berrocal y Pérez de los Cobos, ya que fue éste quien entró en contacto con su superior y no al revés.
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En César sólo manda César
Tras haber sido proscrito y sufrir la hostilidad de sus muchos enemigos, todos los romanos daban por terminada la carrera del joven Cayo Julio César. Fue el dictador Sila el único que supo ver el futuro que le aguardaba a su adversario: «En César habitan muchos Marios», aseveró. Así fue porque, décadas después, superó en grandeza y poder a Mario, su tío y el gran rival de Sila. Mañana se cumplen dos años de la votación de la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez a La Moncloa. Era el 1 de junio de 2018 y España ha cambiado mucho desde aquella fecha. Los que vaticinaban que el líder socialista estaría solo unos meses al frente del Gobierno se han equivocado. Sánchez ha demostrado una capacidad camaleónica para adaptarse al entorno y sobrevivir políticamente. Ha incumplido casi todas sus promesas, ha cambiado de aliados cuando ha sido necesario, pero sigue en el poder. Aquel 1 de junio, cuando todavía no se conocía el desenlace de la moción de censura, Sánchez expresó en la tribuna del Congreso su firme compromiso de convocar unas elecciones generales de inmediato y adoptar medidas urgentes de regeneración de la vida política. No hizo ni una cosa ni otra. Tan sólo seis semanas después dejó claro en una comparecencia con Macron que su propósito era agotar la legislatura y celebrar las elecciones en 2020. Se olvidó de la regeneración política, de la que nunca volvió a hablar. Por el contrario, no vaciló en colocar a sus amigos y aliados en las empresas del sector público. Y tampoco cumplió su compromiso, formulado unos meses antes, de que no toleraría como presidente del Gobierno a dirigentes que hubieran utilizado sociedades opacas para pagar menos impuestos. Maxim Huerta, el nuevo ministro de Cultura, tuvo que abandonar su cartera al revelarse que había sido sancionado por Hacienda por incurrir en esa práctica. Pero ni Pedro Duque ni Nadia Calviño siguieron su ejemplo. Sánchez optó por mirar hacia otro lado. La asombrosa facilidad con la que el presidente de Gobierno cambia de criterio se vio justificada por Carmen Calvo, que llegó a afirmar que una cosa era lo que decía Sánchez cuando era jefe de la oposición y otra al estar al frente del Ejecutivo. Unas palabras que recuerdan mucho lo que le comentó François Mitterrand a Revel en una cena con Ambroise Roux, el presidente de la patronal, en la que aseguró que no leía los programas de su partido y que no tenía ninguna intención de cumplir sus promesas electorales. Cuando empezó a gobernar en el verano de 2018, Sánchez era muy consciente de que no hubiera ganado la moción de censura sin el apoyo del PNV y del independentismo catalán. Y de que su Gobierno sólo podría sacar adelante sus iniciativas en el Congreso con el apoyo de esas fuerzas políticas. Por ello, el nuevo presidente decidió tender la mano a Quim Torra, el sucesor de Puigdemont, al que ofreció diálogo para iniciar una nueva etapa. El 20 de diciembre de 2018, el clima de distensión se escenificó con un encuentro bilateral en Pedralbes, del que salió un comunicado en el que se hablaba de una relación para solucionar «el conflicto» y se eludía cualquier referencia a la Constitución. Torra subrayó que había comenzado «la desfranquización» de España. El acercamiento duró poco tiempo porque Oriol Junqueras y los líderes del «procés» tuvieron que sentarse en el banquillo del Supremo en febrero de 2019, dando comienzo a un largo juicio que concluiría con condenas por sedición, malversación y desobediencia. Torra y los independentistas presionarón para que el Gobierno adoptara medidas de gracia que Sánchez, consciente del alto precio de la cesión, se negó a satisfacer. Meses después, la sentencia desató una oleada de violencia sin precedentes, con grupos vandálicos sembrando el terror en las calles catalanas. Torra no sólo no repudió los incidentes, sino que les alentó. En la primavera de 2019, la economía española todavía crecía en torno al 2% interanual y había creación neta de empleo pese a que Sánchez se vería obligado a prorrogar por segundo año consecutivo los Presupuestos de Mariano Rajoy que él calificó como «un desastre» para el país. Antes de terminar el juicio del Palacio de las Salesas, los españoles fueron convocados a las urnas el 28 de abril. El rival de Sánchez fue Pablo Casado, que había ganado las primarias del PP el verano anterior. Las encuestas no auguraban un buen resultado para el partido con sede en la calle Génova y así fue. Tampoco Casado logró batir al PSOE en las elecciones municipales y autonómicas que se celebraron un mes después, pero su éxito en Madrid le ayudó a afianzarse en Génova tras mantener el Gobierno regional y recuperar el Ayuntamiento. Elecciones de abril En las elecciones de abril, el PSOE, que había perdido el poder en Andalucía tras casi cuatro décadas de hegemonía, logró 123 escaños, un resultado lejos de las aspiraciones de Sánchez, pero muy por delante de los 66 diputados alcanzados por Casado, que se tambaleó en aquellos momentos. Ciudadanos fue la tercera fuerza política con 57 asientos, aumentando espectacularmente su presencia en el Congreso. Pese a que las bases le habían pedido en la noche del recuento en Ferraz que no pactara con Ciudadanos, Sánchez intentó convencer a Albert Rivera de que apoyase su investidura. Estaba dispuesto a aceptar un Gobierno de coalición con el dirigente de esa formación como vicepresidente. Pero Rivera dijo no. Creía que algún día le podría sustituir en La Moncloa. Sánchez exploró también la posibilidad de un pacto con Pablo Iglesias, que había sufrido un fuerte retroceso electoral, pero no se pusieron de acuerdo. El dirigente socialista vetó al líder de Podemos como vicepresidente y aseguró que no era bueno para el país un Gobierno de coalición con Iglesias. Ante la imposibilidad de forjar una mayoría parlamentaria, los españoles fueron de nuevo llamados a las urnas el 10 de noviembre. En su cierre de campaña, en un clima enfervorizado en un pabellón de la Feria de Barcelona, Sánchez arremetió contra Iglesias y el independentismo. Su estrategia era transparente: presentarse como una fuerza de centro frente a los extremismos que, según su discurso, encarnaban el PP y Podemos. Pero los resultados supusieron una enorme decepción para Sánchez, que no pudo disimular su mal humor ante sus seguidores en la noche electoral. Sus 120 escaños eran insuficientes para gobernar en solitario y, por añadidura, Casado había logrado remontar. Sus 89 diputados mejoraban claramente lo conseguido en abril. Ciudadanos se hundió tras perder más de dos millones de votos y pasó de ser la tercera fuerza política a la sexta, superada por Vox, Podemos y ERC. Un enorme varapalo que forzó a Rivera a dimitir y relegó al partido a una posición de irrelevancia. Sus 10 escaños ya no contaban. Apenas habían transcurrido 48 horas cuando Sánchez anunció por sorpresa un acuerdo con Podemos. Esta vez la negociación fue corta y, a comienzos de enero, Sánchez era investido como presidente de un Gobierno de coalición en el que Iglesias ocupaba el cargo de vicepresidente. Cuatro dirigentes de Podemos le acompañaban en el Consejo de Ministros, entre ellos, Irene Montero, su pareja. Sólo habían pasado unas pocas semanas cuando un minúsculo e invisible virus lo trastocó todo. Al principio, el Gobierno adoptó una táctica negacionista, pero el 14 de marzo, una semana después de la manifestación feminista, Sánchez decretó el estado de alarma y el confinamiento. La pandemia ha desgastado políticamente al Gobierno, que ha cometido numerosos errores en la gestión de la crisis. Las relaciones con la oposición se han tensado hasta llegar a un grado de crispación que superan todo lo visto desde la Transición. Y no faltan quienes acusan a Sánchez de haber sucumbido a la tentación autoritaria y al menosprecio de las libertades. Plutarco cuenta que un adivino le advirtió a Julio César de que se cuidara de los idus de marzo. El estadista romano no se lo tomó en serio y fue asesinado en el Senado. Marzo ha sido también nefasto para Sánchez, pero ha logrado sacar adelante las prórrogas del estado de alarma y la emergencia sanitaria parece que empieza a remitir tras un fuerte descenso del número de infectados y de víctimas. Si la tendencia se consolida, el líder socialista podría haber cruzado el Rubicón de su segundo mandato. Pero la amenaza de una profunda recesión a partir de otoño es más que una posibilidad. España se enfrenta a un futuro dramático y Sánchez no parece el líder más adecuado para forjar consensos. El balance de sus dos años en el poder es controvertido, pero ha demostrado que es un superviviente, una persona con una gran dureza de carácter. No es un hombre de Estado ni un intelectual, pero domina el arte de la propaganda. Siguiendo la doctrina de Maquiavelo, sabe de la importancia de acertar en el momento. Ya ha acreditado también que se equivocan quienes le minusvaloran. Y que es capaz de tomar la iniciativa cuando todo se vuelve en su contra, como hizo en octubre del año pasado al llevar a cabo la exhumación de los restos de Franco en El Escorial en un espectáculo transmitido en directo. Ahora empieza lo más difícil: cerrar las heridas, impulsar la economía y devolver la confianza a los españoles. Tendrá que hacerlo con un Pablo Iglesias que está aprovechando esta crisis para intentar convertirse en una referencia de la izquierda e imponer unas recetas que pueden llevar al país a la quiebra de las cuentas públicas. La gran duda es hasta cuando Sánchez está dispuesto a mantener la alianza con Iglesias y los independentistas, que impiden la reedición de esos Pactos de La Moncloa por la que abogó el presidente. Los signos de división en el Ejecutivo empiezan a aflorar y el enfrentamiento entre Nadia Calviño y el líder de Podemos es patente. No resulta descartable que el futuro nos pueda deparar sorpresas porque Sánchez ya ha demostrado que no le asustan los giros más imprevisibles para sobrevivir políticamente. Esto es lo que le contestó Julio César a un mensajero de Sila, que le pedía que se divorciara de su esposa Cornelia: «Dile a tu amo que en César sólo manda César». Así es como gobierna Sánchez. Y así es como piensa permanecer en el poder todo el tiempo que las circunstancias lo permitan.
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El fútbol pospandemia
Lo que parecía muy complicado hace algunas semanas ya es casi una realidad. La Liga volverá a reemprenderse y los equipos se preparan contra reloj para afrontar la parte más decisiva de la temporada. Pero será un final de curso lleno de trampas y...
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La coalición fingida tensa al PSOE
La coalición de intereses personales que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias dicen haber fortalecido durante las últimas semanas, para pacificar la convivencia en Moncloa y establecer un reparto de papeles en el control del Gobierno, es sólida. Sin embargo, no lo es tanto la alianza que en cascada se presupone entre la militancia del PSOE y la de Podemos. La desconfianza interna aumenta entre sectores de ambos partidos descontentos con el hermetismo con que Sánchez e Iglesias siguen fabricando, sin consultar más que a un férreo núcleo duro de extrema confianza, la repuesta a la crisis sanitaria, sus pactos parlamentarios y la confusa y contradictoria réplica a la recesión. El «blindaje» de la coalición, más endeble de lo que aparenta La coalición de Gobierno está «blindada», y ese es el mensaje que semanalmente emite Moncloa para tratar de minimizar cualquier episodio de crisis interna que se produzca, o para intentar reforzar a los ministros, independientemente de la magnitud de sus errores. Pero en sectores de la izquierda crece la sensación de que esa «alianza fingida», sostenida sobre una supuesta lealtad personal entre Sánchez e Iglesias y basada exclusivamente en una cuestión de supervivencia política, es tan artificial que ha empezado a resquebrajarse. Que es tan endeble, que en otoño podría dejar de ser sostenible en cuanto la recesión desnude una realidad difícilmente manejable en las calles. De ahí, que la interpretación de algunos movimientos tácticos de Pablo Iglesias genere serias dudas en ámbitos del PSOE sobre la consistencia real de la coalición. Hoy, Sánchez e Iglesias coinciden en un único objetivo: resulta esencial para los intereses de la izquierda, y para la estabilidad de la legislatura, proteger a sus «socios naturales» –ERC y PNV, fundamentalmente–, y acelerar el proceso de fragmentación ideológica de la sociedad. Nadie en el PSOE ni en Podemos ve como arrebato puntual el tono con que Iglesias enfoca sus enfrentamientos con la derecha. Iglesias necesita tanto al PP y a Vox para reafirmar su poder interno en Moncloa y para liderar a la izquierda en la calle, que no duda en hacer ostentación sobreactuada de ello. Objetivo: acelerar la ruptura ideológica en la sociedad Ese es el terreno donde Iglesias se maneja cómodamente. Aquel en el que el frentismo, la radicalidad de los mensajes de rencor a izquierda y derecha, el alejamiento de la moderación y la quiebra de la convivencia le permiten sacar rédito de la polarización extrema de la política. En las instituciones y en las calles… donde convenga en cada momento. Su discurso –avalado y permitido por Sánchez en esa estrategia común– no responde a una improvisación puntual o a un mal día en el escaño, sino a una táctica deliberada para generar una tensión social de la que conscientemente hace cómplice a la oposición. Es algo similar, pero elevado a la enésima potencia, a lo que José Luis Rodríguez Zapatero confesó en un micrófono indiscreto durante la campaña de las elecciones de 2008: «Necesitamos tensionar esto». Para Iglesias, es irrelevante quién tenga la culpa, quién haya empezado primero, quién «escrachea» más, quién provoca o quién responde… si la izquierda o la derecha. Es más una cuestión de fondo. Lo esencial no es quién cause esa irritación social vinculada al odio ideológico y a la propia incertidumbre en el futuro, sino que esa convulsión exista y adquiera vida propia al margen de los partidos porque eso es lo que le favorecerá, llegado el día, en las urnas. Y en el PSOE hay quien teme que el líder de Podemos haya tomado a Sánchez como rehén en este objetivo porque aumentará el riesgo de que el socialismo no salga bien parado.El discurso de Iglesias responde a una táctica deliberada para generar tensión social y odio ideológico, de la que hace cómplice a la oposición Patxi López exhibe la irritación del PSOE con Podemos El enfrentamiento protagonizado entre los «aliados» Patxi López y Enrique Santiago el pasado jueves en la «comisión de reconstrucción» del Congreso esconde más mar de fondo que una mera discusión puntual entre socios. Esconde una disonancia profunda entre el PSOE y Podemos. La «confesión» de López representa una discrepancia radical respecto a la pretensión de Sánchez e Iglesias de convertir la comisión en un foco de discordia y conflicto permanente. Patxi López seguirá presidiendo esa comisión junto a Santiago, pero ambos escenificaron en público la misma disonancia insalvable que Nadia Calviño y el propio Iglesias mantienen en privado… Es la misma rotura de fibras en el cuerpo de la coalición que ha empezado a debilitar a ministros como Salvador Illa, Fernando Grande-Marlaska, José Luis Ábalos, María Jesús Montero, Yolanda Díaz, Alberto Garzón o Manuel Castells. «Nadie sabe si Iglesias quiere irse o quedarse, pero manda» Aparentemente superada la fase más dramática de la gestión de la pandemia, Sánchez afronta tres riesgos que pondrán a prueba la supervivencia de la legislatura. Primero, la propia lealtad de Podemos, porque sectores del PSOE profundamente desconfiados sostienen que aún no han conseguido descifrar «si Iglesias quiere quedarse y apropiarse de Moncloa, o si por el contrario quiere irse y está preparando ya la coartada para salir del Gobierno» cuando la UE imponga sus condiciones para el rescate de nuestra economía, recortes severos, una drástica contención del gasto público, y una subida indiscriminada de impuestos. Es decir, cuando la izquierda ya no pueda rentabilizar el «ingreso mínimo vital», el aumento de la fiscalidad a las «grandes fortunas», o la «tasa Google». «Pero mandar, manda», sostienen.La «confesión» de Patxi López representa una discrepancia radical respecto a la pretensión de Sánchez e Iglesias de convertir la comisión en un foco de discordia y conflicto permanente «Sánchez ya no genera una confianza ciega en Europa» El segundo riesgo que Sánchez debe encarar es el de haber perdido aquel aura de joven valor en alza de la socialdemocracia, predestinado a resucitar a esa izquierda moderada que había perdido el «swing» en Europa. Además, Sánchez llegó a Europa con la fórmula para contener y reconducir al populismo de extrema izquierda que tanto miedo genera en sus instituciones. Hoy, en cambio, Sánchez ha perdido buena parte de su crédito en Bruselas y su Gobierno emite señales confusas sobre el futuro de la reforma laboral, sus pactos con Bildu, o las «nacionalizaciones» que ya ha invocado tres veces Iglesias en el Congreso. La incomodidad es notoria en ámbitos europeos, pero también del PSOE, donde apelan a que Sánchez prescinda de Iglesias e inicie un acercamiento sincero al PP para garantizar una «reconstrucción» real. O que, en su defecto, demandan a Sánchez que lo ate en corto para que el proyecto socialista no se diluya en Podemos. ¿Crisis de Gobierno en ciernes y reducción de carteras? El tercer desafío inminente del presidente del Gobierno no va a ser tanto dominar a Podemos –a lo que Sánchez parece haber renunciado–, como negociar unos presupuestos generales contra la mitad de su propio Gobierno, con socios no fiables, y con Europa al acecho de su dinero. Por eso ya hay en el PSOE quien «sotto voce» considera imprescindible una crisis de Gobierno en cuanto el control sanitario de la pandemia lo permita. El desgaste de algunos ministros se percibe irreversible. Incluso, algún dirigente socialista apela en privado a la conveniencia de reducir considerablemente el número de ministerios para hacer creíble la austeridad que se va a imponer en muchos millones de hogares a partir de septiembre. En este contexto de tensiones internas en el diseño presupuestario de la legislatura y de purgas en el propio Ejecutivo, la compatibilidad de Sánchez e Iglesias va a ser puesta a prueba. Y si hay algún mensaje «cristalino» que cada día lanza el líder de Podemos al presidente del Gobierno es que no es domesticable.
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Urkullu sortea la crisis y ensancha su mayoría con los socialistas
No hay rival que desafíe la hegemonía del PNV, que volverá a ganar con holgura las elecciones autonómicas del 12 de julio en el País Vasco. Ni siquiera la pandemia del coronavirus, que ha tenido en Vitoria uno de los epicentros más graves, erosiona el poder de Iñigo Urkullu, quien aspira a ensanchar la base de su Gobierno de coalición con el PSE. Según el barómetro de GAD3 para ABC sobre intención de voto, los nacionalistas vascos lo tienen fácil: crecerán entre dos y tres escaños (30-31), uno en cada provincia, y obtendrán el 40,4 por ciento de los apoyos. Sus aliados, los socialistas vascos, sumarán un asiento (10). Estos resultados permitirían a PNV y PSE disfrutar, esta vez sí,... Ver Más
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Ganarás según dónde teletrabajes
Si sigues trabajando desde tu casa en Silicon Valley, conservarás el sueldo, pero si te mudas a Arkansas perderás parte del salario porque, a partir del 2021, lo ajustaremos al nivel de vida de la región donde hayas elegido teletrabajar”. Este vino...
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Cayetana Álvarez de Toledo: «Iglesias busca consumar la obra ideológica de su padre: cargarse el orden democrático»
No es que Cayetana Álvarez de Toledo (Madrid, 1974) no se amilane ante los ataques de la izquierda más radical, es que considera que plantar cara es esencial para defender los valores constitucionales. En esta entrevista realizada tras su enfrentamiento dialéctico con el vicepresidente del Gobierno, la portavoz del PP no sólo no da un paso atrás, sino que explica por qué los defensores de lo que representó la Transición deben alzar la voz y profundizar en la batalla política y moral con la izquierda radical. ¿Está cómoda en esta situación? Sí, es mi obligación. No es una cuestión de comodidad. Atacarla por el título que ostenta forma parte del argumentario contra usted de la izquierda más primaria, y de algún grupo... Ver Más
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Barça y Madrid retomarán su pulso por la Liga y el Espanyol buscará salir del pozo
Restan once jornadas. Se jugarán al sprint, sin tregua, en 39 días entre el 11 de junio y el 19 de julio. Mañana los equipos ya podrán entrenarse al completo y la Liga, que publicará en breve sus horarios, volverá en menos de dos semanas. Con ella...
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El coronavirus equipara a España con Irán
Para quienes creían que la influencia de Podemos en el gobierno de España se limitaba a sus Ministerios, originalmente de muy escaso fuste, la crisis del coronavirus y cómo está siendo gestionada en la República Islámica del Irán nos da una idea del peso de Podemos en el Gobierno y las similitudes escalofriantes que hay entre el país que financió al partido de Iglesias y el país en el que ahora gobierna ese partido pro iraní. Podemos ha contagiado al Gobierno español de las formas de sus mentores iraníes. El primer y más notable paralelismo es cómo el régimen iraní ignoró los primeros avisos de la pandemia a pesar de las muertes que pronto llegaron. Y el segundo es la ocultación del número real de muertos. La cifra oficial con fecha de ayer era de 7.677. Pero el detallado estudio realizado por la Organización de los Muyahidines del Pueblo de Irán (PMOI por sus siglas en inglés) muestra que la cifra real está en el entorno de los 44.300 en 32 ciudades de las 31 provincias del país. Sólo en Teherán, la cifra de victimas de la pandemia fue de 6.400, la mayoría de las cuales fueron enterradas en el principal cementerio de la ciudad, Behesht-e Zahra. El director del Comité de Salud del ayuntamiento de Teherán, Nahid Khodakarami, declaraba el 14 de abril al diario estatal «Shargh» que el número de muertos diarios en la capital ha oscilado entre 70-100. Lo normal era enterrar en un día pre pandemia hasta 160 cadáveres. Durante la mayor parte de la pandemia han rondado los 300. Está claro que en España la ocultación no ha llegado a tanto. Pero que en una democracia occidental pueda haber un desfase de unas 16.000 personas en el número de muertos es inverosímil. Y que el portavoz gubernamental en la materia sea incapaz de dar una explicación comprensible nos pone exactamente a la altura de la teocracia iraní. El presidente iraní, Hasán Rohaní mantiene que el virus fue descubierto el 17 de febrero y se informó a la población al día siguiente. Pero una docena de documentos de la Organización Nacional de Emergencias hechos públicos por la PMOI demuestran que tenían conocimiento al menos desde el 25 de enero. Tres semanas en una pandemia como ésta es mucho tiempo. Sucede además, que después de los levantamientos del año pasado, el régimen tenía especial interés en celebrar el 11 de febrero el aniversario de la revolución jomeinista de 1979. Y ya sabemos que los podemitas y sus mentores dan prioridad a sus manifestaciones sobre cualquier otra consideración. ¿Por qué será que al leer esto me acordé del 8-M? De hecho intentaron prorrogar el ocultamiento hasta el 21 de febrero, fecha de sus pseudoelecciones parlamentarias, pero la dimensión de la pandemia lo hizo imposible. Por otra parte, desde que el virus fue identificado a final de enero y mientras los iraníes morían a cientos, la línea aérea Mahan, controlada por los Guardianes de la Revolución Islámica, siguió volando a las principales ciudades chinas: 55 vuelos. Y después de que se prohibieran los vuelos allí se hicieron al menos otros cinco con la excusa de llevar ayuda humanitaria. Lo que resulta inverosímil pues se emplearon aviones de pasajeros. Los podemitas volverán con la cantilena de que los datos de la PMOI son inválidos por ser una organización terrorista. Falso. Esta organización participó en la revolución que derrocó al Sha en 1979 y había sido antes su oposición más activa. Es cierto que en la década de 1980 el régimen iraní logró poner a la PMOI en la lista de organizaciones terroristas de muchos países, pero tanto la UE en 2009 como Estados Unidos y Canadá en 2012 retiraron a la organización esa consideración. Pero claro, para Podemos un partido que promueve la libertad y un Irán democrático es una amenaza. Por eso da igual que el número de muertos iraníes sea seis veces mayor que el reconocido. A podemos hay muchos muertos que le dan igual. No sólo en Irán.
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Las angustias de los más pequeños
El Centre Socieducatiu Poblenou es uno de los 28 que están adheridos a la Fundació Pere Tarrés y por primera vez desde que se inauguraron las reformas en noviembre del 2016 ha tenido que cerrar sus puertas por el coronavirus. Pero la actividad no ha...
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Hong Kong se resiste a ser como la China de Xi Jinping y hoy regresa a las calles
Como centro financiero global y meca del capitalismo, Hong Kong era una de las ciudades más prósperas, seguras, eficientes, vibrantes y libres de la Tierra. Con más de 1.200 rascacielos, esta espectacular megalópolis celebraba cada año un sinfín de congresos y exposiciones y en 2018 atrajo a 65 millones de turistas. Cuatro de cada cinco venían de China continental para gastarse un dineral en sus restaurantes y «boutiques» de marca, que copaban el 5 por ciento de las ventas de lujo en todo el mundo. Pero Hong Kong lleva un año sumido en una agitación social que venía de antes y ya había hundido el turismo y la economía antes de que el coronavirus le diera la puntilla. Con permiso de Vargas Llosa, «¿cuándo se jodió el Perú?». En la memoria colectiva aparece un año, 2012, a partir del cual las cosas empiezan a torcerse. Curiosamente, o no, es el mismo en que Xi Jinping sucede a Hu Jintao, primero como secretario general del Partido Comunista y, al año siguiente, como presidente de China. Justo antes del primer relevo, las masivas protestas estudiantiles contra una ley de educación patriótica que quería imponer Pekín obligaron finalmente a retirarla en el verano de 2012. En el año más duro tras la «Gran Recesión» de 2008, que agravó las desigualdades que sufre esta ciudad con la vivienda más cara del mundo, nació una generación de jóvenes muy comprometidos políticamente. Tras este éxito inicial, la promesa incumplida del sufragio universal desató la Revuelta de los Paraguas en el otoño de 2014, cuando los manifestantes bloquearon durante casi tres meses tres puntos neurálgicos. Aquella protesta fracasó cuando sus campamentos fueron levantados por la Policía y sus cabecillas condenados por los tribunales. «¡Volveremos!», prometieron mientras se apagaba la llama del descontento sin haber logrado sus objetivos. Pedían pleno sufragio universal para elegir al jefe ejecutivo de Hong Kong, escogido por un comité afín a Pekín, y libre presentación de candidatos, ya que el régimen solo permitía una terna de aspirantes filtrados para no perder el control de la ciudad. Tras un lustro de relativa calma, en la que continuó la siempre problemática inmigración de chinos del continente y se acrecentó el control de Pekín con el «secuestro» de los libreros críticos, el malestar volvió a estallar hace un año. Una polémica ley de extradición a China sacó a millones de personas a las calles en las manifestaciones más multitudinarias que se recuerdan en la excolonia británica. Aunque empezaron de forma pacífica y con el civismo de los hongkoneses por bandera, desembocaron en una violencia nunca vista en la ciudad. Desde la toma del Parlamento local el 1 de julio, aniversario de la devolución a China, una «guerrilla urbana» formada sobre todo por jóvenes tomó por costumbre enfrentarse cada fin de semana con la Policía. Cuando la ley de extradición fue retirada en septiembre, era tarde. Con batallas campales que dejaron dos muertos, un hombre quemado vivo, 8.500 detenidos y una sociedad polarizada, las protestas se pararon con la epidemia del coronavirus. Como todo. Pero su control y el anuncio de China de una Ley de Seguridad Nacional, que penará la subversión, la secesión, el terrorismo y las injerencias extranjeras, las han reactivado con la misma fuerza que antes. Dentro de esta vorágine «acción-reacción», Pekín se ha saltado al Parlamento de Hong Kong para imponerla directamente en su Ley Básica, mini-Constitución de la ciudad. Tan controvertida decisión ha encontrado una fuerte oposición social y el rechazo internacional por considerarla una violación del principio «un país, dos sistemas», que otorga al antiguo enclave británico autonomía y más libertades de las que tiene el resto de China. Dicho principio, piedra angular de la Declaración Conjunta Sino-Británica suscrita en 1984 para acordar la devolución en 1997, está vigente cincuenta años. Bajo el autoritarismo de Xi Jinping, que persigue con dureza a los disidentes y aspira a perpetuarse en el poder, Pekín parece haber perdido la paciencia y no esperará hasta 2047 para la integración completa de Hong Kong en China. Con esta Ley de Seguridad Nacional no solo pretende aplastar la revuelta, sino mantener el control de la ciudad ante la previsible victoria de la oposición demócrata en las elecciones de septiembre al Parlamento autónomo. Espoleado por las protestas, su arrollador triunfo en los comicios municipales de noviembre augura un vuelco en el Consejo Legislativo (Legco), que podría bloquear al Gobierno local y volverse intratable como se ha visto en los últimos enfrentamientos entre sus diputados. «Quieren un control administrativo total: establecer oficinas y agencias (de la seguridad pública) en Hong Kong. Enviarán cuadros del Partido Comunista para supervisar al ejecutivo, al legislativo y al judicial. Es solo el principio», alertó el viernes el veterano líder demócrata Martin Lee. La marcha convocada para hoy en recuerdo de la matanza de Tiananmen volverá a encender el conflicto.
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Siete muertos en un tiroteo en una sala de fiestas de Veracruz, México
Al menos siete personas fallecieron y dos resultaron heridas la noche del viernes en México durante un tiroteo en el pequeño municipio de Tierra Blanca, en el occidental estado de Veracruz. El crimen ocurrió en el salón de eventos «YemanYA» mientras se celebraba una fiesta que había sido organizada por el medio de comunicación local «El Sol de Tierra Blanca». Entre las víctimas se encuentra Francisco Navarrete Serna, director de «El Sol de Tierra Blanca» y quien era conocido por ser presuntamente el líder regional del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), según medios de comunicación veracruzanos. El CJNG es uno de los cárteles más importantes poderosos de México y es dirigido por Nemesio Osguera Cervantes, alias «El Mencho». El tiroteo ocurrió sobre la media noche, cuando un comando entró en la sala de fiestas mientras una banda musical tocaba en directo. En un vídeo subido a redes sociales, donde se transmitía el concierto en directo, se puede ver a Navarrete Serna cantando con la banda cuando, tras escuchar una detonación, saca un objeto del cinturón —aparentemente una pistola— y corre afuera del escenario. El vídeo se corta en ese instante. <blockquote class="twitter-tweet"><p lang="es" dir="ltr">Tierra Blanca <a href="https://t.co/CbKCKuAPWO">pic.twitter.com/CbKCKuAPWO</a></p>— MarioAndrésLanderos (@AndresLanderos) <a href="https://twitter.com/AndresLanderos/status/1266605968210694144?ref_src=twsrc%5Etfw">May 30, 2020</a></blockquote> <script async src="https://platform.twitter.com/widgets.js" charset="utf-8"></script> De acuerdo con los primeros informes, el grupo armado disparó indiscriminadamente contra los presentes. Además del director de «El Sol de Tierra Blanca», otras víctimas fueron dos de los músicos y un técnico de sonido. Navarrete Serna también era conocido en la zona por haber participado en 2016 en la desaparición y asesinato de cinco jóvenes. Ese mismo año fue detenido y condenado por ese crimen, en el que la fiscalía le acusaba de ser integrante del CJNG. Veracruz es uno de los Estados más peligrosos de México. Esta región acumula un total de 678 homicidios dolosos entre enero y abril de este año, cifra que representa un 7% de los 9.751 que han ocurrido en los 32 Estados que componen el país durante el mismo periodo.
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