The Lumineers vuelven más familiares y oscuros en su nuevo disco, «III»

«No son las palabras que dices, sino cómo las dices». Es la primera frase de «Donna», la canción que inaugura «III», el nuevo álbum de estudio que la banda estadounidense de folk rock The Lumineers publica hoy y presentará en el WiZink Center de Madrid el próximo 2 de noviembre. Es su tercer trabajo tras lanzar en 2012 su primer disco, de título homónimo, y «Cleopatra», en 2016. Podría ser también una pullita velada hacia aquellos que canturreaban sin mucha atención sus anteriores temas. «Muchas de esas canciones eran, en secreto, oscuras; pero a veces sonaban más alegres de lo que eran. Mucho de ello tiene que ver con las letras», cuenta en conversación telefónica a ABC su vocalista principal y guitarrista, Wesley Schultz (1982), natural de Ramsey (Nueva Jersey, Estados Unidos), donde conoció al cofundador de la banda, Jeremiah Fraites. El ejemplo más claro fue «Ho Hey», aquel pegadizo himno de 2012 sobre una ruptura sentimental que, sin embargo, «se convirtió en el baile de boda de muchas personas». Schultz tiene su propia teoría: «Simplemente oían el sonido y hacían suya la canción». Ocurre lo mismo con la marchosa «Gloria», tercera pista y primer nombre que aparece en «III»; los otros dos son Junior y Jimmy Sparks. «Es un álbum sobre tres miembros de una familia. El foco está puesto en cuando alguien de tu familia está luchando contra un demonio personal», explica Schult z , en alusión a la adicción al alcohol o a las apuestas. El álbum está dividido en tres capítulos; cada uno, de tres canciones, dedicado a una generación de la familia Sparks: abuela, hijo y nieto. Wesley y «Jer» —como le llama el entrevistado— empezaron a rumiar la idea de escribir un álbum en fascículos hace más de una década. Fue un largo parto: primero llegaron las canciones y después se dieron cuenta de que tenían «a los personajes en su sitio, especialmente a Gloria y a Jimmy Sparks». «Me gusta, sobre todo, escribir personajes que realmente tengan sentido», detalla. El primer título que barajaron fue el más explícito «Amor, pérdida y delitos». Este descenso por dicho árbol genealógico les ha permitido jugar con lo audiovisual. En la línea de otros compañeros de profesión («I Am Easy to Find», de The National), han grabado un videoclip por cada canción cuyo conjunto es un cortometraje dirigido por el director de cine Kevin Phillips. «Siempre nos han interesado los sonidos muy cinematográficos, pero nunca habíamos podido hacerlo a este nivel. Entre el anterior álbum y este, empecé a darme cuenta de que solía ver vídeos y no siempre los escuchaba necesariamente», reconoce Schultz, que compara el «reinado» actual de YouTube con el de MTV antaño. Su intención era que, al ver los vídeos, sus fans no pudieran sacarse las imágenes de la cabeza: «Había una historia que contar, pero a veces la gente no se da cuenta, por lo que tienes que darle vida en pantalla», explica. Para mayor familiaridad, Schultz y Fraites fueron padres durante la escritura y grabación del nuevo disco. «De algún modo, daba miedo porque estábamos muy acostumbrados a no tener hijos y simplemente ir por nuestra cuenta y escribir un montón», recuerda el vocalista, que reconoce utilizar la música como «un terapeuta gratis». «Creo que hemos hecho el mejor disco hasta la fecha bajo circunstancias, como tener un hijo, que creerías que serían caóticas y demenciales, pero fue realmente precioso», continúa. El sombrero de Tom Petty Con menos de diez años, Schultz apareció fugazmente en un reportaje de «The New York Times». En él, ya contaba con ser «artista» y presumía de bienpinta r. «Creía que era bueno, pero no lo era», reconoce ahora. En aquella época se «hiperinteresaba» por todo: la música, la cocina, la poesía… Pero, con 14-15 años, todo cuadró al ver actuar a Tom Pe tty y un detalle se agarró a su memoria: «Me enseñó que un pequeño gesto podría tener un gran impacto». Durante una canción, el líder de los Heartbreakers sacó un sombrero de una caja —sobre el escenario— y se lo puso hasta el final de la misma, cuando volvió a guardarlo en la caja. Comprendió entonces que un concierto era algo más que cantar delante de los fans: era un «show». Décadas después compartiría escenario con Petty e incluso elegiría su canción «Walls» para su propia boda.
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