Herramientas
Cambiar el país:
Estilo
Estilo
Antonio Cánovas del Castillo: el modistoespañol que ganó un Oscar
Noviembre de 1936, Madrid se encuentra asediada por el ejército franquista. Desde hace meses España está inmersa en la Guerra Civil. En las calles de la capital se libra una batalla sin descanso. Jesús Cánovas del Castillo, diputado a Cortes por la CEDA forma parte de una de las ‘sacas’ que traslada a los presos de las cárceles madrileñas hacia zonas de trabajo, pero su autobús, al igual que otros, es desviado hacia Paracuellos del Jarama, donde en la mañana del 7 de noviembre es fusilado. Corrió la misma suerte que otros 2.000 represaliados por las fuerzas republicanas, incluido su hijo Carlos, que con tan solo 17 años fue asesinado el 4 de noviembre en la checa de Fomento. Su otro hijo, Antonio, consigue escapar. Elizabeth Taylor, 1958, a su llegada a la fiesta de la colonia americana en París con un vestido de la colección de Lanvin/Castillo - ABC Antonio Cánovas del Castillo y Rey había nacido el 13 de diciembre de 1908 en el seno de una familia vinculada a la política y a las artes. No solo su padre, también su abuelo paterno, Emilio Cánovas del Castillo, fue senador del Reino y gobernador del Banco Hipotecario, y su tío abuelo, Antonio Cánovas del Castillo, presidente del Consejo de Ministros. Él inició la carrera diplomática, pero fueron las bellas artes y la situación política de España las que lo hicieron cambiar de rumbo y trasladarse a París, donde ese 7 de noviembre, con tan solo 28 años, se quedaría huérfano, sin dinero y sin posibilidad de regresar a su país. Gracias a sus dotes artísticas consiguió ganarse la vida en la Ciudad de la Luz elaborando bocetos de joyas, vestidos y pañuelos. París se convirtió en su refugio al igual que lo fue para muchos de nuestros más emblemáticos diseñadores y artistas que allí se exiliaron, entre ellos el maestro de los maestros, Cristóbal Balenciaga. Es la diseñadora italiana Elsa Schiaparelli quien primero se fija en él y le propone trabajar para su casa de moda. Pese a no durar demasiado, de la que es considerada la diseñadora emblema de la modernidad Antonio aprendió el arte de los desfiles, pues es a ella a quien debemos ese evento concebido como un espectáculo. Sin embargo, un nuevo camino se le presentó al español: la Casa Chanel, donde permaneció tres años. Una firma que admiraba y reconocía como signo de elegancia y de la que casi siempre vestía la que sería su musa, Gloria Guiness. No sería hasta que empieza a trabajar en la Casa Piguet cuando logra dar el salto y presenta su primera colección de trajes, sustituyendo en 1941 a Christian Dior, que había sido llamado a filas por la II Guerra Mundial. Pese a que ahora solo reconocemos esta firma como una casa de grandes fragancias, en Piguet hicieron sus primeros pinitos nombres tan importantes de la moda como el ya mencionado Dior y Givenchy. Una casa que funcionó hasta 1951. Elizabeth Arden, quien hizo que Castillo se traslade a Nueva York en 1945 - ABC Cánovas del Castillo parece haber tomado entonces la impronta de ir sustituyendo a grandes modistos españoles en París. En 1942 toma el relevo de Ana de Pombo en la Casa Paguin. Pero vuelve a ser por un reducido tiempo, hasta 1945, cuando la gran Elizabeth Arden le hace saltar el océano para instalarse por cinco años en Nueva York y hacerse cargo como director del departamento de Costura de esta floreciente marca de cosmética. La rica empresaria canadiense –en ese momento es considerada la mujer más adinerada del mundo- es la que convierte al modisto español en referencia de la moda de todo el mundo. Solo tres años más tarde ya se había hecho con el Neiman Marcus Award, uno de los premios más afamados en diseño, y como parece que seguía la estela de Christian Dior se alzó con el galardón solo un año después que éste. Marie Blance, condesa de Polignac, junto al diseñador, en la Ópera de París en 1962 - ABC Pero si hay una firma que se asocia realmente con el diseñador madrileño es la Casa Lanvin. Cuando murió la fundadora, Jeanne Lanvin, su hija, la pianista Marie Blanche, condesa de Polignac, hace su gran apuesta por Antonio Cánovas del Castillo para salvar la casa que lleva tres años sin una gran dirección. Castillo sitúa al atelier donde debía, en lo más alto de la costura parisina. Pero no sin exigencias, como ser el primer y único diseñador al que se le permite incluir su nombre en las etiquetas de la firma. Así, podía leerse Lanvin y debajo Castillo. Por esta casa de costura empiezan a desfilar jóvenes diseñadores que luego tendrían fama internacional. Todos bajo la dirección de Castillo. Le asiste el modisto Dominic Toubeix y Philippe Guilbourge. Posteriormente, un joven Óscar de la Renta, que había empezado con Balenciaga, pero que como él mismo reconoció: «Realmente aprendí el oficio con Castillo». Pero la casa Lanvin se había convertido en un castillo de naipes a punto de venirse abajo cuando muere Marie y las desavenencias se hacen cada vez más palpables entre el diseñador y los nuevos dueños. El modisto, a la derecha, junto a Conchita Montes y Luis Escobar, en 1972, cuando ya había regresado a España - ABC Es el momento de apostar y crear su propia firma, a la que bautizó Castillo. Financiada por su musa Gloria Guiness, la mexicana considerada en aquel momento la mujer más elegante del mundo, en 1963 abre sus puertas en París. El creador cuenta para ello con la ayuda del diseñador francés Henri Laurenti y con Francisco Delgado. Llegan a crear, según cuenta la restauradora del Museo del Traje de Madrid Carmen Herranz, hasta tres talleres. Uno de ellos, el que se le llaman 'Flou', es decir, clásico, dirigido por Cánovas. Castillo, junto a su perro, en su casa de París, en 1965 - ABC La casa duraría poco más de cuatro año, durante los cuales presentó ocho colecciones hasta la de otoño-invierno 1967/68, todas con una gran repercusión mundial. Unas colecciones que se caracterizaron por el diseño perfilado de los hombros, las siluetas rectilíneas y la utilización de los corpiños, esto último muy de la casa Lanvin. En sus colecciones nunca faltaba el traje corto, por debajo de las rodillas, por supuesto, de encaje, su 'leit motiv'. Su carácter hispano estaba reflejado en sus prendas, inspiradas en la pintura española, especialmente en Velázquez. Hombre de gran temperamento y carácter, vestido siempre con traje y corbata, sombrero, bastón en una mano y en la otra un cigarrillo, se negó a formar parte de la nueva ola que se empezaba a formar, el 'prêt-à-porter', y al igual que Balenciaga tuvo que cerrar en 1968 porque lo que ahora primaba era la boutique, algo que no iba con ninguno de los dos. Ellos eran diseñadores de alta costura. Sarah Saint Hubert, con un abrigo de lana de cuadros blancos y negros de Lanvin/Castillo en 1962 - ABC Amante de las artes escénicas Eso no significa que dejara de crear, pues como apasionado del teatro y gracias a su joven asistente Pierre Cardin, diseñó el vestuario de la película de Jean Cocteau 'La belle et la bête', además de colaborar con el Metropolitan Opera de Nueva York hasta 1952. Ese trabajo le hizo ganar un Oscar, en 1972, al Mejor Vestuario, por la película de Franklin J. Schaffer, 'Nicolás y Alejandra'. El final de sus días los pasó en Madrid, donde falleció el 13 de mayo de 1984, dejando uno de sus últimos trabajos en la capital, concretamente para la Compañía Nacional de Teatro que dirigía en aquel momento Adolfo Marsillach. Un espléndido diseñador del que apenas hemos tenido referencia porque todo su trabajo lo hizo fuera de nuestras fronteras, en París y Nueva York, y porque la sombra de Cristóbal Balenciaga era demasiado alargada, aunque él nunca renunció a sus orígenes.
2 h
abc.es