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Reino Unido dará 28 días a los ciudadanos de la UE para pedir la residencia si no lo han hecho
El Gobierno británico ha dicho que decenas de miles de ciudadanos de la Unión Europea (UE) que viven en Reino Unido que, si en una semana no han solicitado su estatus de residente pos-Brexit, recibirán un aviso formal de que tienen 28 días para presentar la solicitud o se arriesgarán a sufrir consecuencias, entre las que figuran perder sus derechos a la asistencia sanitaria y al empleo.A una semana del miércoles 30 de junio, cuando se cumple el plazo del programa de asentamiento para ciudadanos de la UE, el Ministerio del Interior británico está redoblando los esfuerzos para llegar a aquellas personas que no se han enterado del cambio en las leyes, incluidos grupos vulnerables como el formado por las personas mayores y los niños tutelados.Kevin Foster, secretario de Estado de Inmigración, ha dicho que pese al enorme aumento en el número de solicitudes (reciben entre 10.000 y 12.000 por día), se ha descartado ampliar el plazo. "Sencillamente, ampliar el plazo no es la solución para llegar a las personas que aún no lo han solicitado, simplemente volveríamos a encontrarnos en una posición más adelante en la que se nos pediría ampliarlo de nuevo, creando más incertidumbre".No obstante, también ha dicho que el 1 de julio no se interrumpirán las prestaciones sociales de los ciudadanos de la UE que no hayan presentado su solicitud en el plazo previsto. También prometió que el Ministerio de Interior será flexible e indulgente.El Ministerio de Interior ha recibido 5,6 millones de solicitudes de ciudadanos de la UE para obtener el estatus de residencia, algunas de ellas repetidas. Las autoridades hablan de un retraso de unas 400.000 solicitudes, cuya tramitación podría llevar hasta el final del verano. El número de teléfono de ayuda ha recibido 1,5 millones de llamadas y en el formulario de contacto de Internet hubo medio millón de solicitudes, lo que habla de la magnitud sin precedentes de la operación y de las dificultades a las que se enfrentan muchas personas.Con el objetivo de dar cabida a todos los que no hayan recibido en meses una respuesta a su petición, Foster dice que los solicitantes podrán usar un “certificado de solicitud” emitido por el Gobierno “como prueba para mantener su derecho al trabajo o al alquiler". También podrán usarlo para acceder al sistema sanitario [NHS, por sus siglas en inglés]. "La gente no perderá sus prestaciones la próxima semana", ha dicho el secretario de Estado en la Cámara de los Lores ante los miembros de una comisión.El Ministerio de Interior comunicó durante una rueda de prensa el martes que, en lugar de proceder a la deportación, seguirá cada caso particular para averiguar las razones de las personas que no están presentando su solicitud. "Montaremos un servicio de asistencia y orientaremos a las personas para que presenten la solicitud, pero entendemos que podría haber algunas personas que tras esos 28 días todavía no habrán podido presentar una solicitud, y entonces creo que querremos trabajar junto a ellos para entender a qué se debe, y luego volver a ayudarlos para que presenten la solicitud", dijo un responsable.Interior ha confirmado que si, transcurridos 28 días, una persona no ha presentado su solicitud, "puede ser objeto de una acción coercitiva y no podrá optar a trabajo, prestaciones o servicios". Y añade: "La decisión de tomar estas medidas se tomará de acuerdo con las directrices de la política de inmigración relativas a los infractores de la ley de inmigración y tras una cuidadosa evaluación de las circunstancias del individuo".No se espera que esta flexibilidad se convierta en el criterio permanente. Según las normas de inmigración, los ciudadanos de la UE que presenten su solicitud fuera de plazo tendrán que aportar "motivos razonables" que expliquen por qué no lo hicieron. Entre los que recibirán ese aviso formal de 28 días hay ciudadanos de la UE que no puedan demostrar su derecho a trabajar y que podrán ser identificados por los equipos de inmigración que realizan controles a los empleadores.El Ministerio de Interior dice que el NHS seguirá a disposición de los que presenten un certificado de solicitud y que nunca denegarán "tratamientos de urgencia". También enviaron un aviso a empleadores y propietarios: no deben hacer controles retrospectivos de sus trabajadores o inquilinos; y podrían ser acusados de discriminación si rechazan a futuros trabajadores o inquilinos por no tener aún el estatus oficial de residente pos-Brexit.Las nuevas normas se introdujeron a raíz de la salida de Reino Unido de la UE y están diseñadas para proteger a las personas que vivían en Reino Unido cuando el Brexit entró en vigor, el 1 de enero de 2021, así como a los ciudadanos británicos que se habían establecido en la UE antes de esa fecha.El Ministerio de Interior dice estar preocupado por la posibilidad de que ciudadanos británicos viviendo en algunos países de la UE, como Bulgaria, Italia y Portugal, tuvieran problemas derivados de los derechos recíprocos de residencia, y que así se lo habían expuesto el martes al embajador de la UE. La política del Gobierno británico se explica en parte por la promesa del Brexit de "recuperar el control" de las fronteras y reducir la inmigración.Traducido por Francisco de Zárate.
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'Volunturismo': ir de voluntaria a África y descubrir que perjudicas más que ayudas
Siete años atrás, Pippa Biddle escribió en su blog un post sobre su experiencia como voluntaria en el extranjero. En él contaba sus dificultades para hablar en español a niños con VIH en República Dominicana y cómo los lugareños en Tanzania pasaban toda la noche rehaciendo las construcciones defectuosas que ella y sus compañeros de clase habían hecho."Participar en proyectos de ayuda humanitaria donde no eres particularmente útil no es beneficioso", escribió. "Es perjudicial".El post, que alcanzó más de dos millones de visitas, impactó entre un movimiento de personas que se sentían igualmente intranquilas respecto al número creciente de voluntarios no cualificados en orfanatos, escuelas y hospitales alrededor del mundo.En aquel entonces, Biddle tenía 21 años y sabía poco sobre el tema más allá de sus propias experiencias. "Creí que había inventado el término 'volunturismo'. No sabía que era una palabra que la gente usaba". La respuesta alentó a Biddle a investigar sobre el turismo de voluntariado y las maneras en las que ha dañado y continúa dañando a las personas que pretende ayudar, lo que le llevó a escribir su libro 'Ours to Explore: Privilege, Power, and the Paradox of Voluntourism' ('Lo nuestro por explorar: Privilegio, poder y la paradoja del volunturismo').Antes de la pandemia, el turismo de voluntariado era una industria en crecimiento. La cifra anual de participantes de voluntariados en el extranjero rondaba los 10 millones. Los 'volunturistas' se gastaron 1.450 millones de euros en sus viajes durante 2019. Si bien los perfiles y las actividades varían, el turismo de voluntariado está compuesto en gran parte por voluntarios jóvenes, no cualificados y, por lo general, blancos, que pasan estadías breves en comunidades vulnerables.Los críticos dicen que el turismo de voluntariado transforma la pobreza en una atracción turística, en la que los visitantes desean ver sin involucrarse de manera significativa en ella. Los turistas-voluntarios pueden, sin darse cuenta, exacerbar los problemas que buscan combatir, quitando puestos de trabajo a residentes locales, afectando el desarrollo psicológico de niños y reforzando los estereotipos denigrantes sobre las comunidades pobres en los países en vías de desarrollo.Biddle dedica varios capítulos a estudiar cómo el trabajo voluntario con niños (una de las actividades más populares en este tipo de viajes) puede ser dañino para su bienestar y desarrollo. Por ejemplo, el turismo asociado a actividades humanitarias ha aumentado la demanda de niños en orfanatos,. Algunos centros de atención de menores ofrecen dinero a sus padres para reclutarlos, lo que ha provocado la separación de familias. Muchas organizaciones no evalúan a los voluntarios, por lo que los niños resultan expuestos a situaciones de peligro en lugares con inadecuados procedimientos de protección. La rotación constante de voluntarios puede causarles trastornos de apego y afectar a su desarrollo psicológico.El libro expone lo que sucede cuando voluntarios no cualificados tienen que enfrentarse a situaciones para las que no están formados, como el caso de un joven voluntario médico que se desmayó durante una cirugía.Las historias de Biddle sugieren que la industria está construida con el objetivo de satisfacer las necesidades de los voluntarios, pero no las de las comunidades. El problema no es simplemente que los voluntarios no estén formados para estas actividades, sino que el negocio en su totalidad parece ser una extensión de la mentalidad colonial y de las estructuras coloniales de poder económico y político.Biddle dice que no quiere demonizar a los voluntarios, pero espera poner luz sobre estos problemas. Según explica, la historia del turismo de voluntariado cuenta con "demasiados casos" en los que los occidentales deciden en qué consiste la ayuda, mientras demasiadas comunidades luchan por que sus voces sean escuchadas.Para aquellos familiarizados con el turismo voluntario o la ayuda humanitaria, estos argumentos no son nuevos, pero Biddle busca generar un debate más accesible para principiantes.Las experiencias interculturales pueden ser más útiles para voluntarios y comunidades si estas incluyen formación sobre colonialismo, ayuda humanitaria y privilegio, indica el libro. Con esa finalidad, Biddle propone posibles soluciones, como sistemas de certificación para las organizaciones de voluntariado y mejoras en las leyes de protección del menor. La autora defiende que, como mujer blanca que ha cometido sus propios errores, no depende de ella decidir cómo se deben crear proyectos de voluntariado más responsables: "La conversación debería ser dirigida por las comunidades afectadas por esta cuestión".Desde el post de Biddle en 2014, han surgido campañas como Barbie Savior y No White Saviors, que piden nuevos enfoques en los proyectos y campañas de organizaciones de ayuda humanitaria y voluntarios.Sin embargo, según Biddle, el sector del turismo de voluntariado sigue funcionando sin que se produzca un cambio sistémico. "Cada año hay millones de personas que piensan que es correcto pagar por estar con niños vulnerables, y después difundir imágenes de ellos en internet. Esto no solo se considera aceptable, sino valiente".Biddle espera que sus experiencias prevengan que la gente cometa los mismos errores. "No hagáis como nosotros pero, por favor, aprended de ello".Traducción de Julián Cnochaert
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