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Hay guerra desde el lunes
La guerra estalló el pasado lunes. Increíblemente, se pueden contar las cosas así. Israel y Palestina viven inmersos en una violencia cíclica que el lunes estalló de nuevo. Por el futuro de Jerusalén. Esa ciudad increíble sobre la que todos opinan y que todos calientan, pero que no hemos sabido entender en su complejidad, sus contradicciones y su ejemplo de resistencia. Yo he estado en Jerusalén. Es una ciudad que adoro. Tiene algo imponente que lo ocupa todo. Es realmente cuna de muchas de las cosas que hoy somos. Y en Jerusalén el lunes estalló una guerra. Que es una frase tremenda pero cierta. Estuve en la ciudad hace un tiempo para hablar con activistas de ambos lados que trabajaran para solucionar el conflicto. Me admiró su resistencia y su capacidad de comprensión. Crucé a Palestina, pinté el muro y regresé horrorizada. Niños y niñas de 15 años que no salen de un espacio de 15 kilómetros cuadrados. Tabiques con ruedas que van estrechando, cercando, a una población agónica. Mujeres de ambos lados de la frontera móvil que no quieren que sus hijos e hijas vayan a la guerra. ¿Sabemos suficiente? En ocasiones, la única manera de evitar el servicio militar obligatorio es participar en un asentamiento. Es de las pocas cosas que libra a los jóvenes de luchar y/o morir. La verdad: no sabemos suficiente sobre lo que está pasando en esa zona inagotable del mundo y por qué. No sabemos suficientes de las (muchas) divisiones internas y las voces que se alzan para detener la violencia en todos los rincones de los dos países. Hemos cometido la brutalidad de utilizar la palabra nazi para hablar de los perpetradores de un apartheid brutal. Vemos al pueblo judío como víctimas del holocausto sin destacar todos los esfuerzos que ha hecho para entenderlo, para superarlo, para explicarlo y tratar que no se repita. Y a menudo no queremos escuchar nada porque lo resumimos diciendo barbaridades tan, tan impunes, como que "Israel está haciendo con Palestina lo que Alemania hizo con los judíos". ¿En serio? ¿Eso es todo lo que sabemos hacer para detener un conflicto que cala tan profundo que no sabemos si encontraremos en algún momento las raíces? ¿Tan poco podemos acompañar a todas las personas que tratan de detenerlo? Por lo visto sí. Por lo visto nos solidarizamos más con unos muertos que con otros (de ambos lados, no estoy diferenciando). Lo resumía el escritor David Aliaga en twitter: "Vaya papelón están haciendo esos cuya única respuesta a lo que está pasando estos días en #Israel es agitar una bandera. Mi bandera son los que están muertos y heridos, y no deberían estarlo; a los cadáveres no les pido pasaporte, ni confesión." Y sí. Esto no es Hollywood. De modo que al decir bandera puede verse cualquier cosa. No lo hace.Muchas veces entiendo que ideológicamente nos pongamos del lado de las víctimas constantes del poder gubernamental y no de las de los impactos de bala. Pero es una reflexión absurda e inerte. Hay voces disidentes en ambos lados y, de hecho, los lados no son tan estrictos. Resulta evidente, imprescindible y justo defender a las víctimas del apartheid. Tenemos que hablar con Palestina y por Palestina. Y sí, tenemos que leer a la extraordinaria poeta Rafeeh Ziadah cuyo grito surge desde Gaza. Pero también necesitamos leer a Etgar Keret y su percepción de un país que no deberíamos tratar, impunemente, de resumir. Tenemos que conocer a las mujeres de negro que cada viernes ocupan carreteras israelís pidiendo que no manden a sus hijas e hijos a la guerra. Y necesitamos también conocer a la juventud israelí que vigila las fronteras para valorar el trato que reciben las palestinas y los palestinos. Espantoso, sin duda. Pero que conste que hay alguien reportándolo, guardando memoria, todavía escandalizándose (y que conste que ese es el único camino). Porque no son bloques, no es Israel contra Palestina. Sino una idea del mundo contra otra. Sin duda lo que ocurre es mucho más complejo. La situación en Palestina es desesperada. Recuerdo que cuando ofrecí mi ayuda con proyectos de activismo me propusieron hacer una oficina móvil en un coche porque la situación cíclica puede estallar en cualquier momento. Sé de madres israelís que se plantean vivir en un asentamiento (que ideológicamente no respetan) con tal de no mandar a hijas e hijos a la guerra. Sé de gente que se ha ido del país cuando a su hija de 16 años la han comenzado a obligar a aprender sobre las armas en la escuela. Y conozco víctimas del terrorismo de Hamás en Israel, víctimas del terrorismo y las bombas, gente que sufre. Porque finalmente se resume a eso: la gente que sufre. He escuchado sirenas de alerta en las universidades de Jerusalén que hacen que jóvenes muy jóvenes convivan con la amenaza con una naturalidad desgarradora. Y es cierto, las palestinas y palestinos apenas pueden defenderse. En ocasiones tienen un permiso para estar en Jerusalén (que no en Israel) y nada más. Muchas de ellas, de ellos, tienen un permiso de residencia jordano que no les permite salir del encierro que es su país: que ya no aparece en Google Maps como un país, que advierte de que es zona de peligro en la frontera (con cárteles fijos, sin esperanza), que está lleno de personas injustamente tratadas y desesperadas, que rompe, de verdad, con el corazón en la mano, rompe.Palestina es un país efervescente y triste. Israel es un país infinitamente más complejo de lo que nos hacen creer los medios posicionados. Y la ciudadanía, si tuviera el derecho a hablar y a ser escuchada, estoy segura de que mayoritariamente quiere la paz. No sirve que gritemos desde aquí. Deberíamos estar ayudando. Porque desde adentro, dudo que quieran seguir compartimentando nada. Los hijos e hijas de supervivientes de los campos de concentración han recibido un trato discriminatorio o arribista de Israel. Su realidad no es la realidad del país. Y han visto a sus familiares usados impunemente por la propaganda. ¿De verdad pensamos que salieron miles de supervivientes enloquecidos de Europa y se instalaron ahí sin mirar qué tenían alrededor? ¿Que les dio igual el dolor ajeno? ¿Que ese momento histórico lo resume todo? No es así. Israel y Palestina son países que debemos tratar de comprender sin tratar de parecer buenas personas. Es el único modo, reconocer la contradicción. Porque esa contradicción esencial, dijera Adorno, representa el conflicto interno de una gran parte de la ciudadanía europea (antisemita, islamofóbica… ¿sigo?).Lo único que podemos aportar es nuestra solidaridad. Nuestra crispación no sirve. Al contrario, molesta. Todas, todas las personas que se están esforzando para construir la paz en el mundo la necesitan. Y esto en Palestina y en Israel es especialmente complicado. Porque es un país acostumbrado a frases tan inexplicables como ésta: La guerra estalló el pasado lunes. ¿Mi propuesta? ¿Y si buscamos las voces disidentes? ¿Y si escuchamos en lugar de tener la razón? ¿Y si construimos un relato con la voz de todas las víctimas directas y colaterales de esta guerra que no acaba? ¿O de verdad nos seguiremos posicionando y basta, sin pensar en lo que ocultan las potencias extranjeras a cambio de mantener un país no árabe en la región, a cambio de tolerar el apartheid de Gaza y Cisjordania y ver como se pudren sus habitantes, a cambio de juzgar impunemente con nuestro limitado conocimiento histórico, a cambio de no buscar las voces disidentes de Israel, las voces críticas y responsables?Para terminar, insisto: Jerusalén es una ciudad impresionante que muestra afuera muchas cosas que tenemos dentro. Algunas muy evidentes, otras muy íntimas. Escucharla sería escuchar a las personas que la habitan (y escucharnos a nosotras, a nosotros). Sería ayudar a crear un espacio de diálogo. Favorecer la comprensión. Buscar el fin del apartheid, el terrorismo y las hostilidades. No es fácil, claro que no es fácil, es el conflicto por excelencia de este lado del mundo. Y aunque a veces parece que estemos dispuestas a llevarnos la contraria, en el fondo sabemos que en la violencia nadie tiene estrictamente la razón (aunque curiosamente en algunas ocasiones creamos entender sus motivos… ¿de verdad? ¿los tiene?). La paz, como decía Gandhi, es un camino. Y quienes estamos en países más seguros deberíamos ayudar a construir ese camino para que lo transiten otros, otras. No para ponernos enfrente con una ira que no busca soluciones sino que resume, clasifica, determina. Escuchemos al pueblo palestino, escuchemos al pueblo judío, escuchemos a las comunidades cristinas, las activistas, las madres que tratan de evitar un futuro así, igual de repetido, para sus familias. Y recordemos que estamos escribiendo esto desde un país especialmente impune con la carrera armamentística que tiene mucho que reprocharse (que tenemos mucho que reprocharle). Hagamos la paz.
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Crimen y periodismo en "El fotógrafo de Minamata"
El pasado 30 de abril se estrenó en cine la película El fotógrafo de Minamata. En ella se cuenta la historia del fotógrafo William Eugene Smith, quien sacó a la luz una intoxicación masiva por mercurio en la ciudad japonesa de Minamata desde los años 50 a los 70. Protagonizada por el popular actor Johnny Depp y dirigida por Andrew Levitas, más allá del conocimiento de esta tragedia, la película abre un debate sobre el poder de los medios como forma de informar al mundo de un problema que, de otra forma, se quedaría circunscrito a la localidad. Eugene Smith fue reconocido internacionalmente por sus impactantes imágenes en la línea de frente del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial o las fotografías en las zonas rurales de Carolina del Sur. Considerado por muchos como uno de los padres del ensayo fotográfico moderno y uno de los fotoperiodistas más venerados de la Segunda Guerra Mundial, fue nombrado uno de los diez mejores fotógrafos del mundo en 1958. Pero serían sus fotografías en la ciudad de Minamata, durante los años 1971 y 1974, con las que logró sus fotos más famosas para la revista Life, entre las que se encuentra la emblemática "Tomoko Uemura in Her Bath", que este 2021 cumple 50 años.Esta masiva intoxicación llegó a acuñar la denominación de "la enfermedad de Minamata", en referencia al síndrome neurológico provocado por el envenenamiento del mercurio vertido al mar por la empresa Chisso. Contraída la enfermedad, la persona podía amanecer con convulsiones y dificultades para andar y hablar, alteraciones sensoriales en manos y pies, deterioro de los sentidos de la vista y el oído, debilidad y, en casos extremos, acabar con parálisis cerebral y muerte. La toxicidad se acumula en los fetos de las mujeres embarazadas y se producen abortos y nacimientos con malformaciones o parálisis cerebral. La empresa química producía acetaldehído, compuesto utilizado en la síntesis de plásticos y en otras aplicaciones. La ciudad creció a la vez que la fábrica, su industria más importante. En ella se producían plásticos mediante un proceso en el que era necesario el mercurio como catalizador, o acelerador de la reacción química. Después, el mercurio sobrante se vertía al mar transformado en un derivado mucho más tóxico y más fácilmente asimilable por los organismos vivos. En los peces, moluscos y crustáceos entraba por el sistema digestivo o por las branquias. Su posterior ingesta por los humanos les transmitía la toxicidad. Minamata era una ciudad principalmente pesquera. Se calcula que se vertieron cerca de 81 toneladas de mercurio entre los años 1932 y 1968. Aunque la empresa supo mediante sus investigaciones de esta toxicidad, siempre lo ocultó y negó hasta el último momento. Conforme avanza la película comprobamos cómo, aunque ya era conocida la tragedia en círculos periodísticos, se necesitaron las impactantes fotos de William Eugene Smith para que llegara a la opinión pública, la justicia reaccionara y la empresa tomara medidas. A lo largo de su estancia en Minamata, el fotógrafo vivió todos los formatos de presión por parte de la empresa: primero el chantaje y después la violencia, desde el incendio de su estudio fotográfico con el objeto de hacer desaparecer todas sus fotografías a una paliza que lo dejó malherido.Dos debates éticos se dan a lo largo de la historia, por un lado, el del fotógrafo ante la propuesta del gerente de aceptar 50.000 dólares y abandonar el proyecto de fotografiar lo que estaba sucediendo. Por otro, el del director de la revista Life que se enfrenta al problema de la viabilidad y al dilema entre hacer buen y costoso fotoperiodismo a hacer concesiones a la publicidad, imprescindible para su saneamiento. Los dos conflictos se resuelven de forma honorable, a pesar del acoso de la empresa química: Eugene Smith no acepta el sobre con dinero del gerente y el director apuesta por el periodismo a pesar de las limitaciones económicas de la revista. Ahora, 50 años después, sería bueno hacer dos reflexiones: la primera, que el periodista, de pluma o de cámara fotográfica, no es nada si no tiene detrás un medio. Si McLuhan decía que "el medio es el mensaje", nosotros podemos decir que "el periodista es el medio". El periodista tiene el poder que tiene el medio en el que aparece. Imaginemos que el gerente de Chisso ofrece el dinero, no al fotoperiodista, sino a los accionistas de Life, ya sumidos en la crisis de rentabilidad. En estos tiempos en que sabemos que detrás de esas grandes empresas hay más negocio que periodismo es muy probable que aceptaran y cancelaran el encargo de Eugene Smith. ¿Cómo de lejos llegarían sus fotos sin Life? La segunda reflexión es otro dato que es bueno conocer, incluso la película informa de ello al final. La crisis de Life provocó que poco después de la publicación de esos reportajes dejase de ser semanal, pasase a hacer especiales de forma irregular hasta 1978, mensual hasta 2000, luego suplemento semanal de periódicos y dejó de existir en papel en 2007. La pregunta es, ¿cuántas tragedias como Minamata han sucedido y siguen sucediendo porque los poderosos pagan para que no vaya ningún fotógrafo o porque denunciarlas resulta incompatible con la rentabilidad de las empresas periodísticas?Por cierto, la toxicidad del mercurio sigue siendo un problema por su acumulación en los peces de mayor tamaño, y son muchos los estudios que no recomiendan ese pescado para los niños menores de cinco años. Y hoy no está la revista Life y, seguro, las empresas contaminantes están dispuestas a pagar bastante más de 50.000 dólares para impedir que se conozca la verdad. 
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La insoportable y mentirosa derecha española
El sectarismo y la deformación de la realidad que practica la derecha española no tiene límites ni fácil parangón en el resto del mundo. El miércoles, Pablo Casado advirtió a Pedro Sánchez de que provocaría 20.000 muertos más por la pandemia si no aceptaba el escuálido e improvisado plan que ha elaborado el PP. Este jueves, y en los días anteriores, ninguno de los tres mayores diarios reaccionarios, El Mundo, ABC y La Razón, hacía la mínima alusión al gran avance en vacunación, que valoran muy positivamente los expertos, ni a la bajada de la incidencia de la pandemia. Así libra la batalla política el PP.Cabía esperar, siendo ilusos, que algún exponente de la derecha mostrara su preocupación por el desmadre callejero que se produjo la noche del fin del estado de alarma. Que en buena medida respondía al espíritu de libertinaje social que había sido el eje de la exitosa campaña de Isabel Díaz Ayuso en Madrid. Pero nadie abrió la boca al respecto. Y aún más, la presidenta madrileña denunció la campaña de "anti-madrileñismo" que la izquierda había lanzado por esos excesos y añadió que el problema de la alta incidencia de la Covid en la región se debía a que el Gobierno no tomaba medidas suficientemente restrictivas en el aeropuerto de Barajas.Si no fueran tan espantosos esos comportamientos serían sencillamente ridículos. Pero lo malo es que, cuando menos hasta que se demuestre lo contrario, buena parte del electorado de derechas acepta sin rechistar esos argumentos con un sectarismo tan fuerte como el de quienes los lanzan al espacio público. "Todo lo que pueda favorecer a la izquierda ha de ser negado, aunque sea la verdad" sería el lema de esa actitud.Cabe preguntarse si los millones de votantes del PP y de Vox que han recibido la vacuna comparten plenamente ese negacionismo y cuántos de los que siguen temiendo caer contagiados comparten la idea de que si no se ataja más rápidamente la pandemia es por culpa del Gobierno. Habrá que esperar aún bastante tiempo para tener una respuesta a esa pregunta. Mientras tanto, la irracionalidad y los argumentos bárbaros seguirán dominando la escena política. Porque el PP de Casado parece haber creído que esa línea va a funcionarles tan bien como lo ha hecho en Madrid.El Gobierno y Pedro Sánchez miran para otro lado como si ese espectáculo macabro no se estuviera produciendo delante de sus ojos. Seguramente no tiene otra: hacer frente a esa ola de engaños y mentiras valdría para poco más que para enfangarse y eso terminaría favoreciendo a Casado y los suyos. Y opta por la vía alternativa: la de publicitar hasta donde le sea posible, esperemos que no hasta aburrir, los grandes avances que se están registrando en la campaña de vacunación y transmitir a la población la idea de que en unos pocos meses se habrá alcanzado algo parecido a la inmunidad de rebaño, es decir, casi una victoria sobre la pandemia. La mayoría de los expertos empieza a coincidir con esas apreciaciones y ninguno de los que merecen tal calificativo se ha mostrado ni de lejos cerca de los planteamientos del PP.Sánchez no ha querido tampoco entrar en la polémica sobre si era oportuno acabar con el estado de alarma y sobre la suficiencia de las medidas que podrían aplicarse una vez desaparecido el mismo. Por los mismos motivos por los que ha rehuido el cara a cara con Casado en los últimos tiempos. Porque está convencido de que cualquier debate abierto con la derecha sólo va a devenir en un follón que en ningún caso va a producir el mínimo avance. Y porque insiste en que las comunidades autónomas tienen medios suficientes para hacer frente a la pandemia en las circunstancias actuales.Alguno dirá que hay algo de cobardía en esa actitud. Pero la verdad es que un año de extraordinarias e injustificadas batallas parlamentarias ante cualquier iniciativa gubernamental vienen a demostrar que en estos momentos con la derecha no existe la mínima posibilidad de coincidencia parlamentaria. Por lo que lo mejor es ignorar en la práctica su existencia, aunque sea la negación misma de la razón de ser de Las Cortes. Pero seguir dándose de cabezazos con la misma roca no tiene razón de ser por mucho que parezca, en principio, políticamente correcto.El linchamiento del que ha sido objeto Pablo Iglesias por parte de la derecha y de los medios que la apoyan es un ejemplo de la falta de escrúpulos de ese mundo, de su disposición de ir hasta donde sea con tal de alcanzar sus fines. Crearon un monstruo a su conveniencia -nunca el fundador de Podemos fue tan amenazante y peligroso como sus rivales lo pintaron- y dedicaron toda la artillería con la que contaban para acabar con él. El infame e interminable asedio de su vivienda entre otros recursos.No es seguro que la decisión de Pablo Iglesias de dejar la política sea únicamente consecuencia de esa presión abominable. (Que, por cierto, no ha sido denunciada con la fuerza que merecía por parte de los medios que no se inscriben en el espectro de la derecha ni tampoco por sus socios de gobierno). Otros factores -el estancamiento electoral de Podemos, sus crisis regionales, la subida del partido de su sempiterno rival Iñigo Errejón- también pueden haber influido en esa decisión. Pero eso no quita para que la campaña de la derecha contra él merezca figurar como uno de los capítulos más deleznables de la corta historia de la democracia española. Y que sirva para comprender, a quien quiera hacerlo, qué clase de derecha tenemos en España.Queda la esperanza de que no sean muy graves las consecuencias sanitarias de los estúpidos excesos de la noche del fin del estado de excepción. Una aberración que también tendría que dar pie a una reflexión sobre qué tipo de juventud ha generado la tolerancia mal entendida. Y también la de que los optimistas cálculos de Pedro Sánchez, tanto en lo que se refiere a la pandemia como a la marcha de la economía, se vayan acercando a la realidad. No para bien del PSOE, sino de todos. Pero aun cuando el presidente del Gobierno vaya acertando en sus previsiones, su camino no va a ser fácil, ni mucho menos. Porque la derecha no le va a tolerar el mínimo éxito. Y, encima, nadie sabe lo que va a pasar en Cataluña.
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Diez años del 15M: la comunicación impone su poder en la vida política
La conmemoración de los diez años del estallido del movimiento del 15M ha sido objeto de multitud de análisis y comentarios en todos los medios. Todo lo acaecido aquellos días dio lugar a una serie de trascendentales consecuencias en nuestro sistema. Surgió poco tiempo después el concepto de la nueva política para denominar al conjunto de rasgos que se fueron incorporando como alternativa al modelo tradicional de funcionamiento de nuestra democracia, puesto en marcha en 1977. También en el terreno de la comunicación política, el 15M tuvo un impacto espectacular. La importancia del fenómeno en este terreno tiene que ver con el hecho de que la llamada nueva política tiene como una de sus bases fundamentales la conversión de la comunicación en el elemento director de la estrategia partidista. Desde la década de los sesenta, los medios electrónicos habían ido ganando peso en el mundo de la política. Sin embargo, en estos últimos diez años su importancia ha pasado a ser abrumadora.Se calcula que, desde hace una década, se han promovido diferentes movimientos de protesta contra el sistema establecido, tras el impacto de la crisis económica de 2008, en alrededor de 90 países. Es evidente que este efecto imitador solo puede explicarse por el impacto creciente de los medios que en esta época empezaban a tener en internet un extraordinario desarrollo global. En 2004 había nacido Facebook en Cambridge (Massachusetts); en 2005, arranca YouTube en San Mateo (California); en 2006, comienza a operar Twitter en San Francisco (California). En 2011, las redes sociales se esparcen por todo el mundo e intercomunican a jóvenes de todo el planeta. Juntos, globalmente, comparten una revolución colectiva cuyo único precedente anterior habría que buscarlo en lo ocurrido en 1968.Si intentamos reunir algunos de los efectos que el 15M y otros movimientos similares provocaron en la comunicación política, podemos encontrar algunos especialmente trascendentes. Veamos algunos de ellos:1. Medios y redes sociales, el nuevo territorio de la política. En estos últimos años hemos vivido una significativa transformación. Durante décadas anteriores se podía observar que los medios seguían la actividad política y su cobertura influía de vuelta en esa misma actividad. Este círculo se ha roto. La nueva política tiene en los medios su principal escenario de actuación. Los medios no es que reflejen la vida política. La realidad es que, ahora, esta se desarrolla dentro de los medios. Basta señalar un ejemplo enormemente significativo: los principales líderes políticos que han marcado estos años inician su carrera como participantes en tertulias televisivas. Pablo Iglesias, Pablo Casado, Isabel Díaz Ayuso, Albert Rivera o el propio Pedro Sánchez adquieren relevancia política en los platós de televisión. Las redes sociales se han convertido de forma prioritaria en la vía de comunicación dentro de las diferentes comunidades políticas.2. La informalidad como etiqueta. En julio de 2011, el entonces presidente del Congreso, José Bono, reprochó públicamente al ministro de Industria, Miguel Sebastián, por acudir al Parlamento sin corbata. Hoy, la anécdota suena a broma. Desde que Podemos transformó el espacio político, no ha vuelto a verse a un líder que acuda a un mitin encorbatado. Los jeans y la camisa blanca remangada se ha convertido en el uniforme oficial de un político en campaña, sea de izquierdas o de la derecha más conservadora. En enero de 2016, la entrada de los diputados y diputadas de Podemos rompió con los formalismos arraigados durante décadas. La imagen de Carolina Bescansa con su bebé en el escaño se convirtió en símbolo de este proceso. La formalidad ha quedado relegada a los espacios institucionales. Fuera de ellos, la búsqueda de la cotidianeidad y la normalización es la norma.3. La renovación como exigencia. El 15M supuso la reivindicación de la necesidad de trazar una línea entre el pasado y el futuro. El impulso colectivo arrastró a la mayor parte de la sociedad a un imparable deseo de cambio a todos los niveles. El pasado se convirtió en paradigma del fracaso. La ilusión sólo aparecía si la mirada se fijaba en el futuro. Los partidos tradicionales se vieron obligados a seguir el camino marcado por el movimiento surgido en las plazas de toda España. Las fuerzas convencionales cayeron en una crisis de identidad. Solo han podido recuperarse en la medida en la que han asumido procesos de renovación internos frente a la resistencia de las estructuras asentadas en el poder hasta ese momento. Sin este impulso, por ejemplo, es imposible entender la llegada de Pedro Sánchez al PSOE o, incluso, la de Pablo Casado al PP.4. La antipolítica como emblema. Ha sido curiosa la importancia creciente que la antipolítica ha tenido dentro de la política. El 15M supone un golpe frontal a un modelo político que había fracasado como representativo de los derechos de los ciudadanos. La nueva política significa, en realidad, la aniquilación de la política tradicional. El "no nos representan" tiene sus consecuencias. Los outsiders de la política se han revalorizado en todo el mundo como las principales nuevas figuras políticas, sean de la ideología que sean. El caso más significativo de este proceso quizá sea la figura de Donald Trump, que llega a presidir Estados Unidos con un discurso basado en destruir la casta política que, en su opinión, había corrompido Washington desde que Ronald Reagan abandonara el poder a finales de los ochenta.5. Populismo y polarización. En todo el mundo, el concepto del populismo se extiende como referente en el mundo postmarxista. Figuras como la del filósofo argentino Ernesto Laclau sirven de referente ideológico para entender que el populismo implica la llegada real al poder de la voluntad popular. Sin embargo, el término ha sufrido un considerable deterioro con el transcurso del tiempo. El término "populismo" ha acabado por identificarse como la extensión de la demagogia, la falsedad, el oportunismo, la manipulación y la superficialidad. El lenguaje populista que se ha impuesto en el debate político implica el manifiesto intento de aprovecharse de la inocencia del pueblo para condicionar su juicio. En la práctica, las ideas y el discurso razonado han sido sustituidos por la difusión de mensajes emocionales que buscan despertar impulsos inmediatos basados en el miedo y alentadores de la confrontación y aniquilación del rival, transformado en enemigo. La polarización marca el debate público actual.6. La diversidad como exigencia. El 15M y otros movimientos similares impulsan las reivindicaciones de minorías tradicionalmente castigadas por un modelo social homogeneizador y excluyente. El feminismo vive un proceso de incorporación a la agenda política imparable. Algo parecido ocurre con la quiebra de un sistema extremadamente homófobo que empieza a ser superado. La globalización también empieza a derribar barreras racistas que bloqueaban el acceso a la política de una sociedad multiétnica extendida en todo el mundo occidental. Hoy en día, es imposible entender grupos políticos que no asuman estos principios de forma abierta, aunque en ocasiones esconda una puro ejercicio de apariencia. Solo la ultraderecha se ha asentado frente a esta generalizada tendencia que le sirve como uno de sus principales soportes.7. Desideologización y volatilidad. Una de las características iniciales más poderosas de los movimientos de protesta surgidos hace una década es su transversalidad. Las ideologías partidistas tradicionales pierden su sentido y el eje que se impone bascula entre lo nuevo frente a lo viejo. Los partidos pierden su sentido original y atraviesan una significativa crisis existencial. La desideologización aumenta su peso en la sociedad durante estos años. Uno de los efectos derivados de este fenómeno es el crecimiento de la volatilidad en el voto de los ciudadanos. En los últimos años, puede apreciarse en Europa y también en España unos vaivenes continuos en la aparición, evolución, transformación o desaparición de diferentes partidos políticos.  Buena parte de la ciudadanía asume sin complejo alguno el cambio de posición en los procesos electorales. A la vez, también se observa un crecimiento de la incertidumbre que se suele extender hasta los últimos días antes de ir a las urnas.  
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Corresponsal del futuro
Soy de una generación que creció con la radio, pero llegó pelín tarde al podcast. O muy temprano, según se vea. El caso es que mi educación sentimental tuvo todo que ver con las baladas de Luis Miguel y mi educación intelectual ha consistido básicamente en intentar desactivar todo eso que me entró por las orejas cuando era adolescente. Será por eso que he tardado en engancharme al formato podcast, por desconfianza. De un tiempo a esta parte, sin embargo, muchos podcasts se han vuelto tan interesantes como algunos libros y tan espectaculares como algunas series, pero tienen la enorme ventaja de que puedes escucharte un capítulo mientras fríes el pollo o pasas la aspiradora o, en un acto de temeridad o simple procrastinación, escribes tu novela. Además, como en casi todos los productos culturales, soy especialmente aficionada a la truculencia, criminal, política, erótica. Pero a veces ocurre que dejo el camino por coger la vereda, quiero decir, que salgo de mi zona de confort y me adentro en territorio inexplorado. Escuché el primer capítulo de Solaris, ensayos sonoros, el podcast de mi amigo Jorge Carrión, con una ceja levantada. Ella, la contraparte femenina de Carrión en este viaje por el conocimiento contemporáneo, ni siquiera era una mujer; el personaje era un algoritmo que, a la manera de Alexa o Siri, proveía al autor de información relevante con la entonación característica de una "asistente virtual". Una voz guionizada por un tío, además. Alerta. Hay, sin embargo, un guiño importante con el que Carrión explica el uso de este recurso y lo justifica: mientras que él se presenta como "corresponsal en el presente", Ella es la "corresponsal en el futuro" y, por tanto, la poseedora de las claves que nos harán no solo entender, sino evolucionar. Un gesto que dialoga, a lo largo de todos los episodios, con el tratamiento de los temas, siempre atento a las últimas discusiones sobre igualdad y disidencia. De hecho, entre la primera y segunda temporada, la actriz que interpreta a Ella ha cambiado. Pero la principal novedad es el uso del lenguaje inclusivo: "Bienvenides", dice Ella ahora. Y habla de un nosotres desde su futuro cercano. El prólogo de una mayor inclusión, como ya ha manifestado Carrión en otros medios. Así que, dos temporadas después, debo admitir que, más allá de su forma e incluso gracias a ella, este conjunto de ensayos, a caballo entre la divulgación científica, la creación literaria y la crítica cultural, me ha resultado divertido y pedagógico a partes iguales. En parte por los propios asuntos que se tratan –que van de la Pornografía a la Inteligencia vegetal, del Big Data al reino fungi– pero sobre todo por la dimensión poliédrica con que Carrión (y su virtualizada asistente) los abordan. Entran en juego en Solaris la literatura, la poesía, la biología, el psicoanálisis, la teoría de la comunicación, el análisis del lenguaje y un amplísimo etc. de disciplinas para los que el autor/presentador/narrador se vale de "corresponsales" en cada una de esas materias. No, no es la serie de Luis Miguel conectándome con los sonidos del pasado, es una fascinante experiencia sobre el porvenir. 
2 d
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Un fenómeno político extraordinario
Quizá muchas personas no se hayan percatado de ello, pero en este preciso momento se está produciendo ante nuestras narices un fenómeno político extraordinario y sin precedentes. Aunque soy poco proclive a la superstición, no tengo por el momento más opción que atribuirlo a una conjunción astral, a la espera de que politólogos, sociólogos y expertos en demoscopia se conjuguen para ofrecer una explicación racional que satisfaga mi curiosidad.Me explico. A raíz de los resultados de las elecciones madrileñas del 4M, y tras constatar que Madrid capital influyó de manera notable en la arrolladora victoria de Isabel Díaz Ayuso, me di a la tarea de indagar cómo se comporta el electorado en otras capitales o grandes ciudades del mundo desarrollado con las que solemos mirarnos al espejo. Remontándome a comienzos del milenio, hice un repaso de lo que ha ocurrido en París, Berlín, Lisboa, Londres, Roma, Bruselas, Ámsterdam, Viena, Copenhague, Estocolmo, Atenas, Dublín, Nueva York, Washington y, por supuesto, Madrid.Observé que, salvo en Copenhague, Bruselas, Ámsterdam y Viena, donde la alcaldía ha estado ocupada exclusivamente por socialdemócratas –en el caso de la capital austríaca, desde el final de la II Guerra Mundial–, en las demás ciudades ha habido una alternancia casi equilibrada entre los dos grandes bloques ideológicos izquierda/derecha. Madrid es la excepción: desde que Agustín Rodríguez Sahagún, del CDS, se convirtió en alcalde en 1989 gracias a una moción de censura contra el socialista Juan Barranco, el cargo ha estado en manos de la derecha, salvo el paréntesis de Manuela Carmena entre 2015 y 2019. Es decir: en 32 años, la derecha ha gobernado 28. De ellos, 26 el Partido Popular.En el curso de mis pesquisas me encontré con el fenómeno del que hablaba al comienzo de esta columna. Y es que todas, absolutamente todas, las ciudades citadas tienen en este momento alcaldes progresistas. Excepto Madrid. En París gobierna Anne Hidalgo (Socialista); en Berlín, Michael Müller (SPD), en coalición con el izquierdista Die Linke, en lo que algunos de nuestros analistas vernáculos calificarían de peligroso frente socialcomunista; en Londres, el británico de origen paquistaní Sadiq Khan (Laborista); en Lisboa, Fernando Medina (PS); en Roma, Virginia Raggi (5 Estrellas, un movimiento nacido en el ámbito de la izquierda populista); en Bruselas, Philippe Close (Socialista); en Ámsterdam, Femke Alsema (Izquierda Verde); en Copenhague, Lars Weiss (Socialdemócrata); en Estocolmo, Karin Wanngard (Socialdemócrata); en Viena, Michael Ludwig (SPÖ, socialdemócrata); Atenas, Giorgos Kaminis (Independiente en coalición de izquierdas); en Dublín, Hazel Chu, irlandesa de origen chino (Verdes), en Nueva York, Bill de Blasio (Demócrata), y en Washington-Distrito de Columbia, Muriel Bowser (Demócrata).He intentado encontrar un precedente de esta coincidencia ideológica y no he logrado hallarlo. En este inmenso mapa rojiverde de las alcaldías en las principales ciudades del mundo desarrollado, está el punto azul de la capital de España. Aquí tenemos como alcalde a José Luis Martínez-Almeida, del PP, que, si bien no fue el más votado en las elecciones de 2019, logró la investidura con el apoyo de Ciudadanos y Vox, un partido que en otros países sería sometido a cordón sanitario para evitar que influya en la vida democrática. Cuatro años antes, cuando se produjo el paréntesis 'rojo', sucedió algo parecido: Manuela Carmena, de Más Madrid, sin ser la más votada en los comicios, logró la investidura al sumar con el PSOE apenas un voto más que el bloque PP-Ciudadanos.¿Qué ha sucedido para que tantas capitales y grandes ciudades vivan con normalidad una especie de equilibrada alternancia política? ¿Qué está sucediendo para que todas ellas tengan hoy alcaldes progresistas? ¿Y qué ocurre para que Madrid sea una excepción en ambos casos? Algunos conspicuos analistas han explicado el dominio de la derecha en Madrid como un resultado de la concentración de riqueza en la capital, o como la expansión de una clase media materialista, simbolizada en la 'urba' y la piscina, que por nada del mundo quisiera ver mermados sus privilegios, o como un reflejo de la presencia desproporcionada de la burocracia del Estado, que le imprimiría un aire conservador a la Villa y Corte. Las explicaciones no son del todo convincentes, si se tiene en cuenta que la mayoría de las ciudades observadas albergan más riqueza, tienen unas clases medias más amplias y con mayor poder adquisitivo y concentran maquinarias del Estado más poderosas. Hay algo más que debe explicar la excepcionalidad de Madrid como feudo político conservador.Tradicionalmente, desde la propia aparición de la burguesía, en las grandes ciudades se han congregado las mentes más abiertas, que hoy pueden encontrarse entre progresistas, liberales o democristianos. Por supuesto que no siempre esas sensibilidades son las que han gobernado. En Roma, el berlusconismo ha ostentado varias veces el poder. El imprevisible conservador Boris Johnson, hoy primer ministro británico, fue durante ocho años alcalde de Londres. El ultraconservador Rudy Giuliani mandó siete años en Nueva York. Sin embargo, en términos generales, podría decirse que la alternancia política no ha impedido que en las ciudades prevalezca un espíritu de apertura y modernidad. En Madrid, la hegemonía conservadora ha sido, en ese sentido, ambivalente, con etapas en las que la 'caspa' de los valores de la vieja derecha se ha hecho sentir con especial intensidad.Confío en que la explicación de lo que aquí se ha expuesto no haya que buscarla en los territorios vaporosos de la astrología. Estoy convencido de que, más que a la casualidad, los hechos obedecen a la causalidad, es decir, a una lógica que puede desentrañarse mediante el análisis juicioso. Una tarea que dejo en las sabias manos de los expertos. Y también, cómo no, de los estrategas y demás gurús de nuestros partidos progresistas, que tendrán algo que decir, porque ellos también forman parte de la curiosa excepcionalidad de Madrid. 
2 d
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El topo y la serpiente (Historias de riders)
Una de las grandes nuevas que trajo el concepto de Estado de Derecho es que nos protegió de nosotros mismos. El ser humano puede llegar a niveles de indignidad insospechados si es acuciado por la necesidad. Digamos que la ética, la dignidad y los derechos nacen a partir de unos mínimos vitales que los estados del bienestar declaran haber cubierto para todos. Dense una vuelta por la historia. Por eso el derecho más básico nos salva de nosotros mismos y nos impide caer por debajo de las escalas de lo humano. No nos deja ser esclavos ni pertenecer a nadie aun cuando proclamemos con mil firmas que es nuestra más libre voluntad. El estado de necesidad nos priva de la facultad de consentir y de ser libres. No nos deja renunciar a nuestras libertades y nuestros derechos. No nos deja trabajar en condiciones infrahumanas aunque afirmemos estar deseándolo. No permite al empresario que nos azote o nos maltrate, aunque hubiera personas dispuestas a consentirlo para lograr alimentos y refugio. No nos permite dejarnos amputar miembros ni vender nuestros órganos por muy necesitados que estemos. No nos dejan trabajar a destajo.De esto va la nueva legislación que obliga a contratar a los riders. De esto y de un nuevo modelo empresarial que intenta imponer "un sistema de trabajo fraudulento" simple y llanamente porque es su modelo de optimización. Según el filósofo Han, "el topo es el animal de la sociedad disciplinaria", el que cambia de un entorno de reclusión a otro: la fábrica, la escuela, el cuartel. "La serpiente es el animal de la sociedad de control neoliberal" -dice- "el topo es un trabajador, la serpiente es un empresario neoliberal, que delimita el espacio a partir de sus movimientos". La imagen de Han no solo es muy visual sino que es muy adecuada para entender la nueva economía de plataformas que nos aparece como moderna, juvenil y tecnológica pero que no es sino una serpiente delimitando con sus movimientos un nuevo espacio laboral. La revolucionaria idea de las plataformas, en general y las de reparto en particular, es que pretenden crear su propio espacio, su propio modelo de beneficio y pretenden que la realidad se adecue a él. Los proyectos empresariales de la economía de plataformas no son viables con las normas laborales y sociales que nos hemos dado en las democracias avanzadas. Lo más lógico sería pensar que si uno pergeña un negocio que no es rentable en el marco jurídico en el que se mueve está perdido. No es el caso. Como dijo una de sus directivas, Diana Morato: "lo que no podemos aceptar es un modelo de negocio que haría que cerráramos". Las plataformas han decidido que su modelo será rentable porque vencerán a los países y a las legislaciones y conseguirán que su modelo destajista, de explotación de la necesidad y de ausencia de derechos laborales será el del futuro, o sea, el de todos. Vean así por qué el decreto que les obliga a contratar a los riders y que es reflejo de la doctrina del Tribunal Supremo, no solo nos afecta porque pidamos comida a domicilio sino porque es un dique para impedir que todos nos despeñemos por ese precipicio. La lucha en los tribunales ha sido sin cuartel. Han llegado a poner al borde del colapso a juzgados que han tenido que comunicar resoluciones a más de 5.200 personas. Pero han perdido. Aún así siguen debiendo más de 30 millones de euros a la Seguridad Social que lucharán por no pagar. Curiosamente, estos días las pantallas y los micros se han poblado de riders que afirman ser más felices sin vacaciones, sin pagas, sin protección en caso de enfermedad porque quieren esa vida de "flexibilidad y libertad", en la que ganan casi más que un profesor o un médico. Todo responde a una campaña organizada. La economía de plataformas es muy moderna pero mantiene el control del relato. "Yo quiero seguir siendo autónomo porque así gano 2.500 euros al mes" oímos, mientras acríticamente nadie les rebate ni les pregunta que cómo. En la web de Glovo se informa a los futuros riders que se suele cobrar unos 10 euros hora. Los cálculos dicen que para ganar esos 2500 euros netos, sería preciso trabajar unas 300 horas al mes, es decir, casi el doble de la jornada máxima en régimen general. Y eso si es cierto lo que se paga por hora… ¿Y por qué mentirían o por qué pedirían seguir en condiciones precarias siendo que la ley quiere protegerlos? La economía de plataformas es nueva pero trabaja con principios muy antiguos. Como se ha oído en los juicios, han intentado de formas ilegales sabotear la acción sindical -lo que no se le pasaría por la cabeza a un empresario convencional- han premiado con trabajo a través del algoritmo a los que no iban a las asambleas, han premiado a los chivatos y han castigado a los protestones. Felipe Díaz fue desconectado de su aplicación, se quedó sin trabajo, porque acudió a la Asamblea de Madrid a explicarles a los diputados cómo se organizaba una plataforma. Más aún, las empresas han contribuido a la creación de asociaciones de trabajadores que se opusieran a ser contratados y que lucharan por seguir como falsos autónomos. Esto se comprobó en los juicios en los que se llegó a saber que los miembros de estas asociaciones contra la lucha de los trabajadores no precisan tener sede social porque "nos basta con pedir una sala de reuniones en Deliveroo". En realidad se ha colado mucho relato promovido por las empresas porque, como he dicho, su lucha es a largo plazo y consiste en acabar con el sistema laboral existente. El nuevo decreto tiene mucho interés para todos. El Estado de Derecho sigue sin permitir que firmemos y afirmemos lo que va contra nuestros derechos más básicos como trabajadores. Aporta además una novedad muy importante también para el conjunto de los trabajadores de este país: les obliga a informar sobre las partes del algoritmo que afecten a las condiciones laborales. Algoritmo secreto, discriminación tapada. Algo que será preciso extender a múltiples actividades en adelante tanto de selección de personal como de organización empresarial. Yolanda Díaz ha llevado al BOE lo que el Estado de Derecho exigía para satisfacer las justas demandas de muchos riders y para proteger a otros de ellos mismos. Un motivo para que demos un respiro de alivio todos. 
2 d
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La disputa por el control del algoritmo
Lo bueno, si breve, dos veces bueno. Esta cita del autor del "Oráculo manual y arte de prudencia", el jesuita aragonés Baltasar Gracián, me sirve para glosar las virtudes del Real Decreto Ley 9/2021 sobre los derechos laborales de los riders. En mi trayectoria como abogado laboralista, profesor, sindicalista y parlamentario no recuerdo una norma de tanta transcendencia que ocupe tan poco espacio en el BOE. En apariencia se trata únicamente de trasladar la jurisprudencia del Supremo al Estatuto de los Trabajadores. A saber, que las personas que trabajan en tareas de reparto para las plataformas digitales deben ser considerados como asalariados y no autónomos. Pero detrás del objeto concreto de esta Ley, aparecen algunos intangibles que no deberíamos pasar por alto. Me atrevo a decir que estamos ante una norma que marca una discontinuidad -en este caso positiva- en la regulación de las relaciones laborales. Y tendremos que estar prestos a sacarle toda su potencialidad. A mi entender supone una clara disrupción en uno de los paradigmas dominantes de las últimas décadas, el de la externalización empresarial de riesgos y costes. Se trata de uno de los factores que mejor definen eso que llamamos "neoliberalismo", a pesar de que en realidad se trata de ultra-intervencionismo de clase. Lo explica con muchos datos Quinn Slobodian en su libro "Globalistas" de Capitán Swing. Desde sus inicios hace 100 años, los neoliberales, pusieron el estado regulador al servicio de su proyecto social de defensa a ultranza de la propiedad privada y el poder de los mercados. Esta externalización de riesgos y costes se expresa en el ámbito de las relaciones laborales de muchas maneras. Por ejemplo, en la laxitud con la que se regula la subcontratación empresarial de actividades, que facilita la presión a la baja de los salarios y condiciones de trabajo, al tiempo que promueve un modelo de competitividad basado estrictamente en la reducción de costes laborales. También aparece en el uso generalizado y abusivo de la temporalidad como mecanismo para abordar los efectos de los ciclos productivos, la estacionalidad de sectores enteros de nuestra economía o las crisis económicas, transfiriendo a los trabajadores temporales estos riesgos. Esta estrategia legal se puso en marcha con la reforma laboral de 1984, con la excusa de promover el empleo, para hacer frente, se dijo, al elevado desempleo de los jóvenes. Todas las reformas laborales posteriores han ido en esa misma dirección, la de la externalización de riesgos y costes. Por ejemplo, con la desaparición de los salarios de tramitación en los procedimientos de despido. Si los Juzgados de lo social tardan meses, ahora incluso años, en celebrar los juicios, una posterior sentencia de despido improcedente no comporta ningún resarcimiento para la persona despedida, que es la que soporta las consecuencias de un despido injustificado y del mal funcionamiento de la justicia.El supuesto más extremo de externalización de riesgos es el de la expulsión de las personas trabajadoras del ámbito protector del Derecho del Trabajo. Por citar algunos ejemplos, la conversión de los asalariados en falsos autónomos en los medios de comunicación, o la utilización de falsas cooperativas -como en la industria cárnica- para eludir la condición de asalariados y la protección que de ello se desprende. En su versión moderna, las empresas de plataformas digitales.La ofensiva sindical, la actuación de la Inspección de Trabajo y la decidida actuación del Gobierno de coalición están produciendo una disrupción en una estrategia que adquirió su momento culmen en la reforma laboral de 1994 del último gobierno de Felipe González. Entonces, y bajo la presión de los lobbies empresariales del transporte, se modificó el Estatuto de los Trabajadores para, entre otras cosas, excluir a los transportistas con vehículo propio del ámbito de protección del Estatuto de los Trabajadores. Fue una medida que los ha convertido en el paradigma del autoexplotador de sí mismo, aunque disfrazado del bonito perfil de autoemprendedor. Es el paradigma de la externalización de riesgos no solo a los trabajadores, sino al medio ambiente y la sociedad por el uso intensivo e ineficiente que se hace del espacio público de las carreteras. Siendo importante este reconocimiento de laboralidad de los riders, la parte que me parece más trascendente de este minimalista Decreto Ley es la ampliación de los derechos de información de los representantes de los trabajadores con relación a los algoritmos utilizados por las empresas.Su trascendencia se desprende de otra disrupción significativa que aporta este RD Ley. Frente a la cultura empresarial que considera la organización del trabajo como facultad exclusiva de la empresa, la norma aprobada reconoce el derecho de los comités de empresa a recibir información sobre los parámetros, reglas e instrucciones en los que se basan los algoritmos o sistemas de inteligencia artificial utilizados por las empresas para adoptar decisiones que afectan a las condiciones de trabajo. Se trata de una novedad importante y pionera que abre la puerta a la disputa por la transparencia y el control de los algoritmos.  Sorprende positivamente que sea en el ámbito de las relaciones laborales -uno de los que más retrocesos ha sufrido en las últimas décadas- en el que primero se reacciona ante un riesgo muy evidente, el del control privado de los algoritmos al servicio de la concentración de poder y de un nuevo ciberleviatán. Y aún es más significativo que España haya sido pionera, anticipándose a los demás países. Haciéndolo además por la vía de la concertación social de la norma entre sindicatos y patronales. El RD Ley aprobado abre una vía que deberá ser ampliada con la misma estrategia de siempre. Los derechos reconocidos en las leyes se aplican, defienden y ensanchan en la medida en que se ejercen. Y en esta dirección la negociación colectiva tiene una intensa e interesante tarea por delante. No será fácil, porque para la cultura empresarial dominante la democracia económica no existe y la poca que se reconoce debe quedarse en las puertas de las empresas. Esta tarea de avanzar en la democracia económica no solo afecta a las personas trabajadoras y sus sindicatos, sino al conjunto de la sociedad, porque de su resultado depende también el tipo de sociedad que se va a consolidar en el siglo XXI. Por eso no estaría de más que se pensara en la posibilidad de desarrollar reglamentariamente esta nueva norma. Y que el conjunto de la sociedad sea activo en la tarea de garantizar la transparencia y el control social de los algoritmos que no pueden ser considerados un bien privativo más, sino bienes comunes en la medida que afectan a derechos fundamentales de las personas. Por supuesto esta es una batalla que no puede dar un solo país, una sociedad en solitario. En este sentido sería muy importante que la Unión Europea avance y lo haga con celeridad en la regulación de los algoritmos. El reto es importante y nos jugamos mucho. Para afrontarlo, lo mejor que podemos hacer es poner en valor el paso trascendente que significa esta norma. Es un mérito colectivo de la cultura del diálogo del que, me parece, se habla poco.
2 d
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