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Carta de una médico a Sánchez: «Es lamentable que los sanitarios tengamos que luchar contra el virus y para conseguir protección»
Señor Sanchez, soy médico de familia y trabajo hace casi 30 años en un Centro de Salud. Aunque una pandemia mundial no es algo muy probable, usted y sus asesores técnicos deberían haber tenido una mayor capacidad de reacción cuando estaban llegando los datos de China. ¿Sabe usted a cuántos pacientes atendimos con probable infección por coronavirus sin protección? Solo porque según sus protocolos no cumplían criterio epidemiológico... Pues la verdad que a muchos, pacientes mayores, frágiles y vulnerables, muchos de los cuales ya han fallecido, y pacientes jóvenes, cuidadores de ancianos que han ido diseminando la infección domicilio tras domicilio porque solo tenían “ un catarrillo”. ¿En qué datos y estudios se basaba el doctor Simón cuando adivinaba que a España llegarían solo unos pocos casos? ¿Por qué a los casos leves no se los está tratando a pesar de haber estudios que demuestran que en estos casos el tratamiento acorta la enfermedad y disminuye rápidamente la carga viral, con el consiguiente beneficio de no contagiar? Por otro lado, necesitamos ya una solución para disponer del material adecuado de protección (EPIs), necesario y homologado, para poder seguir atendiendo a nuestros pacientes con la seguridad que se merecen. Es una gran temeridad tratar a los profesionales sanitarios de esta manera. El 28 de marzo acudí de manera voluntaria con mis compañeros del centro de salud a una guardia en La Ventilla. El EPI estaba formado por una bata porosa verde transparente no impermeable y un delantal de plástico blanco de menor consistencia que una bolsa de basura de cualquier hogar. Trabajar así supone poner en riesgo al paciente, al profesional y a nuestras familias, lo cual según el código deontologico es un delito, tipificado también en el artículo 316 del código penal. No tenemos batas impermeables suficientes, vamos con la misma a todos los avisos. ¿Cómo se sentiría usted, señor Sánchez, o cualquiera de su familia, si supiera que el médico que acude a su domicilio lleva el EPI de los anteriores avisos?. Yo desde luego muy mal. En mi centro la media de domicilios la semana pasada fue de 19,7. Saque usted mismo las conclusiones. Las gafas las esterilizamos hasta que el plástico está opaco; no tenemos suficientes mascarillas, les ponemos el nombre con rotulador y también se esterilizan, sin saber si pierden o no protección, y al llegar a casa nos lavamos nuestra ropa de trabajo, ya que la lavandería del centro no nos provee de esta ropa con la celeridad que se necesita. Por favor, revisen los datos, somos uno de los países con mayor número de contagiados sanitarios, concretamente 14 en mi centro de salud entre médicos y enfermeras. Y por supuesto es mentira que cuando hay un caso positivo en un sanitario se haga la prueba al resto de compañeros. Es lamentable, triste y temerario que los profesionales sanitarios en esta pandemia tengamos que luchar contra el virus y también para conseguir protección y seguridad. A pesar de todo, seguimos en la brecha, porque nos debemos a nuestros pacientes y nuestro compromiso con ellos está por encima de todo, y por eso también nos hemos adaptado a la nueva organización de los centros de salud, algo en lo que nadie nos ha ayudado. Solamente pedimos a la administración que nos proporcionen material para podernos proteger adecuadamente y no ser vectores de contagio que empeoren la pandemia y que se tenga en cuenta la experiencia de los médicos de China y de todos los estudios que hay publicados. * M. Teresa Benito Martin es médico y trabaja en un centro de salud de Madrid. Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a testimonioscoronavirus@abc.es Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es
5 h
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Los ERTE en estado de alarma
En la situación en la que estamos de estado de alarma –aunque más bien, de acuerdo con la Constitución, podría ser de excepción–, el Gobierno aprobó el Real Decreto-Ley 8/2020 que contempla dos expedientes de regulación de empleo suspensivos. Uno por fuerza mayor y otro por las cuatro causas: económicas, técnicas, organizativas y de producción. Ofrecen dudas sobre cual corresponde a cada situación. Parece claro que las empresas que han tenido que cerrar por así decretarlo el Gobierno es de aplicación el de fuerza mayor; no obstante, surgen dudas con respecto a los que por esa causa, quedándose sin actividad como consecuencia de la paralización de aquellas, también le son de aplicación. En los primeros dice que serán considerados los «que tengan su causa directa en pérdidas de actividad como consecuencia del Covid-19, incluida la declaración del estado de alarma, que impliquen suspensión o cancelación de actividades, cierre temporal de locales de afluencia pública, restricciones en el transporte público y, en general, de la movilidad de las personas y/o las mercancías, falta de suministros que impidan gravemente continuar con el desarrollo ordinario de la actividad, o bien en situaciones urgentes y extraordinarias debidas al contagio de la plantilla o la adopción de medidas de aislamiento preventivo decretados por la autoridad sanitaria, que queden debidamente acreditados, tendrán la consideración de provenientes de una situación de fuerza mayor». Hasta ahora, las suspensiones por fuerza mayor eran por situaciones imprevisibles o, en el caso de previsibles, inevitables (art. 1105 del Código Civil). Si analizamos esta situación cumple esos requisitos: fue imprevisible e inevitable. Está también la denominada «fuerza mayor» impropia en la que la sala IV (social) del Tribunal Supremo, en su sentencia de 103-99, recuerda que tanto la doctrina científica como la jurisprudencia coinciden en que «el impedimento de la prestación de trabajo por acto de autoridad o factum principis (definido habitualmente como orden de la autoridad gubernativa, pero que cabe ampliar por analogía a la resolución de la autoridad judicial) constituye una causa de extinción (o en su caso de suspensión) del contrato de trabajo equiparable a la fuerza mayor». Es decir, aquí se produjo el cese de actividad por orden de la autoridad ante un hecho imprevisible e inevitable. El origen es claro. A muchas empresas, cuyo cierre no ha sido ordenado directamente, les afecta esa situación en cuanto a que la pérdida de la actividad, aunque sea parcial, procede de esa situación y es causa directa de la pandemia y las medidas del gobierno. La causa de la causa es causa del mal causado. «Es un acontecimiento externo al círculo de la empresa, independiente de la voluntad del empresario, existiendo una desconexión entre el evento dañoso y el área de actuación de la empresa», según dos sentencias del TS de 1990. «La suspensión por fuerza mayor no exige la concurrencia de otra causa adicional, como que la empresa se encuentre en situación de crisis», asegura una sentencia del TS de noviembre de 1986. Pero es que, si analizamos el otro expediente posible por causa económica, técnica, organizativa y de producción, debemos examinar las mismas, según el art. 51 del Estatuto de los Trabajadores: «Se entiende que concurren causas económicas cuando de los resultados de la empresa se desprenda una situación económica negativa, en casos tales como la existencia de pérdidas actuales o previstas, o la disminución persistente de su nivel de ingresos ordinarios o ventas. En todo caso, se entenderá que la disminución es persistente si durante tres trimestres consecutivos el nivel de ingresos ordinarios o ventas de cada trimestre es inferior al registrado en el mismo trimestre del año anterior». «Se entiende que concurren causas técnicas cuando se produzcan cambios, entre otros, en el ámbito de los medios o instrumentos de producción; causas organizativas cuando se produzcan cambios, entre otros, en el ámbito de los sistemas y métodos de trabajo del personal o en el modo de organizar la producción y causas productivas cuando se produzcan cambios, entre otros, en la demanda de los productos o servicios que la empresa pretende colocar en el mercado». Observando las mismas podemos apreciar que ninguna se refiere a un hecho imprevisto; se trata, más bien, de una evolución. Las pérdidas tienen que venir de una trayectoria. «Los resultados de la empresa o disminución persistente», en el caso de las económicas, como ejemplo sirva la referencia a los tres trimestres. Tal vez solo las previsibles. Causas técnicas no existen si no se producen modificaciones en la maquinaria. Tampoco organizativas si no se han producido «cambios en los sistemas y métodos de trabajo del personal o en el modo de organizar la producción». Ni productivas al no deberse tampoco referente a los productos que se intenta colocar en el mercado. Está claro que estas tres causas son de evolución también: nadie va a cambiar la maquinaria, la organización o la producción repentinamente, es una decisión tomada antes de estos sucesos. Pienso que la situación a la que se refiere el RDL 8/2020, en el segundo expediente, es a las empresas que estuvieran en esa situación y ahora, como consecuencia del estado de alarma, se les hubiera agravado la crisis. Uno u otro expediente son importantes a nivel económico: en el primero, la exención de cuota a la Seguridad Social es del 100% en empresas de menos de 50 trabajadores y 75% en las mayores. Además, el primero es de tramitación más corta y con menos requisitos. El mencionado Real Decreto tiene una Disposición adicional sexta, que con el nombre de Salvaguarda del empleo, dice: «Las medidas extraordinarias en el ámbito laboral previstas en el presente real decreto ley estarán sujetas al compromiso de la empresa de mantener el empleo durante el plazo de seis meses desde la fecha de reanudación de la actividad». La intención es conocida, pues en la exposición de motivos dice que «contribuye a minorar el impacto negativo sobre el empleo y la actividad económica, dado que se priorizará el mantenimiento del empleo sobre la extinción de los contratos». Resulta confuso, pues no especifica qué es mantener el empleo. ¿Al momento de publicarse el RDL? ¿Al momento de presentar el expediente? No se entiende qué significa mantener el empleo. ¿Los mismos trabajadores que tenía en ese momento? Si fuera así, en el supuesto de que algunos trabajadores fallecieran, se jubilaran o fueran despedidos procedentemente, tendrían que ser sustituidos, lo que conllevaría una carga para las empresas, que en esos seis meses todavía están recuperándose del impacto económico sufrido. ¿O se refiere a mantener el nivel de empleo? Pero eso no lo dice. ¿Cuál será la sanción? ¿Devolver las cuotas condonadas? Tampoco lo dice. Además, recalca que será desde la reanudación de la actividad... ¿y si la actividad se continuó con algunos trabajadores? Es decir, nunca se interrumpió. ¿Qué ocurre? Creo que lo tendrán que aclarar los tribunales, lo que contribuirá a recargar la ya de por sí saturada justicia social. * Ricardo López Mosteiro es doctor en Derecho, profesor titular en la Universidad de La Coruña y abogado. 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9 h
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Carta de una higienista dental: «Si tuviera que poner un título, sería camino a la ruina»
Si tuviera que poner título a mi carta sería “el camino hacia la ruina”. Tengo 39 años y dos niñas pequeñas (de 8 y 11 años) y hasta esta mañana tenía trabajo fijo en mi clínica dental. Soy higienista dental y para montar mi clínica hace nueve años ahorré durante mis primeros seis años de sueldo. Cuando la abrí la cosas no fueron fáciles, así que trabajé duro durante dos años sin cobrar (eso sí, pagando religiosamente la Seguridad Social) porque no había más dinero. He llorado, he sudado, me he quitado muchas horas de ser mamá para atender mi negocio. Hoy me ha tocado mover ficha, porque llevo tres semanas en mi casa encerrada con mis hijas y con el cierre bajado de la clínica dental. Así que esta mañana decidimos todos los asalariados presentar la baja voluntaria: la Seguridad Social la tendríamos que seguir pagando, más la cuota de autónomos de mi compañero y los suministros del local. La ley no contempla el cierre de nuestro negocio, pero la realidad es otra: los pacientes no van a venir y nosotros no los vamos a atender porque no disponemos de los mecanismos para no contagiarnos ni contagiarlos. No sería ético. Así que el propio Gobierno nos ha llevado a tomar la decisión de cierre y baja. No podemos acogernos a los ERTEs y si lo intentáramos, con las causas más que obvias, no solo nos lo van a denegar sino que además tendríamos una multa de 3.000 euros. A mí me parece que esto es una pasada increíble, así que seguiremos cuidando niñas en casa hasta que algún día podamos volver a la "normalidad". Arruinados, sí, pero con la conciencia tranquila. * Begoña Pascual es higienista dental. Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a testimonioscoronavirus@abc.es Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es
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Un respiro con Mingote. La infidelidad
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Isabel de Madrid
Cuando se cerró el acuerdo tripartito que hizo alcalde de Madrid a José Luis Martínez-Almeida respiré tranquilo y esperanzado. El nuevo regente de los destinos de la ciudad de Madrid tenía, en mi opinión, todas las condiciones para ser un gran alcalde, en la línea de Agustín Rodriguez Sahagún, José María Álvarez del Manzano y Alberto Ruiz Gallardón, con todas las condiciones requeridas para el puesto, experto en leyes, y muy especialmente en Derecho Administrativo y Fiscal, en su condición de abogado del Estado. Tras una ordenada carrera política en los organismos provinciales y autonómicos de Madrid había plantado cara, como jefe de la oposición, al equipo de Carmena y sus muchachos y muchachas: Inés Sabanés, José Javier Barbero, Rita... Ver Más
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Regreso al pasado
Afirmaba La Rochefoucauld que ni el sol ni la muerte se pueden mirar cara a cara. Este temor, este afán de exorcizar el tránsito a lo desconocido es tan antiguo como la fabricación de las primeras herramientas humanas: las hojas de sílex. Los antropólogos y los historiadores localizan las primeras tumbas en el llamado periodo musteriense, hace unos 125.000 años, cuando el homo sapiens empezaba a dominar el planeta. Ya en el Paleolítico estaban generalizados los enterramientos en los que el cadáver era sepultado bajo las piedras con sus objetos personales para cazar, vestir y comer. Ello demuestra que los mal llamados hombres primitivos creían que la muerte era una forma de tránsito hacia otra vida. Por eso, protegían cuidadosamente las tumbas.... Ver Más
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El separatismo juega con vidas ajenas
Ni viviendo la peor pesadilla, con miles de muertos y una sociedad alarmada por este espantoso presente e incluso por cuál será la prosperidad a medio plazo que deje esta pandemia, el separatismo consigue apearse su sectarismo. Terriblemente irresponsable es el comportamiento de algunas residencias de ancianos de Cataluña que han impedido que los militares de la UME entren en las instalaciones para desinfectarlas y limitar así los contagios. Hablamos por tanto de un incumplimiento doloso de los presuntos responsables de unos centros que anteponen sus disparatados prejuicios a la vida de los residentes que en teoría atienden y cuidan. Los familiares tienen motivos más que suficientes para ir al juzgado más cercano a pedir cuentas penales a quienes están jugando con la vida de sus seres queridos. Nada les ayudará la Generalitat pues participa de ese boicoteo, anulando peticiones de algunos centros o mandando a empresas privadas a esa cometido. Cuadra ese comportamiento obstruccionista a la labor de las Fuerzas Armadas con el comportamiento del inhabilitado Quim Torra durante todo este proceso: desmontando las primeras instalaciones hospitalarias levantadas por el Ejército, denunciando al Tribunal Supremo ante la ONU, lanzando mentiras gigantescas en la prensa extranjera sobre España... Siempre sobrepasado y nunca a la altura de la gravedad del momento, ayer Torra levantó el perímetro de aislamiento de Igualada después de tres semanas exigiendo su aplicación en toda Cataluña. Cuando esto termine, el separatismo tendrá que rendir cuentas a los catalanes, puede que hasta en los juzgados, por su irresponsable comportamiento y su gestión de la crisis, orientada siempre al pulso con el Estado y el ataque a sus instituciones. El coronavirus tendrá cura, su sectarismo parece no tener remedio.
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Economía basal
Realmente hace unas semanas era impensable que todo el planeta fuera a estar confinado. La situación que la enfermedad Covid-19, producida por el «coronavirus», es el cataclismo sanitario y económico sin precedentes. En el ámbito sanitario las epidemias han dado lugar a la especialidad de epidemiólogo, pero en el ámbito económico, también de la máxima importancia, las crisis vividas no tienen parangón con la que se está produciendo ahora día tras día. Igual que se ha declarado de «estado de alarma» propongo que se pueda producir una «declaración de economía basal», de forma que todos los agentes económicos y los trabajadores sepan a qué atenerse desde el primer momento. La «economía basal» supondría plegarse a las condiciones económicas sobrevenidas que provocan la paralización de gran parte de la economía. Plegarse es asumir la rebaja de toda la actividad, y ello afectaría a todos y, por tanto, requeriría la colaboración de todas las personas incluyendo a los trabajadores y a los empresarios; a las familias y a los pensionistas; a los que ejercen las profesiones libres y a los autónomos. Los sectores esenciales no se verían afectados, al ser necesario que no se paralizaran, pero el resto sí. ¿En qué consistiría? En evaluar las necesidades basales de los hogares, entendiendo por hogar la unidad de convivencia, como antiguamente contabilizaban la población, y esas necesidades determinarían los ingresos necesarios para pasar el tiempo de confinamiento. Es decir, el importe habitual de la nómina de cada trabajador, se reduciría hasta dejarle lo necesario para cubrir la necesidad basal de cada hogar. Esta reducción no sería el resultado de aplicar un porcentaje, pues las personas que perciben altos emolumentos, verían que el descenso era mucho más fuerte que el aplicado a otros trabajadores. Recibiría cada hogar, según sus necesidades, en función del número de miembros que conviviera. Estos descuentos en las nóminas afectarían tanto a las empresas del sector privado, como al sector público, y en todos los casos los impuestos se tendrían en cuenta de forma que el importe neto a recibir, cubrieran las necesidades basales. Las empresas, incluidos los empleadores autónomos, verían disminuidos sus gastos de personal, en mayor medida cuantos más trabajadores emplearan. Los trabajadores autónomos que no tuvieran empleados en nómina recibirían una asignación equivalente a su necesidad basal que les hubiera correspondido. La Administración vería disminuidos los gastos de personal, funcionarios y eventuales, y los que se dedujeran de su propia inactividad, lo que le permitiría destinar a fondos a financiar a aquellos que tuvieran derecho a percibir las ayudas para cubrir la necesidad basal. El tejido productivo de la economía vería reducida su actividad; las empresas o industrias que rebajaran su producción, verían aliviada su situación por el descenso de las nóminas, evitando su cierre. Por otra parte toda cadena comercial experimentaría un descenso de demanda que, en algunos productos, llegaría a cero ventas, pero tras aplicar los descensos de las nóminas del personal, los propios empresarios de las pequeñas y medianas empresas tendrían derecho a percibir el importe de su necesidad basal, siempre que lo solicitaran. La Agencia Tributaria, que tiene suficiente información sobre todos los contribuyentes, tendría que generar una información paralela con los datos de los «hogares» e implementar el sistema que facilite a las empresas las necesidades basales de sus trabajadores, para la aplicación de la economía basal. En un primer momento puede resultar extraño una propuesta de reducir los ingresos y los impuestos, pero es necesario tener en cuenta que sólo duraría el tiempo en el que no se pueda ir al cine, restaurantes, bares, viajes, espectáculos, incluyendo los deportivos, que no se gastaría dinero en transporte ni en gasolina y, por tanto, la necesidad basal sería la suma del gasto en alimentación, agua, electricidad, gas, teléfono y sanidad que serían los elementos esenciales para definir la necesidad basal de los hogares. Las hipotecas podrían aplazarse y para los alquileres habría que encontrar fórmulas para rebajarlos a un nivel basal. Los medios técnicos actuales harían posible la puesta en marcha del mecanismo para su aplicación inmediata en cuanto fuera necesario el confinamiento. Espero y deseo que, a pesar de la globalización, no haga falta nunca declarar la «economía basal».
1 d
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El discurso de la Reina
Isabel de Inglaterra dirigió un emotivo, conciso, directo discurso a sus súbditos. Desde la contención, desde la realeza, desde su inalterable vocación de servicio, supo una vez más liderar a su pueblo en un momento de especial angustia. Desde el exacto lugar que le corresponde, sin populismo, sin demagogia, con su austeridad regia y con la inteligencia de quien encarna el reinado más largo de la historia del Reino Unido, supo armar moralmente a los británicos ante la pandemia, recordando su primer discurso, también desde el Castillo de Windsor, durante la Segunda Guerra Mundial, y ofreciéndose como garantía de una segura victoria. Con las palabras justas, siempre desde la fortaleza, huyendo del sentimentalismo y apelando al carácter y al honor... Ver Más
2 d
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Carta de un enfermero en activo: «Esto no es vocación; estoy aquí por responsabilidad»
Qué difícil es esto. No es duro, es difícil, muy difícil. Paso todo el día metido en casa, solo y pendiente de algún mensaje, alguna respuesta. Miras de reojo los titulares de la televisión sabiendo ya lo que dicen. A las ocho de la tarde llega ese ratito de sacar a los perros en el descampado de detrás, mientras dos vecinas que siempre están ahí, en la ventana sin visillo, me miran con cara de "qué suerte tienes". Si ellas supieran. A las 9 de la noche monto en mi coche, música a tope y la carretera desierta, extrañamente solitaria. En la rotonda unas luces azules me devuelven a la realidad. Les digo que voy al hospital, que soy enfermero y me toca guardia esa noche. No me mandan de vuelta a casa, dicen que parezco de fiar, vaya... Mismo aparcamiento, misma escalera de acceso, mismo paciente en la puerta del hospital, fumando con el suero gastado y mismo vestuario. Con las mismas caras que me encuentro todos los días hasta mi taquilla. ¿Son las mismas? Es que ahora están tras una mascarilla. No sé. Me he cambiado de ropa y el ascensor, hoy, no se hace esperar. Tantos años y tú también te pones en mi contra. Y encima, no te paras en ninguna otra planta, lo que nunca has hecho. La entrada a mi unidad no es la de siempre, ya me lo temía. La puerta de cada habitación, dieciseis en ese laaargo pasillo, está flanqueada por una mesa que sostiene un contenedor grande, negro. Comparte espacio con un frasquito de lejía diluida, un contenedor de residuos contaminados y algunas batas de papel. ¡Los EPI´s no han llegado! Los que sí que están aquí son los infectados, uno por habitación. Leñe, mis compis van de azul, ¿me he equivocado de planta? Pues no. Han instaurado pijamas de trabajo desechables, de usar y tirar. "Pues esto va a ser que los EPI´s están guardados en otro lado". ¡Y un mójon para mí! Sí que hay algunos, pero solo se pueden usar para los casos confirmados; para los dudosos, de los que aún no tenemos confirmación de laboratorio, no. Al menos hay mascarillas, y son naranjas, qué chulas. Lástima que ese sea el único cambio. Por lo demás siguen siendo de papel, para engañar al virus, tan tonto él que a mí no me pillará porque le deslumbra el naranja. "Hala, a trabajar, que para eso te han aplaudido a las ocho de la tarde". Yo no puedo evitar acordarme de los gladiadores. No, no lo puedo evitar, aunque me pese. Cincuenta y nueve años, fumador empedernido, nada "popular" en el gremio. Ya sé que para mí no habría respirador, me lo dicen todos los días en las noticias. ¿Qué hago yo aquí?. No es vocación. ¡Pero si yo quería ser veterinario! Responsabilidad, sí, eso sí. Treinta y cinco años en Geriatría, cuidando personas dependientes al ciento por ciento, que se van y vuelven. Miro a mis compañeras, Magdalena, Mari Ángeles, Ruth... con el mismo miedo que yo, aunque no lo digan, aunque no se nos note. ¡Me quedo! ¡Todos a una!. Si ellas pueden, yo también. Y mañana será otro día. (Otro día) No nos quejemos, ¿hay motivos?... Ya tenemos en la unidad los Equipos de Protección Individual. ¡Por fin! Ahora podemos medirnos con el virus de igual a igual. Los jefes no lo han hecho tan mal, después de todo solo han sido veinte días a pelo. Y nada más que 550 de nosotros han caído en las batallas. Pero fíjate, ahí estamos con nuestras flamantes batas impermeables, nuestras mascarillas FPP2 y nuestros cascos de gladiadores. Hay que comprenderlo, las FPP3 son demasiado caras. Qué pena que a alguien se le haya "olvidado" incluir en el presupuesto las protecciones para el calzado. A lo mejor ha sido un acierto, porque así, en las habitaciones aisladas, vamos pisando y aplastando los "bichos" del suelo. Y cuando salgamos de la zona contaminada, los que se esparzan por ese pasillo largo los vamos a pisar una y otra vez. No creo que quede ni uno vivo, lo recorremos continuamente. Nosotros, por si acaso, hemos puesto en el suelo salvacamas absorbentes empapados en lejía. Dirán que somos unos exagerados, pero por ahí cuentan que "es mejor prevenir". Hoy sí he podido permanecer un ratito con cada paciente, preguntándoles su estado, aliviando sus miedos, y sonriendo con la mirada. Es lo único que me ven. Uno de ellos me ha dicho que "le ha tocado la enfermera más fea", hasta que ha oído mi voz y el pobre se ha asustado. ¿El entorno del paciente? Deprimente. Cuatro paredes, una ventana cerrada a cal y canto, una cama desangelada, aspirador, toma de oxígeno, sueros, saturímetro y un sinfín de utensilios sanitarios desperdigados que deben permanecer ahí siempre. Solos, aislados, mirando a un infinito tan lejano como la pared de enfrente, con sus seres queridos rezando y temiendo por ellos allá, en la cárcel de su hogar. Dios mío. ¿Es que nadie ha pensado en la persona que hay dentro de ese cuerpo invadido? ¿No hay ningún protocolo para esas mentes torturadas? Solos, hora tras hora, día tras día atenazados por la incertidumbre, por un miedo que se sublima en el terror. ¡Canallas! * Fernando Parra Blasco es enfermero y vive en Almería. Si tú también quieres compartir tu testimonio sobre cómo estás viviendo la situación provocada por el coronavirus puedes hacerlo escribiendo a testimonioscoronavirus@abc.es Debes indicarnos tu nombre completo, DNI y lugar de residencia. Seleccionaremos las historias más representativas para publicarlas en ABC.es
2 d
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Un respiro con Mingote. Los ancianos y los niños
2 d
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Balance de urgencia
El balance es desolador: el de una tragedia que no tiene precedente salvo en tiempo de guerra. Es ahora difícil mantener la cabeza fría. La muerte sigue ahí. Al acecho. Pero, en los tiempos más duros, mantener la cabeza fría es obligación moral. Nada va a borrar nuestras emociones ni nuestros desgarros. Nuestro resentimiento, tampoco. Pero es hora de que la razón hable. Sólo. El Gobierno español se ha ido a pique en una loca amalgama de sectarismo e incompetencia. Cataloguemos sus derivas. Sectarismo ideológico, por un lado. Fue primero lo del 8 de marzo. Los organismos internacionales llamaban, desde final de febrero, a evitar concentraciones masivas. Era hora de iniciar los aislamientos. El Gobierno no lo hizo. Tenía sus motivos... Ver Más
2 d
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Insensatos y expertos
En estos minutos de la basura de la modernidad se hace más estragadora aún la subversión de las humanas jerarquías sobre la que se asienta su tiranía. En un orden político sano, gobiernan hombres prudentes que se dejan aconsejar por los sabios. Leonardo Castellani decía que sabia es la persona que abarca «todas las ciencias armadas en sabiduría», convirtiéndolas en habitus vital. Los sabios son gente muy rara (en el doble sentido de «escasa» y de «preciosa») que «ven todo el mundo a través de su ciencia, la hallan en todas partes, se hallan en ella, y están haciendo allí continuos descubrimientos, en luna de miel o noviazgo perpetuo». Esta especie rara de los sabios no puede, sin embargo, sobrevivir... Ver Más
2 d
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Si yo fuese holandés...
En un primer momento, pensé que los holandeses y los alemanes habían sido cicateros, altivos y bordes con nosotros, y que con una lamentable prepotencia nos habían dejado tirados como una colilla. Pero ahora le he dado una pensada y albergo -ay- muchas dudas de que sea así. A finales de marzo, los mandatarios de los 27 países de la UE, club hasta ahora inane ante esta crisis, se reunieron para intentar encontrar soluciones conjuntas. La reunión acabó en gresca mayúscula, porque los países ricos del Norte, con Holanda llevando la batuta, se negaron a aceptar la petición de Italia, Portugal, Francia y España de que se les socorriese con los llamados «coronabonos» (deuda avalada por todos los países de la... Ver Más
2 d
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Otra estrategia: la bolsa y la vida
Aquí estamos, todos por igual, independientemente del país o la clase social, expuestos a la amenaza mortal de un virus que no es chino (los virus no tienen pasaporte), aunque nos llega desde China. Los principales responsables de esta pandemia son los dirigentes de la provincia de Hubei y luego el presidente chino, quienes, por amor al secreto y horror a las malas noticias, ocultaron la verdad, primero a su pueblo y luego al resto del mundo, durante aproximadamente seis semanas. Este ocultamiento fue trágico y decisivo, pues permitió que el virus escapara de su hogar original, la ciudad de Wuhan, para infectar a toda China y al resto del mundo. A esta mentira estatal se sumaron las negaciones, el descuido... Ver Más
2 d
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Soñar con una playa llena de gente
Somos los de hace un año pero en realidad somos otros. La pandemia, esta atroz peste que ha metido a todo el planeta en sus casas, ha dejado las calles desiertas, muertas en vida, que eso es una calle sin gente, apenas un cadáver de asfalto rodeado de edificios. Nada son, apenas un decorado que miramos nostálgicos desde la ventana o el balcón de este confinamiento, casi como quien mira la infancia perdida en el tiempo. Apenas un recuerdo. Y hace solo tres semanas que estamos encerrados... Hoy hace un año, los periódicos se llenaban con titulares como estos: «La ocupación hotelera en España superó el 90 por ciento»; «Andalucía recibió 768.000 visitantes durante los días santos»; «Asturias tuvo la... Ver Más
2 d
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Rectifiación tardía pero necesaria
La Moncloa ha dado finalmente su brazo a torcer y acepta la propuesta que le fue reiterada el sábado por las asociaciones profesionales de periodistas (especialmente por la APM) para que las ruedas de prensa con motivo de la crisis del coronavirus se celebren a través de videoconferencia con la participación directa de periodistas. ABC, que ha encabezado la oposición al sistema de filtrado de las preguntas puesto en marcha por la Secretaría de Estado de Comunicación, celebra esta rectificación que, si bien hubo de producirse mucho antes, es fundamental para que la libertad de prensa se desarrolle sin el menoscabo al que la tenía sometida el Gobierno. Profesionales de ABC fueron los que inspiraron la declaración de protesta de los periodistas ante lo que suponía un claro ataque a la libertad de información que consagra la Constitución y la legislación específica que de ella emana. El filtrado de La Moncloa era una clara mordaza al ejercicio cabal de la profesión periodística, de tal forma que habilitaba a los políticos y técnicos comparecientes a eludir la respuesta o contestar lo que les viniera en gana sin atenerse a la cuestión planteada, pues no existía la repregunta. La situación era tan anómala que ABC decidió anteayer renunciar a participar en esos simulacros de rueda de prensa sin prensa que había ideado el Gobierno y constituían una mera parodia de la transparencia que exige la grave hora que viven los españoles. Lo mismo hicieron otros medios de comunicación, pues a estas alturas la protesta era un clamor. Nuestro compromiso con los lectores exigía esa renuncia a una práctica antidemocrática que limitaba uno de los principios del ejercicio periodístico que es la búsqueda de la verdad. No solo era una burla a los periodistas sino que terminaba siendo un insulto a los ciudadanos. Con esta rectificación gana la libertad de prensa y, sobre todo, ganan los ciudadanos.
2 d
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