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Opinión
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Un respiro con Mingote. Arboles y coches
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A él sí, a los demás no
Cervantes, en su «Quijote», recuerda la ley del embudo para salvaguardar la honra de quienes quedaron en su estrechez estigmatizados por ella en manifiesta desigualdad con aquellos que la recibieron holgadamente. En 1930 escribía Lerroux: «Hace muchos años que los monárquicos se pasan la vida torpedeando al rey... Los republicanos nos hubiéramos contentado con derribar la monarquía... Los monárquicos, cuando no les sirve, la deshonran.» Hogaño, con la laxitud moral que caracteriza nuestras acciones todas, el insulto a la Corona ha venido a caerse de los labios de unos y de otros y venir a manos de tanto grosero en apariencia gracioso, aunque no puede haber gracia donde no hay discreción. Una vez se atrevió el ocioso pueblo a exteriorizar su vejamen; vino, en su ascensión invertida, a aposentarse en las gradas cuasi sagradas del Congreso y a ser escupido fea e inficientemente entre aquella colectividad augusta. Execrable nos parece que se manche la calle con tales vituperios, pero que en el propio Parlamento se profieran y no hallen por respuesta sino un recio trenzado de silencio alcanza la sinrazón de lo inadmisible. S.M. el Rey emérito no ha estado demasiado distante de su abuelo quemando siempre -paréntesis de placeres privados, ¿qué monarca no los ha tenido? - su vida tras una quimera ideal: hacer de España la patria respetada y en paz mediante consenso de concordia nacional. En cualquier caso, Cervantes nos recuerda por boca de su inmortal caballero: “Al que has de castigar con obras, no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones”. Aquellos primeros consejos a Sancho encierran verdades no menos aforísticas: “Cuando te sucediere juzgar algún pleito de algún tu enemigo, aparta las mientes de tu injuria, y ponlas en la verdad del caso.” ¿Acaso no languidecen y atenúan y hasta se olvidan muchas veces delitos contra la Hacienda pública de un calado formidable? ¿Dónde está, verbigracia, el caudal despilfarrado en Andalucía? ¿Acaso la laceria moral de D. Juan Carlos I, si la hubo, debe brillar cual antorcha inapagable en toda la casa del Estado y, la de los otros, quedar miserable bajo el celemín? D. Alfonso XIII declaró una vez golpeando su conciencia escrupulosa: «Un rey puede equivocarse, y, sin duda, erré yo alguna vez; pero sé bien que nuestra patria se mostró en todo tiempo generosa ante las culpas sin malicia...» ¿Por qué a D. Juan Carlos, que tan alto y digno puso siempre en el mundo el pabellón de España, tarea impagable e incuantificable, se le mide por donde el embudo se estrecha, y a los demás no? ¿Habrá que volver otra vez a aquellos consejos de D. Quijote a Sancho Panza con que, antes que fuese a gobernar la ínsula, le advertía: “Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente, que no es mejor la fama del Juez riguroso que la del compasivo.”? ===================================== Juan Antonio López Delgado, C. de la RR. AA. de la Historia y de Alfonso X el Sabio
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El año del mono
En la madrugada de la Nochevieja de 2015, Patti Smith alquiló una habitación en el Drean Inn en la playa de Santa Cruz (California). Había ido allí a dar un concierto, pero estaba mentalmente ausente porque su amigo Sandy Pearlman agonizaba en un hospital. Había cumplido 70 años. La cantante, guitarrista, compositora y poeta atravesaba una profunda depresión y una crisis de creatividad cuando decidió vagar sin rumbo a lo largo de unas semanas por la costa Oeste, el desierto de Arizona, Kentucky y finalmente Nueva York. El resultado de ese viaje es «El año del Mono», premiado con el National Book Award, el más importante galardón literario de Estados Unidos. La letra de sus canciones, su apariencia andrógina y la estética... Ver Más
3 h
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¡Illa, llévate contigo a Simón!
En cualquier país cuyos gobernantes sintieran algún respeto por los gobernados, Fernando Simón y Salvador Illa estarían en su casa, despojados de unos cargos que ni merecen por su cualificación profesional ni han sabido honrar mostrando un mínimo de competencia en el desempeño de sus funciones. Uno y otro se mofan de nosotros, que pagamos sus sueldos intactos pese a los recortes sufridos en los nuestros, a través de unas actuaciones causantes de muerte y ruina. Uno y otro utilizan puestos de vital importancia para fines completamente ajenos a la salud de los ciudadanos: Illa, sacar el máximo partido de la visibilidad que le otorga la pandemia, con el fin de mejorar sus resultados en las elecciones catalanas. Simón, alimentar... Ver Más
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Solo Illa podrá suspender los comicios catalanes
Los jueces han acordado mantener el 14 de febrero como fecha de las elecciones catalanas y no respaldar la pretensión del independentismo de convocarlas el 30 de mayo. Pese a la pandemia, el Tribunal esgrime razones prioritarias de «interés público» para evitar una provisionalidad que afecte al funcionamiento de las instituciones. Es cierto que Cataluña se halla en una situación anómala que urge corregir en las urnas. No obstante, los jueces, conscientes del aumento de contagios, matizan que si el Estado aumenta las restricciones de movilidad ciudadana, estaría justificado retrasar las elecciones. Es decir, en definitiva compete al Gobierno de la nación decretar o no un confinamiento endurecido, y a la larga es Salvador Illa, en su doble condición de ministro de Sanidad y de candidato del PSC, quien decide junto a Pedro Sánchez. Y su interés es que sean el 14-F, lo cual no deja de generar una extraña incompatibilidad por evidente conflicto de intereses. Habría tantas razones lógicas para suspender los comicios como para mantenerlos. Pero mientras haya un solo catalán que pueda ir al cine, viajar en transporte público o trabajar, no sería lógico un aplazamiento. Hoy es el día en que aún Cataluña sigue sumida en la incertidumbre.
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Demasiada burla para una pandemia
El Gobierno está llevando el filibusterismo parlamentario al grado de excelencia. El todavía ministro de Sanidad, Salvador Illa, está burlando al Congreso de forma premeditada para no dar explicaciones sobre la evolución de la pandemia durante los seis meses de estado de alarma. Illa trampeó los trámites del Congreso en diciembre para no rendir cuentas, y envió una solicitud de comparecencia inválida y deliberadamente desactivada para enero, cuando solo quedaban cuatro días hábiles del mes anterior. De este modo, el Gobierno sumará hasta tres meses sin dar explicación alguna cuando cifras oficiales del INE calculan ya en unos 80.000 los españoles muertos. Esto no ocurre en ningún país europeo. Es solo una añagaza política diseñada para no tener que asumir ningún tipo de desgaste, porque tanto Sánchez como Illa sabían de antemano que el ministro sería el candidato socialista a las elecciones catalanas. Ese es el motivo también por el que Illa se ha enfrentado a las comunidades, negándose siquiera a evaluar la necesidad de reformar el decreto de alarma y los toques de queda. Sánchez e Illa están desaparecidos porque están más interesados en ganar votos que en luchar contra la pandemia. Es injustificable que ninguno de los dos, después de su operación propagandística de cubrir con logotipos del Gobierno las cajas de las vacunas, se escondan ahora, cuando varias comunidades han dejado de administrarlas por falta de dosis, cuando la tasa de contagio está en cifras récord, o cuando ya faltan hasta jeringuillas. No es justo que la respuesta sea solo resignarse. El ansiado proceso de vacunación se está convirtiendo en una inmensa chapuza para la que solo oímos las excusas de unas autonomías completamente desprotegidas. El estado de alarma es un salvoconducto para que Sánchez ignore al Parlamento, desprecie a la oposición y comprometa a las autonomías. Desde luego, no se está usando para luchar con eficacia contra la pandemia, sino para que Moncloa haga ostentación de su poder. Sánchez miente, Illa está de campaña, y Fernando Simón confunde. El resultado solo puede ser una creciente frustración. En este contexto se ha abierto un debate social sobre la procedencia o no de que los políticos y cargos públicos tengan un derecho de preferencia para vacunarse. Pero si se ha aprobado un protocolo que prioriza al personal sanitario y a los ancianos de las residencias, más expuestos al riesgo que nadie, todos aquellos consejeros, alcaldes y concejales que se han vacunado -incluida desde luego la cúpula militar tras el escándalo de vacunaciones secretas en el Estado Mayor-, han incurrido en un fraude moral con la sociedad. Pudo haberse regulado en el protocolo y expresamente no se hizo porque no hay ningún dato objetivo que justifique la inmunización de ningún político o alto cargo que no esté en evidente situación de riesgo o en contacto directo y continuado con el virus. Por eso han actuado a escondidas y con la impunidad de quien creía que no se sabría. Tarde llegan las excusas y los arrepentimientos, pero no han sido ejemplares ni transparentes, ni es explicable que se mantengan en sus cargos. Han usado en su exclusivo beneficio recursos públicos destinados a otras personas con más necesidades, y eso es una burla. Hacen daño a la política, y ahora el Jefe del Estado Mayor de la Defensa y otros mandos militares también se lo hacen al Ejército. En su opacidad está la prueba. Las dimisiones y las destituciones son una exigencia democrática.
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La gran estafa
No pocos lectores compartirán que vivimos una realidad de engaño desde el poder. Antes no se había conocido un presidente de Gobierno que mintiera tanto. Se trata de una gran estafa política en tres tiempos -al menos- y con afectados varios. El primer afectado es el pueblo español en su conjunto desde un golpe parlamentario, que eso fue la moción de censura de Sánchez. Afectados son los afiliados al PSOE que se encontraron de pronto con un partido diferente. Y no menos los votantes socialistas que al día siguiente de las últimas elecciones conocieron un pacto que seguiría un programa de gobierno distante al que habían dado sus votos. Un amigo ya sin tiempo con quien tanto quería, como escribe... Ver Más
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Un respiro con Mingote. Previsiones
1 d
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Originales
He oído decir a Lola Flores «empowerment» y casi me caigo de la silla. Ya no se respeta ni lo sagrado. ¿Por qué inventar discursos que nunca dijo si lo que decía era más importante? Nada tengo contra las cervezas españolas que saben a cerveza y no a regaliz (el brebaje artesano os lo metéis por ahí). Viva Cruzcampo, Mahou y Estrella de Levante (no voy a nombrarlas todas), pero el anuncio de la primera con una Lola Flores falsa me da grima. Porque no la reconozco. Porque sólo se parece a ella, pero se ve que no es ella. Porque la voz no es la suya. Ese «deepfake» que reivindica el acento andaluz con Lola dirigiéndose a artistas jóvenes... Ver Más
1 d
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Estados Unidos ha vuelto
¡Aleluya! Vuelven los Estados Unidos a su lugar de origen, a la familia de naciones que más ha hecho por el desarrollo de la humanidad, a ser faro y líder de ellas cuando más necesitan su liderato, generosidad y ejemplo. «¿Qué se siente en el ambiente?», pregunto a una amiga neoyorquina. «Alivio», es su escueta y explícita respuesta. Lo que se siente tras un huracán o seísmo. Lo que se ha sentido en Europa, en Asia, en África y en el resto de América después de haber visto y oído tomar posesión a Joe Biden, el hombre indicado para el momento oportuno. Un americano tranquilo, que asume la tarea de volver a la normalidad a su país sin bravatas ni aspavientos,... Ver Más
1 d
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La otra peste
Bocaccio aprovechó la peste negra de Florencia para sus cuentos del «Decamerón» y Zapatero aprovecha la peste amarilla de Wuhan para su ensayo «No voy a traicionar a Borges». -Hay tiempos de horror y de locura entre los hombres como hay tiempos de peste -fue la admonición de Voltaire. Churchill mereció el Nobel de Literatura, y Azaña, el «escritor sin lectores» que decía Unamuno, mereció la mesilla de noche de Aznar, lo cual obliga a Casado a convertir la suya en palé para los libros de Chaves Nogales que le vayan pasando los liberalios más «engagés». A Zapatero debió de darle por Borges en los delirantes trayectos León-Madrid en bus, un viaje sin sentido ni fin, la verdadera «aporía». Ya decía Sábato que... Ver Más
1 d
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Saltarse los semáforos
Cuando el Ejecutivo aplicó en Madrid, el 9 de octubre, un estado de alarma diseñado para acorralar a Díaz Ayuso, la incidencia acumulada del Covid a catorce días era en esa comunidad algo superior a los quinientos infectados por cien mil habitantes. Ahora es de casi ochocientos. Hay media docena de autonomías -y más de treinta provincias- por encima de los mil casos y sólo Canarias baja de los doscientos cincuenta establecidos como frontera del riesgo intenso. El famoso «semáforo» elaborado por Sanidad está en todo el país en un rojo vivo, incandescente, y más de la mitad del territorio se encuentra en situación técnica de peligro extremo según los indicadores del propio ministerio. La gravedad de la crisis es... Ver Más
1 d
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Ganó el candidato que habla bajito
No nos andemos con interpretaciones equívocas y desdichadas: Illa no admite cambios en el toque de queda por la sencilla razón de que entonces debería retrasar las elecciones en Cataluña. Su gobierno no tendría excusa para no propiciarlo: si se cambia el estado de alarma por la gravedad de la situación en algunas comunidades, los catalanes no deberían ir a votar. Seguramente tampoco podrían a otras partes, como les pasaría a algunos vallisoletanos o conquenses, pero, desde luego, no estarían en condiciones de hacer cola en un colegio electoral. En esa diatriba, el candidato Illa se impone al ministro Illa: lo que pueda pasarle a los leoneses, digamos, me importa menos que lo que nos pueda pasar a los socialistas... Ver Más
1 d
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Un indecoroso manoseo
Muy pronto, con la ávida iniciativa de los partidos políticos y a su hilo las asociaciones judiciales mayoritarias, el Consejo General del Poder Judicial ha sido víctima de un constante, indecoroso y deformante manoseo, con la aportación eminente de un Tribunal Constitucional que -en oposición notoria a la que había sido voluntad manifiesta del poder constituyente- bendijo que los doce miembros jueces del Consejo fuesen elegidos por las Cortes Generales en vez de por la propia Magistratura. El perverso efecto ha sido fulminante: nacido el Consejo General para exteriorizar la independencia de los jueces con relación al poder político, por el contrario, la apreciación ciudadana lo percibe como la pieza acreditativa de su dependencia de ese poder. A la línea de... Ver Más
1 d
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Un respiro con Mingote. Lluvias
2 d
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