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Personas centenarias: la resiliencia de los resistentes
Algunos de ellos han pasado tres guerras y varias crisis y, de momento, han vencido al virus SARS-CoV. Vivieron la postguerra y las hambrunas, ayudaron a levantar este país y ahora viven en un centro residencial con todas las comodidades. Son resilientes. La resiliencia es la capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido; es la propiedad que tienen algunos materiales de adaptarse al cambio (estiramiento, elongación,…) para luego volver al sitio. Cuando se aplica a las personas se refiere a la capacidad de superación de crisis vitales, la adaptación a las crisis o a los cambios sin quebrarse. Es la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador, un estado o una situación adversa (según la RAE). En todas las etapas de la vida, las personas han de realizar ajustes y adaptarse a los cambios que suceden, tanto en sus conductas como en sus relaciones, creencias y pensamientos. En ocasiones, las dificultades a las que se enfrentan las personas son muy grandes y difíciles, pero todas ellas son oportunidades para poner en juego nuevos recursos y soluciones. Durante el tiempo de pandemia que hemos vivido ha sido necesario un esfuerzo de adaptación por parte de todos. Aquellas personas mayores que han sabido ajustarse personal y socialmente a los cambios y a las adversidades, normales y extraordinarias, que siguen teniendo un adecuado nivel de funcionamiento en las diferentes áreas vitales del desarrollo, y que mantienen una adecuada satisfacción con su vida y bienestar psicológico, son los resilientes. En los 50 centros Ballesol de España viven 1.691 personas de 90 a 96 años y 290 personas de 97 años y más. Los lugares donde más centenarios hay son, por este orden: Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Galicia, Aragón, Andalucía, Cataluña. Las personas que envejecen bien y llegan a superar la frontera de los noventa son un ejemplo de resiliencia que siempre nos sorprende y admiramos. ¿Quién no firmaría por estar así de bien a los 100 años? Desde hace un tiempo, a los científicos en general y a los gerontólogos y geriatras en particular nos interesa saber cuáles son sus secretos pues nos estarían dando las claves del buen envejecer. ¿Es el ejercicio físico? ¿Es la nutrición? ¿Las relaciones sociales? ¿La manera de mirar la vida con optimismo y alegría? Aún nos falta mucho por saber pues la mayor parte de los estudios se han realizado con modelos animales. Los resultados de las investigaciones realizadas con centenarios muestran que existe una asociación significativa entre realizar actividades de ocio y el mantenimiento de la salud cognitiva, funcional, percibida y emocional, de tal forma que disfrutar de ellas favorece el bienestar y calidad de vida y sobretodo en las edades más avanzadas y en las circunstancias personales más diversas. En estos tiempos de pandemia y nueva normalidad se ha podido ver cómo los centros residenciales han adecuado las actividades para que las personas nonagenarias y centenarias pudieran seguir en contacto con sus familias y realizando actividades significativas… ¿Cómo han ayudado las actividades a afrontar el confinamiento? Ilustraremos con algunos ejemplos: 1.Recibir cartas. Como recurso adicional, se habilitó un correo en donde los familiares y amigos podían remitir cartas a sus seres queridos que se encontraban en los centros. Todos los textos eran leídos por los profesionales a aquellos residentes a los que iban dirigidos, grabando en vídeo dicho momento con un doble objetivo: por una parte, rebajar el impacto que producía el aislamiento en los residentes y, por otra, reducir el nivel de ansiedad e intranquilidad que pudieran tener las familias. Esta iniciativa se realizó en todos los centros Ballesol. Los familiares enviaron más de 1.400 cartas, con dibujos, videos, música, originales, divertidas, muy cariñosas y emotivas. También algunos vecinos o los niños de colegios cercanos enviaron cartas y dibujos de niños, adolescentes y profesores. Además, las cartas se fueron colgando en cada centro en una pared para que quien quisiera la pudiese ver o leer en cualquier momento. 2. Disfrutar de canciones personalizadas. A partir de las fotos y cartas que enviaban las familias se crearon canciones personalizadas. Se ponía la canción con las fotos a la vez que se hacía una videollamada a los familiares. 3. Hacer que todos los días no pareciesen iguales. Para ello se realizó un Diario Positivo que, además de elevar el ánimo de los residentes, les centraba en el día, hora y lugar en que se encontraban. 4. Música y emociones. Numerosos fueron también los vídeos de ánimo y aliento, tanto para residentes como para los profesionales. Los TASOC se cargaron de optimismo y se volcaron para que la realidad fuera un poco más llevadera, utilizando la música y las canciones. Así, por ejemplo, a las ocho de la tarde, no solo se aplaudía, también se cantaba y bailaba, todo lo cual contribuía a preservar al máximo su estado emocional y a que las familias sintiesen que sus seres queridos se encontraban en buenas manos, con profesionales con vocación de servicio y cuidado. 5. Visitas mediadas. En el momento en que se pasó de fase y fue posible salir a la calle, comenzaron a realizarse encuentros con los familiares manteniendo la distancia. Al menos había contacto visual a través de ventanas y verjas. 6. Poder dar y recibir abrazos. Los abrazos de plástico con los familiares, fueron un éxito después de tantos meses de distancia física. La práctica de ocio en la edad avanzada potencia el bienestar eudaimónico, además de ser parte del propósito de vida y de la motivación para levantarse cada nuevo día. Podríamos contar muchas más cosas, pero lo que está claro es que solo vale la pena vivir la vida si tiene sentido. Y estos nonagenarios y centenarios han encontrado un sentido a sus vidas a pesar de la pandemia, a pesar del confinamiento y más allá de la distancia física y social.
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El tiempo frente a la pantalla y la duración del sueño predicen el sobrepeso en los niños
El tiempo frente a la pantalla y la duración del sueño predicen de forma independiente el exceso de peso en los niños y deben considerarse como parte de las estrategias de prevención para reducir la carga del sobrepeso y la obesidad y las condiciones de salud relacionadas, según un estudio en el que participaron más de 4.000 niños de 2 a 11 años de ocho países europeos presentado en el Congreso Europeo e Internacional sobre Obesidad (ECOICO 2020). Las tendencias mundiales sugieren que el tiempo de sueño de los niños está disminuyendo, mientras que el tiempo de pantalla y el sobrepeso y la obesidad aumentan. Se ha informado que en todo el mundo el 90% de los adolescentes no duerme las 9 a 11 horas recomendadas por noche, lo que ha coincidido con un aumento en el uso de dispositivos basados en pantalla. Solo en Gran Bretaña, se estima que los jóvenes (de 8 a 19 años) pasan un promedio de 44 horas a la semana mirando pantallas. Una comprensión más profunda de los factores de riesgo modificables que conducen al exceso de peso en niños y adolescentes podría brindar oportunidades únicas para prevenir las consecuencias de salud inmediatas y duraderas del sobrepeso. Estos nuevos hallazgos corroboran la evidencia de estudios previos que indican que tanto la duración del sueño como el tiempo frente a la pantalla están asociados independientemente con el sobrepeso, al tiempo que agregan evidencia sobre cómo estos comportamientos interactúan entre sí para influir en los cambios en el estado de peso entre la población joven. En el estudio, los investigadores examinaron las asociaciones entre el tiempo frente a la pantalla, la duración del sueño y el sobrepeso incidente en 4.285 niños (de 2 a 11 años de edad) de IDEFICS (Identificación y prevención de efectos de salud inducidos por la dieta y el estilo de vida en niños y bebés) y el I. Estudios Familiares, que incluyen a niños de ocho países europeos (España, Alemania, Hungría, Italia, Chipre, Estonia, Suecia y Bélgica) seguidos desde 2009/2010 hasta 2013/2014. Se pidió a los padres que informaran cuánto tiempo pasaban los niños en promedio viendo televisión, jugando consolas de juegos, usando un teléfono móvil, computadora o tableta y durmiendo cada día al comienzo del estudio. Los investigadores encontraron que el tiempo de pantalla (horas por día) y la duración del sueño (horas por día) tenían una correlación inversa, lo que significa que la disminución en uno de ellos se encontró con un aumento en el otro, por lo que los investigadores evaluaron sus efectos separados y conjuntos sobre la trayectoria del peso. Los análisis de 3.734 niños que no tenían sobrepeso ni obesidad al inicio del estudio, encontraron que por cada hora extra de visualización de la pantalla, los niños tenían un 16% más de probabilidades de tener sobrepeso u obesidad durante el seguimiento, mientras que cada hora menos de sueño se asociaba con un 23% más de riesgo de sobrepeso u obesidad. Sin embargo, después de ajustar los datos por posibles factores de confusión, incluidos el sexo, la edad, la región del país europeo y el nivel de educación de los padres, los investigadores encontraron que la asociación entre el tiempo de pantalla y el sobrepeso ya no era estadísticamente significativa, pero la duración del sueño seguía siendo un predictor independiente significativo. de sobrepeso. «Nuestro estudio destaca el potencial de las estrategias de prevención del sobrepeso y la obesidad que promueven la duración adecuada del sueño y limitan el tiempo frente a la pantalla, dado que ambos predijeron de forma independiente el sobrepeso incidente en nuestro estudio», dice la doctora Viveka Guzman del Royal College of Surgeons en Irlanda, quien dirigió la investigación. «El sueño es una parte a menudo infravalorada pero importante del desarrollo de los niños, con una falta regular de sueño que causa una variedad de problemas de salud --añade--. Nuestros hallazgos sugieren que la duración del sueño juega un papel en el vínculo entre el tiempo de pantalla y el sobrepeso, pero se necesita más investigación para comprender el mecanismo subyacente a esta relación». Los autores reconocen que sus hallazgos muestran asociaciones observacionales, por lo que no se pueden sacar conclusiones sobre causa y efecto.
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El ejercicio físico intenso mejora la memoria y la adquisición de nuevas habilidades motrices
Si el deporte es bueno para el cuerpo, también parece ser bueno para el cerebro. Al evaluar el rendimiento de la memoria después de una sesión deportiva, neurocientíficos de la Universidad de Ginebra (Suiza) han demostrado que una sesión de ejercicio físico intenso de tan solo 15 minutos en una bicicleta mejora la memoria, incluida la adquisición de nuevas habilidades motrices. Según sus hallazgos, mediante la acción de los endocanabinoides, moléculas conocidas por aumentar la plasticidad sináptica. Este estudio, publicado en la revista científica «Scientific Reports», destaca las virtudes del deporte tanto para la salud como para la educación. Los programas y estrategias escolares destinados a reducir los efectos de la neurodegeneración en la memoria podrían beneficiarse de ello. Muy a menudo, justo después de un ejercicio deportivo, especialmente de resistencia como correr o el ciclismo, uno siente bienestar físico y psicológico. Esta sensación se debe a los endocannabinoides, pequeñas moléculas producidas por el cuerpo durante el esfuerzo físico. «Circulan en la sangre y cruzan fácilmente la barrera hematoencefálica. Luego se unen para especializar los receptores celulares y desencadenan esta sensación de euforia. Además, estas mismas moléculas se unen a los receptores del hipocampo, la principal estructura cerebral para el procesamiento de la memoria», explica una de las autoras del trabajo, Kinga Igloi. Para probar el efecto del deporte en el aprendizaje motor, los científicos pidieron a un grupo de 15 hombres jóvenes y sanos, que no eran atletas, que se sometieran a una prueba de memoria en tres condiciones de ejercicio físico: después de 30 minutos de ciclismo moderado, después de 15 minutos de ciclismo intenso (definido como el 80 por ciento de su frecuencia cardíaca máxima), o después de un período de descanso. «El ejercicio era el siguiente: una pantalla mostraba cuatro puntos colocados uno al lado del otro. Cada vez que uno de los puntos se convertía brevemente en una estrella, el participante debía pulsar el botón correspondiente lo más rápido posible. Seguía una secuencia predefinida y repetida para evaluar con precisión cómo se aprendían los movimientos. Esto es muy similar a lo que hacemos cuando, por ejemplo, aprendemos a escribir en un teclado lo más rápido posible. Después de una sesión deportiva intensiva, el rendimiento fue mucho mejor», detalla Blanca Marín Bosch, otra de las autoras. Además de los resultados de las pruebas de memoria, los científicos observaron cambios en la activación de las estructuras cerebrales con la resonancia magnética funcional y realizaron análisis de sangre para medir los niveles de endocannabinoides. Los diferentes análisis coinciden: cuanto más rápido son los individuos, más activan su hipocampo (el área cerebral de la memoria) y el núcleo caudado (una estructura cerebral implicada en los procesos motores). Además, sus niveles de endocannabinoides siguen la misma curva: cuanto más alto es el nivel después de un esfuerzo físico intenso, más se activa el cerebro y mejor es el rendimiento del cerebro. «Estas moléculas están implicadas en la plasticidad sináptica, es decir, en la forma en que las neuronas están conectadas entre sí, y por lo tanto pueden actuar sobre la potenciación a largo plazo, el mecanismo para la consolidación óptima de la memoria», reflexiona Marín Bosch. Mejorar el aprendizaje escolar En un estudio anterior, el equipo de investigación ya había demostrado el efecto positivo del deporte en otro tipo de memoria, la memoria asociativa. Sin embargo, contrariamente a lo que se muestra aquí, habían observado que una sesión deportiva de intensidad moderada producía mejores resultados. Por lo tanto, se muestra que, como no todas las formas de memoria utilizan los mismos mecanismos cerebrales, no todas las intensidades deportivas tienen los mismos efectos. Cabe señalar que, en todos los casos, el ejercicio físico mejora la memoria más que la inacción. Al proporcionar datos neurocientíficos precisos, estos estudios permiten prever nuevas estrategias para mejorar o preservar la memoria. «La actividad deportiva puede ser una intervención fácil de aplicar, mínimamente invasiva y poco costosa. Por ejemplo, ¿sería útil programar una actividad deportiva al final de una mañana escolar para consolidar la memoria y mejorar el aprendizaje?», se pregunta. En un estudio anterior, el equipo de investigación ya había demostrado el efecto positivo del deporte en otro tipo de memoria, la memoria asociativa. Pero, contrariamente a lo que se muestra aquí, habían observado que una sesión deportiva de intensidad moderada, no de alta intensidad, producía mejores resultados. Así pues, así como no todas las formas de memoria utilizan los mismos mecanismos cerebrales, no todas las intensidades deportivas tienen los mismos efectos. Cabe señalar que en todos los casos, el ejercicio físico mejora la memoria más que la inacción.
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Educar en casa gana adeptos en la temida vuelta al cole de la era covid
Las familias que optan por una educación alternativa a la estandarizada en España y la prefieren en casa han aumentado en esta vuelta al cole de la covid, en algunos casos por miedo a los contagios y en otros, la mayoría, porque la situación propiciada por la pandemia ha despejado sus dudas sobre este modelo. La educación en familia está contemplada por el Ministerio de Educación para casos específicos -feriantes, artistas o deportistas de élite- que siguen un sistema regulado, pero no como una alternativa al modelo de escolarización implantado en España. Se podría afirmar que, en cierta manera, de marzo a junio los alumnos de toda España han sido «homeschoolers"», según asegura a Efe el abogado de la Asociación para la Libre Educación y profesor de la Universidad Europea de Valencia, Jorge Sánchez-Tarazaga. En el último mes, la Asociación para la Libre Educación constata un incremento notable de familias que han elegido este modelo, más de un centenar, si bien no todas las que practican el «homeschooling» -entre 2.000 y 4.000 en España- pertenecen a la asociación. Creada hace dieciocho años con el objetivo de lograr el reconocimiento legal de la educación en casa, su portavoz, Alejandro Muñoz, asegura que la pandemia ha propiciado un incremento en el número de familias que se están acercando a este modelo de enseñanza, y pide que no se les confunda con los absentistas. La mayoría de los nuevos son familias que tenían dudas entre comenzar la educación en casa o continuar con el sistema tradicional por miedo a las consecuencias que puede tener legalmente la primera opción o los efectos que conlleva en la organización familiar, y la situación de los últimos meses ha alentado que finalmente hayan decidido educar en casa. Jorge Sánchez-Tarazaga aclara que no es que la Asociación para la Libre Educación promueva la educación en casa para protegerse de la covid, sino que algunas familias se han interesado al ser una entidad con experiencia en este modelo. Se ha identificado el derecho a la educación del menor, que todo el mundo apoya, con la escolarización obligatoria, pero «no es lo mismo», defiende, y en la educación en casa existe un proyecto educativo aunque este no coincida con «el sistema industrial». ALEGALIDAD Al no estar regulada ni reconocida, este tipo de educación es «alegal» en España, no así en otros países como Portugal, Italia, Francia, Irlanda, EEUU, Polonia o Suiza, y por ello cuando se detecta una situación de este tipo se inicia el protocolo de absentismo, si bien hay comunidades autónomas que han hecho una diferenciación entre las situaciones de absentismo real y la educación en casa. La Asociación para la Libre Educación ha mantenido contacto en los últimos meses con varios grupos políticos para exponer sus propuestas, pero no ha encontrado interés. Para que haya un reconocimiento legal por parte de la Administración para la educación en casa hace falta una voluntad política y un apoyo social; precisamente la pandemia ha dado visibilidad al modelo en casa y parece que ha crecido el apoyo social. Tipos de educación en familia No hay un solo tipo de «homeschooling» : unos prefieren aplicarlo de forma similar a las escuelas, con un temario y horas específicas para cada materia, y otros se basan en la motivación intrínseca de los niños por aprender y los padres solo hacen un acompañamiento al aprendizaje. Conforme avanza el grado de conocimientos, es posible que los padres no dominen por completo la materia, y entonces entra en juego el material que existe en internet, las bibliotecas o la ayuda externa, que pueden ser otros padres, por ejemplo, en el aprendizaje de idiomas extranjeros. Filosofía de vida Se trata de estar dispuesto a cambios en las familias para ofrecer a los niños todo el tiempo a su disposición, cambios que pueden incluir que uno de los miembros de la pareja no trabaje o deje el mercado laboral o que ambos trabajen a tiempo parcial o desde casa. También implica «renunciar a alguna cosa» y acoplar la economía a tus decisiones, opina Muñoz de un sistema que «no es» para todas las familias, según reconoce Sánchez-Tarazaga. Educación alternativa El abanico de modalidades de educación basadas en relaciones distintas con los niños es más amplio y comprende también sistemas libres en que los niños deciden cuándo aprender, cómo y con quién. En Orba (Alicante) existe una escuela así: Ojo de Agua, caracterizada por poner el foco en los intereses de los niños desde el concepto de respeto. Funciona como una democracia directa (aunque limitada) y los niños tienen voz y voto en la asamblea semanal para decidir múltiples aspectos de la convivencia. El ecosistema y la sostenibilidad -se ubica en una finca de 2,7 hectáreas- son también factores fundamentales de la escuela, que cuenta con entre 60 y 80 participantes al año de entre 3 y 16-18 años de diversas nacionalidades. El contacto con la naturaleza y el bienestar emocional y social son factores decisivos en la salud física de niños y jóvenes, según considera Javier Herrero, impulsor de esta escuela junto a Marién Fuentes.
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Estos son los comportamientos que pueden alertar de que un niño puede estar sufriendo problemas de visión
El jefe de Oftalmología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja de Madrid, Emilio Dorronzoro, ha destacado la importancia de que los niños tengan una buena salud ocular durante la época escolar, ya que es necesario que vean correctamente para poder aprender a leer, ver bien la pizarra y escribir. «Además, el sentido de la vista ayuda al desarrollo de la psicomotricidad fina y a mejorar la coordinación ojo-mano», ha explicado el experto, para avisar de que en muchas ocasiones los padres no son conscientes de los problemas de visión de los niños y ellos no lo expresan con claridad o no consideran que deban decirlo. Por ello, las visitas periódicas al oftalmólogo son la mejor manera de detectar los problemas visuales infantiles. «Es frecuente que los alumnos con problemas de visión que aún no han sido diagnosticados no solo rindan menos en el colegio, sino que suelan tener mayor dificultad para, por ejemplo, desarrollar el gusto por la lectura», ha dicho Dorronzoro. Existen ciertos comportamientos que pueden servir como alerta para saber que un niño puede estar sufriendo problemas de visión como, por ejemplo, que entrecierre los ojos o los guiñe cuando tiene que levantar la vista hacia la pizarra o atender a las explicaciones del profesor; o que se queje de dolores de cabeza o visión borrosa, sobre todo al final de la jornada escolar o a la hora de hacer los deberes. Asimismo, puede ser un síntoma de mala visión si tiene demasiada sensibilidad a la luz y le cuesta adaptar la visión en los ambientes oscuros; se sienta demasiado cerca de la televisión; parpadea con mucha frecuencia y le lloran los ojos; y no enfoca la vista de manera precisa hacia lo que se le señala.
1 d
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El 28% de los niños y niñas padece sobrepeso u obesidad durante la primera infancia
Con el objetivo de seguir generando evidencia científica en torno a la la obesidad infantil, la Gasol Foundation −fundación de los hermanos Pau y Marc Gasol− ha llevado a cabo un estudio centrado en la primera infancia que revela que la obesidad infantil es un problema ya desde los primeros años de vida de los niños y niñas y que, además, e igual que sucede en otras edades, también afecta de forma más relevante a familias en situación de vulnerabilidad socioeconómica. «La obesidad infantil se ha convertido en una pandemia silenciosa en nuestra sociedad y, lamentablemente, nuestro país se sitúa en la cabeza de la lista de países europeos con un mayor índice de obesidad entre los niños y niñas. Dada esta realidad, y con el objetivo de abordar esta problemática desde la primera etapa vital, desde la Gasol Foundation hemos llevado a cabo un estudio centrado en la pequeña infancia», explica Pau Gasol, presidente de la Gasol Foundation. Y añade: «los resultados de este estudio nos han permitido conocer la trascendencia de la problemática ya en los primeros años de vida, así como identificar las principales áreas de actuación». Primera infancia Este análisis parte de los datos extraídos del estudio SantBoiSà de la Gasol Foundation, con el que la fundación evalúa desde el año 2015 el estado ponderal y los estilos de vida de los niños y niñas de entre 3 y 8 años de Sant Boi de Llobregat (Barcelona), municipio donde se ubica la sede mundial de la fundación. A partir de este estudio, se ha podido analizar una muestra de 1.716 niños y niñas de 16 centros educativos de esta localidad: ● El estudio revela que el sobrepeso y la obesidad se presentan, de forma notable, durante la primera infancia. El 28,15% de la población de entre 3 y 8 años sufre exceso de peso y el 9,15%, obesidad. ● Se ha demostrado que la obesidad afecta más a niños con menor nivel socioeconómico, concretamente al 12,6 % frente al 8 % de los niños y niñas más favorecidos. ● Siguiendo la misma tendencia, la obesidad severa −casos con un mayor índice de masa corporal para su edad y género que supone un excesivo riesgo para su salud− en la pequeña infancia se distribuye de forma desigual según el nivel socioeconómico de las familias. Concretamente, afecta a más del doble de los niños y niñas con un menor nivel socioeconómico (4,2%) respecto a los niños y niñas de familias más favorecidas (1,7%). ● Del mismo modo, al estudiar el índice de la circunferencia de cintura respecto a la altura, se observa que la obesidad abdominal −acumulación excesiva de grasa alrededor del abdomen− afecta en mayor medida a la población infantil de menor nivel socioeconómico (35,6%) respecto a los niños y niñas más favorecidos (29,8%). Por todo ello, se considera relevante y pertinente implementar iniciativas de promoción de hábitos de vida saludable dirigidas a la prevención de la obesidad infantil desde los primeros meses/años de vida, priorizando el abordaje de esta epidemia entre las poblaciones en situación de vulnerabilidad socioeconómica. Encuesta sobre salud Paralelamente, la Gasol Foundation ha realizado una encuesta a un total de 277 madres/padres/tutores legales con hijos y/o hijas de 0 a 5 años y 67 profesionales dedicados a la primera infancia para conocer y valorar la necesidad de llevar a cabo proyectos de prevención de la obesidad infantil en los primeros años de vida: ● Un 98,2% de los padres/madres/tutores legales y un 97% de los/las profesionales consideran los primeros años de vida como un periodo clave para la prevención de la obesidad. ● A su vez, el 88% de los padres/madres/tutores legales identifican aspectos a mejorar en el fomento del crecimiento saludable de sus hijos e hijas y, del mismo modo, un 86% de los/las profesionales identifican que las familias podrían mejorar ciertos aspectos. A través de la encuesta también se han valorado aquellas temáticas en relación con la alimentación saludable, el deporte y la actividad física, las horas y la calidad del sueño y el bienestar emocional de los niños y niñas que tanto padres/madres/tutores como profesionales consideran que conllevan un mayor nivel de desafío para asegurar el crecimiento saludable de los más pequeños: ● En una escala del 0 al 10, los padres/madres/tutores legales, identifican la gestión de las emociones (promedio de 8,18 puntos), la gestión de la autoestima (7,95 puntos), el establecimiento de límites (7,70 puntos) y la alimentación saludable para el desarrollo saludable (7,09 puntos) como las principales áreas de desafío, siendo menos relevantes los aspectos relacionados con el deporte y la actividad física y las horas y calidad del sueño. ● Entre los/las profesionales, la gestión de las emociones (8,24 puntos), la alimentación para el desarrollo saludable (8,13 puntos), el establecimiento de límites (8,10 puntos) y la gestión de la autoestima (7,90 puntos) también suponen, aunque en diferente orden, los principales desafíos con los que se encuentran los/las progenitores a la hora de estimular el desarrollo saludable de los niños y niñas durante la pequeña infancia. De esta manera, los programas dirigidos a la promoción de hábitos de vida saludable para la prevención de la obesidad infantil deberían priorizar la promoción de aquellos conocimientos y habilidades que permitan a los padres y madres estimular de forma adecuada el bienestar emocional y la alimentación saludable entre sus hijos/as.
1 d
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El parto prematuro, vinculado a un mayor riesgo de muerte prematura en madres hasta 40 años después
El parto prematuro y el parto a término son factores de riesgo independientes para la muerte prematura en mujeres hasta 40 años después, según un estudio sueco publicado en la revista 'The BMJ'. Estos hallazgos no se explicaron por factores genéticos o ambientales de la vida temprana compartidos en las familias, lo que sugiere que las mujeres que dan a luz prematuramente «necesitan un seguimiento clínico a largo plazo para la detección y el tratamiento de trastornos crónicos asociados con la mortalidad temprana», dicen los investigadores. Casi el 11% de todos los partos en todo el mundo ocurren antes de término (antes de las 37 semanas de embarazo). Se sabía que las mujeres que tienen un parto prematuro o extremadamente prematuro (22-27 semanas) tienen un mayor riesgo de desarrollar afecciones como enfermedades cardíacas o diabetes en la vejez, pero se conoce poco sobre el riesgo de muerte a largo plazo. Entonces, un equipo dirigido por el profesor Casey Crump, de la Escuela de Medicina Icahn, en el Mount Sinai en Nueva York, se propuso examinar la mortalidad a largo plazo asociada con el parto prematuro en mujeres y explorar la influencia potencial de factores genéticos o ambientales compartidos dentro de las familias. Utilizando registros de nacimiento a nivel nacional, analizaron datos sobre la duración del embarazo de más de dos millones de mujeres que dieron a luz en Suecia durante 1973-2015. A continuación, se identificaron las defunciones en el Registro Sueco de Defunciones hasta el 31 de diciembre de 2016 (un tiempo máximo de seguimiento de 44 años). En general, 76.535 (3,5%) de las mujeres murieron, a una edad promedio de 58 años. Después de tener en cuenta muchos otros factores de riesgo, los investigadores encontraron que las mujeres que tuvieron un parto prematuro o extremadamente prematuro tenían un riesgo 1,7 y 2,2 veces mayor de muerte por cualquier causa, respectivamente, durante los siguientes 10 años en comparación con las que dieron a luz a término. Esto equivale a alrededor de 28 muertes en exceso por cada 100.000 personas-año. Mientras que los riesgos fueron más altos en los primeros 10 años después del parto y luego disminuyeron, las diferencias absolutas en la muerte asociadas con el parto prematuro aumentaron con períodos de seguimiento más largos. Por ejemplo, hubo un riesgo 1,5 veces mayor (equivalente a 48 muertes en exceso por cada 100.000 personas-año) 10-19 años después del parto, y un riesgo 1,4 veces mayor (equivalente a 143 muertes en exceso por 100.000 personas-año) 20-44 años después del parto. En general, se estima que 2.654 muertes en exceso en esta población se asociaron con el parto prematuro (una muerte en exceso por cada 73 mujeres que dieron a luz prematuramente). Se identificaron varias causas específicas de muerte asociadas con el parto prematuro, como los trastornos cardiovasculares y respiratorios, la diabetes y el cáncer. Es más, estos hallazgos no parecen ser atribuibles a factores genéticos o ambientales compartidos dentro de las familias. Este es un estudio observacional, por lo que no se puede establecer la causa, y los investigadores reconocen algunas limitaciones, como la falta de información completa sobre el parto prematuro espontáneo o médicamente indicado, y el hecho de que los resultados podrían no ser aplicables a otros países. Sin embargo, las fortalezas incluyeron el gran tamaño de la muestra y el largo tiempo de seguimiento, lo que llevó a los investigadores a decir que el parto prematuro ahora debe reconocerse como un factor de riesgo de mortalidad temprana en las mujeres que puede permanecer elevado hasta 40 años después. «Las mujeres que dan a luz prematuramente necesitan un seguimiento clínico a largo plazo para la detección y el tratamiento de los trastornos crónicos asociados con la mortalidad temprana«, concluyen.
1 d
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«De padres infantiles, variables, ansiosos o incoherentes... hijos con trastorno de apego inseguro»
«Una cosa es que tu hijo llore estos días a la puerta del colegio porque lleva seis meses contigo en casa, y otra muy distinta que tu hijo se suela mostrar hipervigilante, más irritable que el resto, tenga mucha facilidad para el enfado, y presente irritabilidad y mucha angustia cada vez que se separa de sus padres», diferencia Rafa Guerrero, psicólogo, autor del libro «Educación Emocional y Apego» y director de Darwim Psicólogos. «Que estén agarrados a la pierna el primer día de colegio es normal. Los niños son inseguros por naturaleza y hay que darles seguridad. Pero si queremos que sean seguros previamente hay que fomentar y crecer en contextos de protección y para eso la infancia es determinante. Por contra, en este segundo caso, probablemente nos encontremos ante el perfil de un menor con un trastorno de “apego inseguro ambivalente"». «Son niños que sufren mucho debido a la manera de vincularse con sus padres y el entorno. Están muy marcados, señalados... y suponen un 15% de la población infantil», remarca este experto. ¿Cómo puede saber un padre si su hijo sufre de apego «inseguro ambivalente»? Son menores muy nerviosos, con altos niveles de ansiedad, hiperdependientes (o bien del grupo, de mama o de papá, de su mejor amigo, que si no quiere jugar al fútbol el mundo se me viene abajo), hipervigilantes de lo que ocurre, controladores, manipuladores... Hacen lo que sea con tal de conseguir la atención del otro, son «pegajosos» de los demás. Están hiper-actividados, por eso a veces se confunde en ocasiones con el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), porque tienen las amígdalas cerebrales súper actividades. Son muy insistentes con el «mamá, mamá…», y cuando son adolescentes no tienen capacidad para regular sus emociones. ¿Cómo se puede tratar un «inseguro ambivalente»? Se trata de lograr ese equilibrio que te da una correcta vinculación y al niño una correcta autonomía para poder acercarse y poder alejarse y a ti como padre la capacidad de poder separarse cuando ellos necesitan que te separes para estar solos. ¿Qué ocurre con el ansioso ambivalente? Que no existe esa autonomía, porque hay una vinculación excesiva, que hace que el niño sea super dependiente de los demás y sea muy inseguro… Que pregunte: ¿profe voy bien? No van creciendo en autonomía y se quedan con ese mensaje de que no son capaces de hacer las cosas sin que la profesora les diga que está bien. Tienen una autoestima muy baja, tienen una gran incapacidad para ponerse en el lugar de los otros, porque no son capaces de centrarse en los demás ni de entender que existen otros puntos de vista. Son extremadamente inmaduros. Sienten muchísimo miedo, muchísima rabia… y todo esto les hace vivir en modo «supervivencia». ¿A qué se debe este trastorno? Son niños cuyos padres son padres muy infantiles, variables, impredecibles, ansiosos o incoherentes en la manera de tratar a sus hijos. En unas ocasiones son capaces de responder la necesidad de su hijo y en otras ocasiones no. Depende de cómo estén ellos mismos en ese momento. Esa variabilidad o ambivalencia genera ansiedad en el niño, que percibe que solo responden a sus necesidades digamos que en un 33% de las veces. O dicho de otro modo, a los ansiosos ambivalentes se les cubren sus necesidades únicamente en una de cada tres ocasiones. Por eso su método de supervivencia consiste en estar pegados a mamá o papá, porque si se dedican a ser autónomos, no les van a hacer caso. Piensan: «si yo me alejo esto de la atención va a ser 1 de cada 7». Por eso están físicamente pegados a papá y a mamá. En principio, el 99% quieren desarrollar un apego seguro a sus hijos. que hagan de estos adultos seguros, empáticos, con capacidades de solucionar sus conflictos, que se puede desenvolver… ¿Qué nos dice la investigación? Que solo el 60 o el 50 por ciento lo consigue. Se nos escapa que la mitad de los que dicen que si quieren no pueden. No es cuestión de querer, es de poder. ¿Qué ocurre con estos niños de adultos? Pues que la probabilidad de que esa personita se convierta en un adulto sensible, empático, con una autoestima buena, con relaciones sanas y duraderas, y con buena capacidad de regular sus emociones, es muy baja. Y no estamos hablando de llevarles a Disney, sino de necesidades que requieren de padres formados y sensibilizados. Dice usted que los niños tienen diversos tipos de necesidades, y que los padres atienden muy bien las fisiológicas y de salud (darles de comer, beber, llevarlo al médico) y las coginitivas (saciar su curiosidad, ir mejorando como especies). ¿Cuáles son las que suelen desanter? En efecto. Hay dos tipos de necesidades en las que los padres suelen flaquear, que son las emocionales y las sociales. En las sociales cometemos el error de castigar a nuestros hijos con su ausencia a eventos sociales: «castigado sin fútbol, sin ballet, sin asistir al cumpleaños del primo…». Esto atenta contra los derechos de su desarrollo normal del menor, porque somos mamíferos y seres sociales y necesitamos socializar. La pandemia de hecho ha puesto sobre la mesa la importancia de la sociabilidad. No podemos castigar y menos sin ir a fútbol, a música o a un cumpleaños. Las consecuencias de esos actos tienen que tener una intencionalidad. Este tipo de castigos en el futuro va a implicar muy probablemente soledad, bajos niveles de empatía y, muy probablemente, un trastorno. ¿Cómo se repara ese trastorno de apego ansioso ambivalente que afecta, según usted, a un 15 por ciento de la población infanto-juvenil? La única manera de que un niño o un adolescente ansioso ambivalente repare ese apego dañado es acudiendo a terapia con un psicoterapeuta que trabaje lo que ha sucedido en la infancia de esa persona. Pero lo ideal sería que mamá y papá se vinculen con ellos, que los pequeños puedan sentirse seguros porque saben que sus padres están ahí para protegerlos. Que les ofrezcan contextos sanos y seguros donde se puedan relacionar y que fomenten su autonomía desde que son bien pequeños.
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Lo que nunca debes hacer cuando acabas con tu relación amorosa
No toda relación de pareja es idílica ni de película. Muchas parejas lo han podido comprobar durante el confinamiento. La convivencia estresante ha puesto a pruba a muchas de ellas lo que les lleva a plantearse la coninuidad de la relación. Según Monica Branni, psicóloga y sexóloga y autora de «Entérate, todo lo que nunca te han contado sobre sexo y relaciones», hay que entender que no necesariamente siempre hay algo que «falla». «Las relaciones son ciclos que, en ocasiones, por la misma naturaleza con las que nacen, acaban. Aun así, si tuviéramos que atribuir causas a las rupturas, encontraríamos un sinfín de razones. Algunas debidas a las personas (celos, infidelidades, aburrimiento, incompatibilidad, comunicación, etc.) y otras a circunstancias (necesidades distintas, distancia, enamoramiento por otra persona, etc.). Una forma sana de afrontar las relaciones es intentar gestionar las cosas que fallan, pero también saber poner límites y concluirlas antes de que se vuelvan perjudiciales para uno o ambos. ¿Por qué cuesta tanto poner fin a una relación? Sin duda no es fácil «desengancharse» de una relación que nos ha generado felicidad y muchos recuerdos. Los sentimientos que hemos sentido por esa persona siempre están recordándonos que las cosas pueden cambiar e ir a mejor. Pero también, una razón importante por la que nos cuesta finalizar una relación es porque nos sentimos «cómodos»: las parejas, en ocasiones, se vuelven zonas de confort donde la rutina marca el ritmo y nos proporciona cierta seguridad. Al salir de ella nos enfrentamos a lo desconocido, a cuestionarnos cosas de nosotros mismos y de nuestra vida. Pero también exploramos y aprendemos muchísimas cosas. Salir de lo habitual suele costarnos esfuerzos, pero, si nos atrevemos a hacerlo, nos puede regalar muchísimas satisfacciones y retos. Darse un poco de tiempo juntos para ver si la persona afectada consigue cambiar y atraernos más, ¿es una buena fórmula? Intentar arreglar y afinar comportamientos que crean conflicto en la pareja es una buena estrategia para que los momentos juntos acaben siendo más felices. Por ejemplo, cambiando nuestra forma de comunicar y decir las cosas, se pueden mejorar muchas situaciones. El error está cuando forzamos las circunstancias, sacrificando nuestro bienestar. Llega el momento de decirle «se acabó». ¿Cómo empiezo? Lo primero, hay que estar bien con uno mismo. Es fundamental cuando damos estas noticias. Si estamos abrumados, llenos de dudas y/o nos cuesta organizar nuestros pensamientos, igual sería mejor esperar otro momento. En segundo lugar, pensar en qué información queremos darle a la otra persona: ¿Qué es importante que sepa? ¿Qué no? Finalmente, medir la información: no hace falta dar todos los detalles del caso, especialmente si estos le van a perjudicar. Evitar cometer «sincericidios», sin dejar de lado la honestidad. ¿Cuál es la mejor manera de llevar a cabo esa conversación? No hay una manera mejor que otra, pero si hay malas maneras para hacerlo. Cuando decidimos comunicar una ruptura, es importante que la comunicación sea clara y la empatía también. Por lo tanto, buscar un lugar en común para llevar a cabo un diálogo en vivo es mucho más humano y cercano que hacerlo por mensaje. En el libro «¡Entérate!», aconsejamos que sea un sitio público que permita tener un poco de intimidad (una cafetería, por ejemplo) y no en casa de una persona u otra, donde la situación podría ser incómoda para uno de los dos o ambos. Al mismo tiempo hay que entender que para ninguno de los dos es un momento fácil, por lo tanto, intentar tomat las decisiones por ambas partes, sin que prevalezca el egoísmo y el orgullo. La comunicación es muy importante, especialmente la asertiva: es fundamental que tanto quién da la noticia como quién la recibe, a pesar del mal trago que estará pasando en ese momento, tenga un poco de lucidez para no sacar la artillería pesada. Se debe hablar con respeto y transparencia. ¿Los reproches? Mejor dejarlos de lado. Finalmente, encontrar un acorde común para definir cuáles distancias se deberán mantener para que ambas partes puedan gestionar sus emociones y empezar un nuevo camino. ¿Qué es lo que nunca hay que hacer? De la misma forma que no hay un decálogo «de la buena ruptura», lo que sí es importante es ponerse en la piel de la otra persona, sea cual sea nuestro rol en ese momento. Inevitablemente es algo complicado, pero si conseguimos dejar de lado nuestro ego, entenderemos mejor la situación. Por lo tanto, lo que no es recomendable es: • desaparecer (¿os suena el «ghosting»?) • escudarse detrás de un mensaje o pantalla • que la información le llegue a la pareja por amigos o personas ajenas a la relación • aprovechar el momento para reprochar y recriminar • dar informaciones vagas y contradictorias Cada relación es distinta, así que, el esfuerzo de ambos es entender qué y cómo hacerlo de la mejor forma para que incluso una ruptura no sea tóxica.
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