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Las tiendas de comida rápida deberán cobrar por los vasos, las tapas y cajas de plástico a partir de 2023
"Su menú. Gracias". Tradicionalmente, esa frase se ha traducido en una compra de bebida y comida lista para tomar, pero envuelta en plástico. Como ocurrió con las bolsas hace unos años, a partir de 2023, las tiendas de comida rápida deberán cobrar a parte los vasos, tapas y paquetes de plástico de sus productos, según recoge el anteproyecto de ley de residuos que prevé aprobar el Consejo de Ministros este martes.Este anteproyecto es una de las piezas que tienen que desarrollar la Estrategia de Economía Circular 2030 que también revisa el Gobierno y que pretende que España deje de producir 20 millones de toneladas de desechos en los próximos 10 años, convertirá en obligatorio que se dispense agua del grifo o se recorte a la mitad el desperdicio de comida en los hogares.  Prohibido vender pajitas o cubiertos en 2021Los plásticos de usar y tirar se han convertido en problema de primer orden. La casi imposible gestión de la ingente cantidad de basura de este material ha estallado en las islas de plástico de los océanos, las playas o las desembocaduras fluviales. El 70% del plástico consumido al año en España acaba siendo un residuo: 2,5 millones de toneladas, según Cicloplast.El proyecto que iniciará este martes su camino para convertirse en ley prohíbe la venta de muchos de estos utensilios: pajitas, bastoncillos, palos de globo o paquetes de poliestireno a partir del 3 de julio de 2021, como obliga la directiva europea. Además, tendrán que rebajarse un 50% la venta de paquetes para comida preparada en 2026 respeto a lo que se venda en 2022. En 2030 esa caída debería alcanzar, según el anteproyecto de ley, un 70%. También se impedirá que los cosméticos tengan microplásticos añadidos, cuentan fuentes del Ministerio de Transición Ecológica.Recortar 20 millones de toneladas de residuosPara reducir los envases, y por tanto potenciales residuos, la ley prevé establecer una preferencia por el agua del grifo. Los bares y restaurantes van tener la obligación de ofrecer agua del grifo gratuita aunque dispongan de botellas. Las administraciones públicas deberán minimizar el consumo de agua embotellada en sus dependencias. En todo caso, en centros sanitarios y educativos podrán comercializarse envases de un solo uso."Con las disposiciones normativas en marcha, el agua del grifo ofrece garantías de seguridad en la práctica totalidad del territorio español en los lugares públicos, permitiendo de este modo la reducción del empleo de botellas de plástico", aclaran las directrices del Ejecutivo.Sobre los envases, el Gobierno no plantea hacer obligatorio el sistema de recogida de botellas retornables. Fuentes de Transición Ecológica aseguran que se van a eliminar los requisitos legales para introducir este sistema que se establecieron en 2011 y que, dicen, lo hacen casi imposible de implementar. Pero será en un real decreto posterior, aclaran.El objetivo marcado por el nuevo texto legal es reducir en un 15% los residuos generados por la economía respecto a los 137 millones de toneladas calculados en 2010. La fórmula reside en establecer una jerarquía de preferencias que sitúa en primer lugar la prevención de generar desechos, después la reutilización, después el reciclaje, su valorización y, como último recurso, el vertedero.Hay mucho retraso por recuperar: en 2016, de los 129 millones de toneladas totales se reciclaron solo 39,6, un 37%, según refleja Eurostat. "Estamos desaprovechando gran parte de los recursos en un contexto de materias primas cada vez más escasas", analiza la Estrategia.60% menos de basura en los vertederos en 2030En este sentido, el anteproyecto de ley que llega mañana al Consejo de Ministros marca que, en 2030, se recicle el 60% de los desechos municipales. En 2017, último año inventariado, ese porcentaje se quedó en el 36,1%, según Ministerio de Transición Ecológica. Eso supone que, de los 22 millones de toneladas de este tipo de residuos, se llevaran a vertederos 11,2 millones de toneladas y se quemaran otros 2,8 millones: 14 millones de toneladas al basurero.Salvar 669.000 toneladas de comida de la basuraLa Estrategia Circular considera los sectores económicos prioritarios la construcción (que consume el 40% de los recursos y produce el 40% de los residuos), la industria, el turismo, el sector textil, pero también los bienes de consumo y el sector agroalimentario.De esta manera, marca que debe reducirse mucho el desperdicio de alimentos. Los hogares españoles tendrán que dejar de tirar a la basura 669.000 toneladas de comida cada año para lograr recortar en 2030 un 50% los 1,339 millones de toneladas que se desperdician anualmente. En las casas se desperdician 1,12 millones de toneladas de comida que ni siquiera se ha cocinado, según el último recuento del Ministerio de Agricultura. Lo que más se tira: frutas, hortalizas y verduras, casi la mitad del total. Un problema tan generalizado que ocho de cada diez hogares admiten que tira comida o bebida sin utilizar. El anteproyecto de residuos también atañe a la producción, la transformación y la venta minorista de alimentos.Freno a la obsolescencia de productos La estrategia coordinada desde Transición Ecológica considera que hay que "invertir la tendencia actual de consumo exacerbado de productos a un modelo de consumo más responsable". ¿Cómo? "Facilitando la reparabilidad de los bienes producidos y su reutilización, prolongando su vida útil y posibilitando su valorización al final de ésta", responde. La obsolescencia de productos tecnológicos como los teléfonos móviles imponen alta factura, no solo por los materiales que utiliza, sino también climática en cuanto a emisiones de CO2, causantes del calentamiento global de la Tierra. Los smartphones y los portátiles se cambian cada poco tiempo. Tienen una vida media en Europa de tres y 4,5 años respectivamente. En este contexto, cada curso se vende unos 210 millones de teléfonos y otros 27 millones de ordenadores en Europa: el alto ritmo de reposición produce casi 50 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, según calculó la federación ecologistas European Environmental Bureau."En un contexto mundial en el que las materias primas son cada vez más escasas y caras, reciclar tan solo el 37,1 % de los residuos generados supone estar desaprovechando los recursos disponibles", establece el plan. En este sentido, también pide reducir un 30% el consumo de materiales que, por ejemplo, en 2018 se elevó a los 423 millones de toneladas entre minerales o biomasa, es decir, los cereales, las frutas o las hortalizas.
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Sanidad no registra ningún fallecido en las últimas 24 horas y suma el menor número de nuevos contagios desde el 6 de marzo
El Ministerio de Sanidad ha informado este lunes de que se han registrado 71 nuevos casos de coronavirus en las últimas 24 horas, el menor número de contagios desde el pasado 6 de marzo cuando se dieron 141. Con esta cifra, el número de contagios se disminuye en comparación con la información de este domingo, fecha en la que se detectaron 96 casos. Estos datos sitúan la cifra global de contagiados en 239.638 personas y la de decesos en 27.127.La comunidad con mayor número de contagios es Madrid, con 18, seguida de Catalunya con 16 y Castilla y León con 11. Además, siete comunidades no han notificado de ningún caso diagnosticados en las últimas 24 horas, entre las que se encuentran Cantabria, Extremadura, Galicia, Melilla, Murcia, País Vasco y La Rioja. Los recientes brotes de la desescalada están poniendo a prueba los sistemas de detección de todo el país, todo ello con un 70% de la población ya situada en la fase 2. Los repuntes en Lleida, Totana o Ceuta ponen de manifiesto la necesidad de contar con los mecanismos de vigilancia de los que tanto advirtieron la OMS y los expertos, ya que de lo contrario podría acabarse precipitando una temida marcha atrás. 
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Un consejero de Ciudadanos califica de ilegal la orden del Gobierno de Ayuso de no trasladar a ancianos de residencias a hospitales
El consejero de Políticas Sociales, Igualdad, Familias y Natalidad de la Comunidad de Madrid, Alberto Reyero, se ha mostrado este lunes "radicalmente en contra" de los criterios reflejados en varias órdenes por las que se rechazaba el ingreso en hospitales a determinados usuarios de residencias de mayores en pleno pico de la pandemia del coronavirus.En una comisión celebrada en la Asamblea de Madrid, Reyero ha aseverado que dichos criterios, establecidos en diversos protocolos difundidos por varios medios de comunicación, se distribuyeron "en contra del criterio de la Consejería de Políticas Sociales". De hecho, ha dicho que tanto en reuniones como por escrito el 22 de marzo, el 31 de marzo y el 11 de abril manifestó al consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero, su posición rotundamente contraria."La derivación (a hospitales) debe basarse en criterios médicos pero no por grado de dependencia. No es ético y posiblemente no sea legal. Si no era posible la derivación, habría que medicalizar las residencias, dije. O el residente va al hospital o al revés", ha afirmado el consejero, quien ha recordado que el CERMI expresó su inquietud por estos protocolos.Reyero ha precisado que dichos protocolos son contrarios a los derechos internacionales de las personas con discapacidad. "Todos por ser ciudadanos tenemos derecho a la sanidad pública. Por vivir en una residencia no se pierde ese derecho", ha reiterado Reyero, quien se ha mostrado "absolutamente a favor" de crear una comisión de investigación en la Asamblea que analice la mortalidad de las residencias madrileñas durante esta pandemia.También ha lamentado que el Ministerio de Derechos Sociales no haya publicado las cifras de toda España de mortalidad en residencias por la Covid-19, a pesar de que desde hace casi dos meses cada comunidad les facilita las cifras dos veces por semana.Reyero ha tomado los datos periodísticos que revelan que son más de 19.000 los residentes fallecidos por coronavirus en España, por lo que en la región serían el 31%. "Teniendo en cuenta que los fallecidos totales dados por el Ministerio de Sanidad son más de 27.000, el 34% de ellos en Madrid. Estamos hablando de porcentajes similares en ambos casos. Ha habido un problema en la Comunidad de Madrid, pero también en toda España. No hay una excepción madrileña. Hay muchos factores a tener en cuenta. Uno puede ser el modelo de gestión, otro el tamaño de las residencias, la propia infraestructura de la residencia, etcétera", ha remarcado.Además ha señalado que han trabajado desde el primer momento para atender a las personas más vulnerables habilitando espacios, convirtiendo CEPIS en centros de distribución de alimentos a inmigrantes y sin recursos y habilitando la red de comedores sociales, que ha distribuido bolsas de comida a los más necesitados. El consejero también a la gestión de convenios para niños en situación de vulnerabilidad por el cierre de colegios.Intervenciones de los grupos de la oposiciónLa portavoz socialista de Políticas Sociales en la Asamblea, Purificación Causapié, ha subrayado que las órdenes dadas para restringir los ingresos de pacientes procedentes de residencias en hospitales son varias y están firmadas por cargos públicos, por lo que ve "imprescindible" que la comisión de investigación estudie lo ocurrido.Así ha recordado que los jueces han insistido en la medicalización completa de las residencias en Alcorcón y Leganés, con 37 fallecidos tras los autos judiciales. Por otro lado, ha criticado la "falta de control y estructura para vigilar" de la Consejería respecto a las residencias privadas y concertadas de la región, que son la inmensa mayoría; y la tardanza en la zonificación de muchos geriátricos por el coronavirus.La parlamentaria socialista ha pedido a Reyero que se oponga a despidos y expedientes de empleo en residencias madrileñas, que se comprometa con el presupuesto que sean capaces de garantizar "una adecuada gestión y seguimiento" y que luche para acabar con las llamadas colas del hambre. "Han sido muy rácanos con la política social", le ha espetado.Por su parte, la diputada del PP Dolores Navarro ha criticado la compra de test falsos, la requisa de aduanas y la "descoordinación y el desgobierno" del Ejecutivo central en esta crisis. "El mando único de Pablo Iglesias en residencias ni está ni se le espera y politiza el dolor. Madrid ha trabajado sin descanso. La compra de los EPIs por parte de la Comunidad fue un respiro para los trabajadores de residencias es. Madrid no tiene una tasa de mortalidad más alta de residencias de toda España", ha resaltado.Navarro ha explicado que si la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, se opuso a la llegada de médicos del Ejército a las residencias madrileñas, como le pedía Reyero, fue por "solidaridad" para que pudieran dar servicio en toda España. Sobre el rechazo a hospitalizar a usuarios de geriátricos, ha indicado que prevalecieron los criterios médicos y que los protocolos mencionados solo eran "un borrador que se corrigió, que solo planteaban que con en casos de terminalidad se diera el mismo tratamiento en su residencia"."Si preguntamos a los geriatras nos dirán que el único problema es que las ambulancias no llegaban en ciertas ocasiones", ha añadido la parlamentaria popular, que ha apuntado también que una orden del Gobierno central del 5 de abril "pedía a las residencias que dejaran a los contagiados en los centros de mayores y no les mandaran a los hospitales.Por su parte, la diputada de Cs Carlota Santiago ha reconocido que en Madrid, al igual que en el resto de España, faltaron equipos de protección individual y test en el pico de la pandemia; pero que ahora la situación "ha mejorado mucho" gracias a las intervenciones del Platercam y de las Fuerzas Armadas. "Las residencias no están preparadas para solventar una pandemia de estas características. Por eso es necesario pacto para elaborar un respuesta conjunta para salir de esta crisis", ha lanzado.Polémica con los protocolosPara el diputado de Más Madrid Emilio Delgado, la página web de la Comunidad de Madrid está "llena de información falsa", ya que habla de la medicalización de residencias cuando no se ha realizado ninguna o de la intervención en más de un centenar cuando al intervención directa de la Comunidad ha sido en 14, al tiempo que se ha quejado de que no cuentan con datos desagregados de afectados por residencia.Asimismo, Delgado ha llamado "cobarde" a Ayuso por "cargarle el mochuelo" de las denegaciones de derivaciones de residentes a "los pobres trabajadores" médicos. "La presidenta se ha negado a responder si existían protocolos pero hay varios. El mismo partido que no ha tenido duda de instrumentalizar el terrorismo venga a decirnos que investigar todo esto que ha sucedido, saber quién ha hecho estos protocolos es instrumentalizar el dolor pone a prueba la cortesía parlamentaria y la paciencia", se ha quejado.Por su parte, el parlamentario de Vox Mariano Calabuig ha criticado la "descoordinación total" que ha habido en esta crisis en los geriátricos madrileños y ha apuntado al consejero como "responsable por encima de los demás". "Usted como cabeza tenía que haberse impuesto y si no lo conseguía, se tenía que haber retirado", ha dicho a Reyero, a quien también ha afeado que cree un plan de contingencia con 20 millones de euros a entidades sociales, a las que ha tildado de "chiringuitos", para atener a los más afectados económicamente por la pandemia.Por último, la diputada de Unidas Podemos Paloma García también ha insistido en que los protocolos para no atender a determinados residentes en hospitales "no eran un borrador", sino una "eugenesia para personas con discapacidad, una vergüenza que no es ético ni legal". También ha asegurado que la Comunidad no ha cumplido los autos judiciales que piden la medicalización de geriátricos en Leganés y Alcorcón.
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Ayuso pedirá esta tarde a Sanidad que Madrid pase a la fase 2 el próximo lunes
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha anunciado que pedirá esta tarde al Ministerio de Sanidad el pase la a fase 2 de la región a partir del lunes de la semana que viene. Ayuso lo hace el mismo día que ha tenido que visitar las urgencias del Hospital de la Paz de Madrid donde se han producido inundaciones por la tormenta de este domingo en la región."La vida en Madrid sigue y, por eso, vamos a solicitar al Gobierno de España pasar a la fase 2", ha asegurado Ayuso en Torrejón de Ardoz, donde se está realizando un estudio de seroprevalencia a toda la población.He visitado las urgencias del Hospital de La Paz. La tromba de agua de ayer obstruyó un desagüe y provocó una inundación aunque afortunadamente, no ha habido daños importantes. Seguiremos reformando nuestros hospitales. pic.twitter.com/MhL0q8gp4A— Isabel Díaz Ayuso (@IdiazAyuso) June 1, 2020"Creemos que podríamos haber flexibilizado algunas fases y con esto haber seguido temporalmente en la fase en la que estamos pero necesitamos seguir avanzando", ha dicho la presidenta regional. Ayuso solicitó que pidieran abrir los centros comerciales pero fue denegado por el Ministerio de Sanidad. "En la siguiente fase se podrán hacer compras en los centros comerciales, con mucho pequeño comercio que está parado y tienen muchas pérdidas", ha defendido.
1 d
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La Comunidad de Madrid elimina más de 14.000 plazas en la escuela pública el curso que viene, según CCOO
El Gobierno de Isabel Díaz Ayuso eliminará 14.121 plazas en la escuela pública el curso que viene. 466 aulas de todos los niveles educativos, según un informe de Comisiones Obreras, que ha analizado la situación de 1.096 centros tras la publicación de las plazas disponibles a partir de septiembre. El recorte afecta a 270 de los colegios (158) e institutos (107) estudiados, lo que supone un 25% del total de centros de la Comunidad de Madrid. La Consejería de Educación ha organizado el curso escolar 2020-2021 como estaba planificado antes de la epidemia, pese a que la exigencia de distanciamiento va a obligar a reducir las ratios. Por ejemplo, las instrucciones de la propia Consejería para la vuelta de los niños y niñas de 0 a 3 años contemplan la mitad solo de alumnos por aula. La supresión de plazas públicas de algunos colegios es una situación que se repite curso tras curso. La Consejería justifica que son ajustes debidos a la oferta y la demanda y que se eliminan en unos sitios y se crean en otros. Aunque fuentes de la cartera no aportan datos de cuántas unidades nuevas se abrirán el curso que viene. Comisiones Obreras, sin embargo, considera que se trata de "recortes" y denuncia que la Comunidad de Madrid ha organizado "el proceso de escolarización al margen de lo que indica la autoridad sanitaria". "No se fundamenta en ningún caso. Primero porque las ratios ya son muy altas y hay zonas con mucha demanda de escolarización. Y segundo porque estos recortes impiden abordar la necesidad de bajar el número de alumnos por clase en plena pandemia", explica la secretaria de Educación de CCOO en Madrid, Isabel Galvín, que ve en la Comunidad de Madrid una intención de "derivar de la pública a la concertada". Las clases de tres años, la puerta de entrada al sistema educativo, son las más afectadas. Desaparecen 166 respecto a este curso, lo que supone 4.175 plazas menos en Infantil. Le siguen 3.395 puestos escolares menos en Bachillerato, 2.765 en Secundaria y 675 en Primaria. A estas plazas hay que sumarle otras 3.111 más que el sindicato no ha podido concretar en qué nivel están. La zona sur es la más afectada. Caen 148 aulas en 85 centros. En el área de Capital desaparecen 139 unidades en 34 colegios. Galvín ha puesto el ejemplo de Rivas, donde se ha eliminado un aula en un colegio público pero se ha creado en otro a 3 kilómetros. "Una oferta no compensa a la otra. Es el modelo regional. Se crea una unidad en una zona pero no solventa los problemas de escolarización del mismo municipio", ha argumentado. 
1 d
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Por qué el supercontagio en esta pandemia podría ser una buena noticia
Para los amantes de la jerga de pandemia, el desconfinamiento trae un nuevo parámetro: K. En el caso de la COVID-19, lo que dice el número K es que en su transmisión es especialmente importante el fenómeno del supercontagio.Un cierto halo mítico envuelve a la figura de los supercontagiadores: personas que tienen algo biológico o social que potencia la transmisión del virus. Mientras no sea fácil identificarlos, resulta más útil centrarse en las situaciones supercontagiadoras. Los trabajos que estudian el fenómeno pueden dar pistas en la toma de decisiones cotidianas durante la desescalada. Por ejemplo, parece haber más transmisión en sitios cerrados donde se permanece cierto tiempo, sobre todo si se habla en voz alta o se canta —coros, misas, lugares con música alta—.En los casos en plantas de procesado de carne, la baja temperatura y el ruido ambiente podrían ser factores facilitadores. Un estudio en Japón ha hallado que la probabilidad de contagio en sitios cerrados es casi 19 veces mayor. Y se ha estimado que hablar un minuto en voz alta genera al menos mil gotitas con partículas virales, que podrían quedarse hasta 8 minutos en el aire.Los primeros trabajos que apuntan a que para cortocircuitar esta pandemia es crucial concentrase en el supercontagio son modelos matemáticos. En abril, el grupo de Adam Kucharski, en el London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM), concluía —en un trabajo aún no revisado por otros expertos— que el número de contagios que genera cada persona infectada es muy variable: unos pocos contagian a muchos, y muchos —la mayoría— a muy pocos o incluso a nadie. Estiman que el 10 % de los casos es responsable del 80 % de la transmisión.Este resultado "subraya los beneficios potenciales de enfocar los esfuerzos [para frenar la pandemia] en el fenómeno del supercontagio", escriben los autores.Se podrían suavizar así, dice Kucharski en un reportaje en Science, medidas muy costosas para la población pero menos efectivas en términos relativos: "El confinamiento es una medida muy poco precisa. Básicamente estás diciendo: no sabemos lo bastante sobre dónde ocurren los contagios como para centrar el esfuerzo ahí, así que lo cerramos todo".Qué es K, el parámetro del supercontagioEl número reproductivo es el famoso Ro, o erre subcero: el número medio de casos nuevos que genera cada persona infectada. Pero, como en el chiste de las dos personas que se comen un pollo 'a medias' sin que una pruebe bocado, Ro no cuenta toda la verdad. Por eso entra en escena K, que mide si la epidemia avanza uniformemente o si, por el contrario, los casos se agrupan formando cúmulos. Cuanto menor es K, más grumos tiene el dibujo del avance de la epidemia.En 2005 se analizó el número K de varios patógenos causantes de otras epidemias. Para el primer SARS, el coronavirus similar al actual que apareció en 2003 y en cuya epidemia se identificaron muchos eventos de supercontagio, se asignó a K un valor de 0,16. En la epidemia del coronavirus MERS, en 2012, el K fue 0,25. El de la pandemia de gripe de 1918 fue 1, indicio de que hubo menos supercontagio.Pasados ya varios meses de pandemia, empieza a haber datos para reconstruir la epidemiología de focos en todo el mundo. También parecen confirmar la importancia del supercontagio en el caso del SARS-CoV-2."Como la mayoría de los infectados no contribuye a la expansión de la epidemia, el número reproductivo efectivo podría reducirse de manera drástica previniendo los eventos de supercontagio, relativamente raros", explican Kucharski y sus colegas.Por qué hubo vías muertas en el avance del virusMuchos brotes explosivos de contagio se asocian a euniones religiosas, albergues para miles de trabajadores, mercados o mataderos. El caso más extremo identificado es el de la paciente 31 en Corea del Sur, a mediados de febrero: al rastrear sus contactos se supo que había asistido a varias reuniones religiosas con un millar de personas, y en pocos días se contabilizaron más de 5.000 contagios en la localidad de Daegu.En Europa no faltan ejemplos, sobre todo del inicio de la pandemia, antes de que la saturación del sistema impidiera el seguimiento de contactos.Para los investigadores, la importancia del supercontagio en el avance de esta pandemia encaja con que haya habido introducciones del virus que no han cuajado.En Francia se sabe que hubo al menos cuatro entradas del coronavirus que no tuvieron prácticamente contagios a su alrededor. Como explicó a SINC el genetista Ignacio González Bravo, solo uno de estos eventos "cuajó y se expandió, asociado sobre todo a manifestaciones multitudinarias de iglesias evangélicas en Alsacia".Brotes iniciales en ciudades pequeñasTambién ha llamado la atención que varios brotes iniciales, en enero y febrero, no se dieron en grandes áreas metropolitanas con denso tráfico, como Seúl, Frankfurt o Roma, sino en localidades más pequeñas como Daegu en Corea del Sur, Gangelt en Alemania y las ciudades de Lombardía, en Italia."Esto puede explicarse en parte si consideramos que los brotes son mucho más probables cuando nacen de un suceso de supercontagio", escriben Benjamin M. Althouse, del Instituto para la Modelización de la Enfermedad en Washinton (EEUU), y coautores en un preprint que analiza el papel del azar en la propagación de la pandemia."Las grandes poblaciones tendrán más introducciones que una ciudad pequeña, pero hay muchas ciudades pequeñas, y los grandes brotes iniciales suceden dondequiera que ocurre el primer evento de supercontagio", añade Althouse. Por eso no valen solo los datos de densidad de población y tráfico aéreo como indicadores de riesgo.Hay más trabajos recientes que, por diversas vías, confluyen en la importancia del supercontagio. Son resultados preliminares porque aún no han sido revisados por otros investigadores, pero coinciden en sus conclusiones.El árbol filogenético en EspañaUna evidencia procede de la genética. En España, un reciente trabajo del grupo de Antonio Salas, de la Universidad de Santiago de Compostela, ha reconstruido el árbol evolutivo de los genomas de SARS-CoV-2 secuenciados en países de todo el mundo.Salas, con amplia experiencia en reconstruir la evolución genómica de grupos humanos, ha empleado una técnica propia, distinta del algoritmo usado en la visitada web del proyecto Nextstrain y basada en fundamentos de la genética clásica. Uno es el principio de máxima parsimonia, que, como explica a SINC, busca "el camino más corto", o el número mínimo de mutaciones que conecta distintas ramas del árbol filogenético.Su análisis de casi 5.000 genomas víricos encuentra que, a escala global, aproximadamente la mitad de todos los casos proceden de solo unas pocas docenas. "No tenemos datos epidemiológicos", dice Salas, "pero lo que vemos solo podemos explicarlo con sucesos de supercontagio".En el caso de España los investigadores detectan múltiples entradas del virus, y una peculiaridad: aquí proliferó especialmente un linaje asiático que en el resto de Europa es menos frecuente. Pero "no vemos nada que indique más virulencia, simplemente es cuestión de azar", explica Salas, que recuerda que el trabajo aún está en curso.En Israel, otro trabajo similar detecta "altos niveles de heterogenicidad" en la transmisión de SARS-COV-2, "con entre 1-10 % de los individuos infectados generando el 80 % de las infecciones secundarias", escriben los autores, de la Universidad de Tel Aviv.Investigadores de la Universidad de Hong Kong han llegado a conclusiones parecidas siguiendo una metodología muy distinta, los datos del rastreo de contactos: "Estimamos que el 20 % de los casos han sido responsables del 80 % de la transmisión local". Para los autores de este trabajo, "las autoridades deberían priorizar el trazado rápido y la cuarentena de los contactos, así como el distanciamiento físico, para prevenir los eventos de supercontagio en ambientes de alto riesgo social".Para los investigadores, la importancia del fenómeno del supercontagio en esta epidemia tiene algo bueno: abre ventanas de oportunidad para cortocircuitarla. "Es crucial entender los tipos de focos de contagio y los patrones de transmisión en cada uno", escribe Benjamin M. Althouse. A este objetivo "deben dirigirse explícitamente los esfuerzos de rastreo de contactos".
1 d
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Una semana de rabia: cuatro claves para entender por qué los disturbios se han extendido por Estados Unidos
Solamente este fin de semana, al menos 2.500 personas han sido detenidas en EEUU en unos disturbios que ya se han extendido a 75 ciudades. Se han vivido protestas de extrema violencia e incontables escenas de brutalidad policial, se ha movilizado a 5.000 soldados para patrullar las calles y más de 20 ciudades han impuesto el toque de queda. No se había visto una situación así ni en 1968, el año en que murieron casi 17.000 estadounidenses en Vietnam y estallaron terribles disturbios tras el asesinato del líder negro Martin Luther King. Ahora han muerto más de 100.000 por el coronavirus y los disturbios han comenzado tras la muerte de un hombre negro llamado George Floyd.Todo empezó con una muerte muchas muertesA las ocho de la tarde del pasado lunes, la policía acudió a una tienda de Minneapolis donde George Floyd había usado, presuntamente, un billete falso de 20 dólares. Cuatro agentes lo detienen, lo esposan y mientras está tumbado en el suelo, uno de los policías le aplasta el cuello con su rodilla durante ocho minutos. En las diferentes grabaciones no se aprecia que ofreciera ninguna resistencia y se escuchan sus súplicas al agente porque no puede respirar, así como las de varios testigos. Para cuando el policía se levanta de su cuello, George Floyd ya no tiene pulso y es declarado muerto en el hospital. Los cuatro agentes han sido despedidos y el responsable de la muerte está además en prisión acusado de asesinato, aunque podría salir bajo fianza.En las horas siguientes, el vídeo vuela. Millones de estadounidenses ven a George Floyd decir "no puedo respirar", las mismas últimas palabras que pronunció Eric Garner en 2014 cuando murió a manos de otro policía blanco que le había detenido por vender cigarrillos sin permiso. En Minneapolis un negro tiene nueve veces más posibilidades que un blanco de ser detenido por un delito menor, pero no es un problema local: en EEUU un afroamericano tiene tres veces más posibilidades que un blanco de morir a manos de la policía. Al movimiento 'Black Lives Matter' (las vidas negras importan) le sobran razones para protestar y una de las principales es la impunidad: el 99% de los agentes que matan no son siquiera imputados y de ese 1%, tres cuartas partes no son condenados.¿Quién se manifiesta y quién quema cosas?Es difícil responder a esa pregunta. El día después de la muerte de Floyd ya se vieron en Minneapolis grandes manifestaciones de protesta, pacíficas y multirraciales, pero esa noche empezaron también los primeros conatos de violencia. En las siguientes noches grupos incontrolados prenden fuego a varios edificios y la protesta gana en agresividad mientras se extiende a otras ciudades. Tras solo dos días de protestas el gobernador demócrata de Minnesota anuncia que "la situación ya no tiene absolutamente nada que ver con el asesinato de George Floyd, sino con atacar a la sociedad" y el alcalde izquierdista de Minneapolis habla de "terrorismo doméstico" y apunta a grupos supremacistas blancos llegados de fuera de la región para provocar el caos. Trump, en cambio, culpa a la extrema izquierda.Este fin de semana ha sido el estallido definitivo. Se han visto escenas de muchísima violencia en varias ciudades, incluidas Nueva York y Los Ángeles. A la par, la policía se emplea cada vez con mayor dureza. Se dan paradojas como que en Atlanta los manifestantes revientan las ventanas de la sede de la CNN mientras que un equipo de la cadena de noticias es detenido en directo por la policía en otra protesta. Algunos organizadores de manifestaciones han llegado a cancelarlas por temor a que grupos extremistas "las secuestren" y acaben en más violencia. Siguen produciéndose muchas protestas pacíficas, pero al caer la noche hay problemas en todas las grandes ciudades.¿Cómo responde la policía y el ejército?Durante la última semana ha habido multitud de ejemplos de policías que no solo comprendían las razones de los manifestantes, sino que se unían a ellos en muchas ciudades. Sin embargo, la radicalización creciente de las protestas en los últimos días ha tenido un efecto claro. El apoyo político de gobernadores y alcaldes se ha reducido mucho y la policía parece contar con su beneplácito para acabar con los disturbios con más mano dura. Se ven cada vez menos agentes con su uniforme normal y más antidisturbios completamente equipados.Para reforzar a los departamentos de policía, los gobernadores han activado a más de 5.000 militares reservistas de la Guardia Nacional que ya patrullan en 15 estados y en la capital. Trump ha ofrecido además a tropas del ejército regular, pero de momento ningún estado ha solicitado su despliegue. ¿Por qué Trump echa leña al fuego?Trump pide dureza a los alcaldes y a los gobernadores sugiriendo que "cuando empiezan los saqueos, empiecen los disparos" y también fantasea con azuzar a "los perros más violentos" contra los manifestantes que protestan frente a la Casa Blanca. Todo esto no solo lo dice por su conocida simpatía hacia los discursos de mano dura, sino que también encierra una estrategia política antigua pero efectiva. A los republicanos siempre les ha venido bien el desorden en la calle, porque llevan definiéndose como el partido de la autoridad desde que Nixon llegó a la Casa Blanca con su campaña de "ley y orden" frente a los disturbios de 1968 y las protestas contra la guerra en Vietnam.Trump y sus asesores saben que cuantas más imágenes de negocios ardiendo haya en la televisión, mejor para él. Que cuanto menos se hable del coronavirus y sus 100.000 muertes en EEUU, más cerca estará de la reelección. Que si el votante centrista llega asustado a las elecciones del 3 de noviembre, él estará en mucho mejor situación para vencer a Joe Biden. El presidente ha condenado la muerte de George Floyd y ha prometido una investigación, pero los disturbios le ofrecen la oportunidad de moverse hacia un discurso que rara vez falla en la política estadounidense: el de que los demócratas son unos blandos.
1 d
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Permisos remunerados, semanas de cuatro días o empresas municipales de cuidados: ideas para conciliar durante (y después) de la pandemia
Una jornada laboral de 35 horas semanales o incluso de 25. Horarios flexibles. Permisos de cuidado retribuidos hasta que abran los colegios. Reducciones de jornada sin reducir salario. Ayudas para contratar a empleadas de hogar. Plantear a futuro un sistema estatal de cuidados. Son algunas de las ideas que desde el feminismo, la economía, los sindicatos o las empresas se lanzan estos días para solucionar el conflicto que la crisis del coronavirus ha dejado más al descubierto que nunca: cómo cuidar y trabajar sin sacrificar la (precaria) igualdad ni los proyectos de vida de las mujeres. Permisos de maternidad y paternidad por coronavirus. La economista Lídia Farré, que, junto a Libertad González, lleva a cabo una de las investigaciones en marcha sobre los efectos de la crisis en la brecha de género, propone permisos retribuidos de seis semanas por progenitor hasta que los colegios abran en septiembre. El diseño sería similar al de los nuevos permisos por nacimiento, aunque de menos duración: doce semanas a repartir equitativamente entre madre y padre. Sería un permiso intransferible, por lo que si un progenitor no coge sus seis semanas, éstas se perderían.Farré explica que este diseño busca el reparto equitativo del cuidado y evitar que fueran las mujeres las que asumieran mayoritariamente el permiso. Las familias monoparentales sumarían las doce semanas. ¿Es asumible para las empresas teniendo en cuenta que durante estos meses también hay vacaciones? "Si los centros educativos siguen cerrados y no se puede externalizar el cuidado de los hijos, no veo demasiadas alternativas", dice Farré. UGT también habla de permisos retribuidos para el cuidado familiar, de carácter individual e intransferible, "para evitar el abandono temporal del empleo o la renuncia involuntaria a una promoción". Jornadas de cuatro días. La empresaria María Álvarez ha lanzado 4suma, una plataforma de empresas y trabajadores para impulsar la jornada laboral de cuatro días "para conciliar, aliviar los servicios públicos como el transporte, y reducir el riesgo de transmisión" de la enfermedad. 4suma propone reducir las jornadas sin reducir sueldos: bien con jornadas de 35 horas bien con reducciones del 20% del tiempo total de trabajo, lo que en la práctica equivaldría a cuatro días de trabajo semanales "siempre manteniendo los salarios". La plataforma pide que los centros escolares también adopten esta jornada para sincronizar a profesorado y alumnado, y que las administraciones aprueben incentivos.Un documento elaborado por un grupo de trabajo sobre Cuidados y COVID-19, formado por activistas y economistas feministas, algunas vinculadas a Unidas Podemos, plantea una reducción progresiva de la jornada de trabajo por fases, que evolucione de las 37,5-40 horas hasta las 20-25 horas sin reducción del salario.Adaptación de la jornada. Es un derecho ya reconocido: lo aprobó inicialmente el primer Gobierno de Sánchez y se reforzó también en las primeras medidas que el Ejecutivo de coalición tomó tras el estado de alarma: el derecho a adaptar la jornada para amoldarlo a las necesidades de conciliación. Es un derecho a pedir la adaptación, pero no obliga a la empresa a concederlo siempre. CCOO pide reforzarlo  con subvenciones a empresas que demuestren "de forma fehaciente" que han facilitado las adaptaciones de jornada de su plantilla. No será de aplicación si un trabajador ha tenido que acudir a los tribunales para obtener la adaptación. El Club de las Malasmadres propone que el derecho a adaptar la jornada sea de obligado cumplimiento para las empresas.Reducciones de jornada pagadas por las administraciones. Es otra de las ideas plasmadas por Comisiones Obreras en su documento sobre propuestas de conciliación y apoyo a las familias. Serían ayudas económicas para las personas que tengan reducir su jornada laboral más de un 30% o que tengan que coger una excedencia temporal para cuidar. La cuantía de estas ayudas tendría en cuenta el nivel de renta de las personas beneficiarias: con salarios inferiores a 27.537 euros, las ayudas serían mayores.En el caso de las excedencias o reducciones totales de jornada, la ayuda sería de 548 euros al mes para las personas con salarios por debajo de 27.537 euros mientras para quienes estén por encima de ese límite serían de 438 euros mensuales. Las ayudas serían más cuantiosas para los hogares monoparentales, familias numerosas o aquellas donde haya una víctima de violencia de género. Y recibirían un plus quienes repartan las ausencias de forma igualitaria entre los miembros de una pareja.Caminar hacia un sistema integrado de cuidados. Incluiría un sistema universal y gratuito de educación 0-3 años con flexibilidad horaria y un sistema de promoción de la autonomía y atención a situaciones de dependencia, entre otras políticas. Iría acompañado de un plan de empleo que surtiera de profesionales estas dos ramas y que permitiera una atención de calidad. Para empezar, el documento del grupo de trabajo sobre Cuidados y COVID-19 propone un programa de fomento del empleo de cuidados a personas que cree 300.000 puestos de trabajo para reestructurar la atención en residencias de personas mayores, atención a domicilio, cuidado de menores y atención a todos los grados de dependencia.Teletrabajo: Todas las propuestas coinciden en que el teletrabajo debe seguir siendo preferente, si bien no puede ser la fórmula única que busque compatibilizar el cuidado y el empleo. Malasmadres habla incluso de teletrabajo "por imperativo legal" más allá del estado de alarma y si la actividad se había realizado con normalidad. La economista Lídia Farré cree que el teletrabajo debe compatibiliarse con la flexibilidad horaria y priorizar a las personas que tengan el cuidado de menores o dependientes.Abrir los colegios con turnos. Es la propuesta de la socióloga Teresa Jurado: "Podrían ser dos turnos escolares, uno de lunes, miércoles y viernes, y el otro, de martes, jueves y sábado". Implicaría la contratación de más profesores y un sistema de preferencias en función del trabajo de los progenitores. Y tendría que ir acompañado de una reducción de la jornada laboral a 35 horas que permitiera a madres y padres concentrar sus jornadas y estar libres para atender a sus hijos los días que estuvieran en casa atendiendo sus clases online. Los hijos de familias monoparentales estarían exentos de turnos y podrían acudir al colegio todos los días. Otra posible medida para reforzar este sistema, explica Jurado, es crear un permiso retribuido de un día a la semana para atender a los hijos y que sufragaría el Estado.Incentivos para el empleo doméstico, pero también más derechos. Malasmadres habla también de aprobar un incentivo económico para que las familias puedan contratar a personal cuidador. La socióloga Teresa Jurado cree que, en todo caso, ese incentivo debería depender de la renta familiar. El documento del grupo de trabajo feminista sobre Cuidados y COVID-19 habla de equiparar los derechos de las empleadas domésticas (derecho a paro, eliminar el despido por desestimiento etc.) con el del resto de trabajadores con un plan de choque que incluya medidas para sacar al sector de la informalidad: incentivos para la afiliación a la Seguridad Social y regularización incondicional de todas las trabajadores de hogar en situación administrativa irregular.Ley de cuidados y de sostenibilidad de la vida. Más allá del corto plazo, el documento feminista propone un entramado de políticas e iniciativas para cambiar la estructura actual de los cuidados o, más bien, para crear una estructura sólida y modificar la forma en que actualmente se conciben. Un observatorio del cuidado, una incubadora que garantice partidas económicas e investigue sobre los repartos del tiempo, una incubadora de políticas "con-cuidado", una Ley de cuidados y de sostenibilidad de la vida que, entre otras cosas, favorezca la creación de empresas municipales de cuidados, o incluya una norma de usos del tiempo para operar sobre la distribución de "los tiempos vitales, tiempos laborales, tiempo de crianza y cuidados y tiempos de ciudad".
2 d
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El miedo a la desescalada: "No quiero salir a la calle"
La imagen se ha repetido en muchas cabezas durante meses de encierro. Esa que reconstruía el momento en que pudiésemos reencontrarnos, en que empezásemos a salir a la calle con cada vez menos limitaciones. Pero en cada anuncio de cambio de fase una sensación extraña aparecía en el estómago de muchos. No era la alegría imaginada. Llegado el día en que empezaba a ser posible el reencuentro con nuestros seres queridos o tomar esa ansiada cerveza en una terraza, aparecen reticencias, dudas o cierto bloqueo. Aparece el miedo a asumir riesgos.El día en que se anunció el cambio de fase en su comunidad, Macarena empezó a recibir mensajes de amigos que celebraban la noticia y pedían una fecha para el reencuentro. Ella no sentía la ilusión que reinaba a su alrededor; ella notaba cierta presión en el pecho. Cuando Sofía, con una patología cardíaca, dio su primer paseo, sus ojos no paraban de fijarse en bocas descubiertas o distancias incumplidas y la ansiedad le empujó a volver a casa. Ana no puede tener más ganas de ver a su abuela, pero el miedo a contagiarla se lo impide. Sabe que el riesgo perdurará durante un tiempo y deberá afrontarlo, aunque no se ve preparada. El miedo a salir a a la calle en la desescalada es, según varios expertos consultados, algo natural, una emoción "adaptativa" a un gran cambio en la manera de vivir. "Es miedo a nuestro contagio o a contagiar a un ser querido de riesgo; miedo a que los demás no tengan miedo y esto afecte a toda la sociedad y volvamos para atrás...", expone María Dolores Gómez, psicóloga clínica, vocal del Consejo General de la Psicología en España. El miedo ha permitido que nos quedásemos en casa. Gracias al miedo la curva de casos se ha doblado, pero ha llegado el momento de empezar a aprender a convivir con el riesgo al contagio.Ser una persona con perfil de riesgo ante el coronavirus o tener familiares con patologías que les hacen más vulnerables al virus aumenta una sensación de peligro, pero, según los expertos, la ansiedad no solo se limita a estos casos, sino que se trata de un mecanismo de protección que puede producirse en la población en general. Asumir que el riesgo cero no existe, apunta la psicóloga Ana Querol, conlleva un periodo de adaptación en función de cada persona. "Hemos pasado dos meses encerrados como forma de protegernos de un enemigo invisible. Nuestro mecanismo de protección ha sido la evitación y el aislamiento, lo que nos ha dado seguridad durante el confinamiento", explica. "En muy poco tiempo tenemos que volver a adaptarnos a una nueva realidad. El virus sigue aquí y tenemos que aprender a convivir con ello".La situación nos obliga a tomar decisiones y los dilemas se multiplican. En las peores semanas de la pandemia, muchas personas no dejaban de pensar en sus madres, padres, abuelas o abuelos con perfil de riesgo. Sufrían ante la posibilidad de que les tocase a ellos y, ese temor aumentaba las ganas de volver a verles. Cuando las restricciones ya no impiden las reuniones o visitas, el riesgo no ha desaparecido del todo. Llegan las dudas.Visitar o vivir con familiares con perfil de riesgoAna lleva días dándole vueltas a la cabeza. "Me planteo si ir a ver a mi abuela, de 91 años. Yo creo que no. Me da miedo poder pegárselo y que se muera de coronavirus, pero no verla en todo este tiempo me hace sentir mal por si le pasa algo", reflexiona Ana, médica en un hospital público de la Comunidad de Madrid. Durante el pico de contagios, la doctora ha atendido a pacientes de coronavirus, pero actualmente  trabaja en su planta habitual.  "Aunque ya no atienda estos casos, en el hospital se junta gente que se puede contagiar. Me da miedo la posibilidad de contagiarla, pero también pienso: tiene 91 años y llevo un montón de meses sin verla. Si se muere, el no verla en este tiempo va a hacer que me sienta mal", se debate la sanitaria. "Esto va para largo y  en algún momento tendré que verla: quizá con una persona que tiene toda la vida por delante no te lo planteas tanto y dices, bueno ya lo haré. Pero me parece que es alguien a quien quiero ver y que a lo mejor tenemos poco tiempo para vernos". El tiempo pasa y sigue sin verla.José Antonio Luengo, portavoz del Colegio de Psicólogos de Madrid, recuerda que "el miedo nos permite defendernos de situaciones extremas: nos puede preparar para enfrentar un riesgo o nos hace huir". Esa inquietud que puede empujar a huir, a evitar afrontarlo, según el profesional, se da en varias escalas. En uno de los niveles se encuentran aquellos casos en los que, como Ana, tienen motivos para tener un temor añadido a "la nueva normalidad" o a visitar a ciertas personas. También es el caso de Sofía, quien con una patología cardiovascular, sentía una gran ansiedad cuando salía a la calle en los primeros paseos pero, poco a poco, se ha ido adaptando y ahora se siente más tranquila para ir a tomar algo a una terraza con gente de confianza.Lucía sigue sin salir de casa "ni para sacar la basura". "Tengo miedo a las personas que no son conscientes de lo que estamos viviendo y que no respetan", lamenta, quien teme visitar a su padres, con perfil de riesgo. "Mi miedo es por contagiarme y  contagiar: no me perdonaría perder algún familiar o conocido por mi culpa", sostiene la mujer, de cerca de 40 años, cuyo marido depende de la hostelería para seguir adelante. "Sigo en mi línea de no salir, y mucho menos hacer reuniones con familia, entiendo a mi parecer que la desescalada es necesaria por la economía, pero aún así sigo creo que es mejor no salir". "Me dará miedo salir, pero tendré que superarlo"Gemma, con varias enfermedades respiratorias, vive en Cantabria, una de las comunidades autónomas en fase dos. Pero la mujer, de unos 50 años, apenas ha salido de casa desde el inicio del confinamiento. "Un día al dentista y otro al abogado", enumera por teléfono. "Y fui a toda prisa, con mucha tensión, da miedo", reconoce. Su padre falleció en plena pandemia y no pudo ir al hospital a despedirse. Trabaja como limpiadora en una comisaría y, desde finales de marzo, se encuentra de baja, dado que sus patologías la hacen más vulnerable al virus."Me da miedo salir, pero tendré que superarlo. Algún día tendré que salir, y quiero ver a mi nieto", señala Gemma. Está cansada de estar en casa y, aunque teme salir, cree que debería empezar a hacerlo para ir acostumbrándose, pero su médico de cabecera no le permite ni siquiera pasear sola. Ella cumple a rajatabla. El miedo "social": "Debería haber más prudencia"En otra de las escalas del miedo al virus se encuentran, según Luengo, aquellas personas que siempre fueron algo hipocondríacas, pero también quienes nunca han tenido una especial preocupación ante posibles enfermedades y se muestran sorprendidas ante su propia ansiedad. Macarena, de 29 años, se identifica con este último grupo.Hasta ahora, dice, había pasado la cuarentena "bastante bien", dentro de la preocupación generalizada por la emergencia sanitaria. El aumento de su ansiedad se produjo justo el día en que sus allegados celebraban el inicio de la fase 1 en Madrid. "Ese viernes, me escribían contentos y yo era incapaz de estar contenta. Me sentía agobiada. El domingo, notaba cierta incertidumbre, le daba vueltas a cómo sería", recuerda la veinteañera.El primer día de la fase 1, describe, empezó a notar presión en el pecho, que se le repitió en varios días sucesivos. Su temor se relaciona con lo que la psicóloga Gómez describe como "el miedo a que los demás no tengan miedo": "Lo asocio a que me da mucho miedo a volver atrás. Creo que todo es muy frágil, siento que hay una gran incertidumbre, la desescalada es ensayo-error, y creo que deberíamos tener más prudencia ante el riesgo de que haya un pico de contagios, vuelvan a confinarnos y la situación económica también empeore aún más", analiza Macarena. Por eso, ella va "poco a poco". Prefiere pasear sola que acompañada, aún no ha ido a una terraza y, si queda con gente, evita que sea mucho tiempo y siempre al aire libre. "Es como si siguiese en la fase 0", comenta. Crear "nuestra propia desescalada"Macarena sigue su propio ritmo de desescalada, una estrategia aconsejada por los expertos. "Asumir que tenemos miedo, ansiedad, que no tenemos ganas de relacionarnos en estas circunstancias, que nos preocupa contagiarnos, son cuestiones normales e incluso adaptativas. Nos ayuda a protegernos y el miedo tiene esa función evolutiva, es saludable", sostiene Ana Querol, quien considera que "conectar con lo que sentimos y darnos tiempo, concedernos el derecho a diseñar nuestra propia desescalada para ir incorporándonos a la vida social  progresivamente y a nuestro ritmo son aspectos necesarios para disminuir la ansiedad y sentirnos más cómodos". Para ello, Luengo defiende la importancia de "verbalizar" el miedo que empuja a la gente a permanecer en casa. "Lo que más limita la posiblidad de progresar y es ser incapaz de reconocerlo y de hablarlo. Se ha visto a muchas personas argumentando que no necesitan salir, que se han acostumbrado y que tampoco necesitan retomar la vida que tenían antes, es lo que se ha llamado síndrome de la cabaña y no deja de ser una pequeña anomalía", sostiene el portavoz del Colegio de Psicología de Madrid. "Te autoconvences de que tú estás bien y que ya no necesitas salir de casa, pero en el fondo tiene que ver con el miedo que no se reconoce", advierte Luengo. "Hablarlo permite verlo a cierta distancia para poder empezar a afrontarlo a nuestro ritmo". No exponerse de golpe a las situaciones más estresantes, como reuniones con varias personas, es otro de sus consejos. "Hay que intentar vencer el miedo poco a poco", apunta Luengo. Empezar con paseos en solitario o seleccionar un grupo concreto de amigos, son algunas de las recomendaciones.  "Para poder ir adaptándonos creo que la cuestión está en asumir que el riesgo cero no existe; y esto será así probablemente durante mucho tiempo. Por lo que podemos diseñar cómo podemos sentirnos más seguros en función de eso ir tomando decisiones", apunta Querol, quien recuerda que el miedo también puede estar escondido en actitudes menos responsables."No tenemos por qué salir si no estámos preparados y obligarnos a hacer la vida como la hacíamos antes: eso tampoco sería sano", alerta la psicóloga. En esos casos, el origen puede encontrarse en que "no conectamos con nuestro miedo o nos avergonzamos de tenerlo y tomamos una actitud negacionista en la que creemos que no aceptando la nueva realidad y haciendo como si no pasara nada estamos mejor", alerta Querol. 
2 d
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Test masivos contra la COVID: propaganda política que choca con la ciencia y los recursos sanitarios
"Los españoles tienen derecho a saber si están contagiados y el Gobierno tiene el deber de hacer test a toda la población", dijo el líder del PP, Pablo Casado, a finales de abril. El principal partido de la oposición al Ejecutivo de Pedro Sánchez ha hecho girar sus demandas en la pandemia sobre esta idea, que han intentando –con dificultades– llevar a la práctica en algunos de los territorios donde gobiernan como muestra de una mejor gestión. También se han sumado a la exigencia de test para todos los dirigentes de Vox y algunos ayuntamientos, de varios colores políticos, piden poderlos hacer a sus habitantes para "mejorar la seguridad sanitaria". Pero la ciencia no tiene en este momento tan claro que estas pruebas masivas, vendidas políticamente como una vía para evitar contagios, sean útiles cuando no se tiene claro si hay inmunidad, si protege y por cuánto tiempo dura. ¿Estamos ante una nueva forma de populismo sanitario?El impulso por los tests a toda la población –con pruebas si los individuos tienen anticuerpos con infección activa o resuelta– no está respaldado por la ciencia en este punto de la epidemia. Los expertos aseguran que dan "una fotografía temporal" y que, sin coordinación con las autoridades sanitarias, se trata de una "prestación sanitaria individual" que aporta poca información epidemiológica válida. La Sociedad Española de Salud Pública ha pedido a través de un comunicado al Gobierno nacional, a los autonómicos y a los locales que "bloqueen cualquier iniciativa populista para hacer test masivos" porque, advierten, es "innecesario" y "puede proporcionar una falsa sensación de tranquilidad y seguridad que desembocaría en un mayor riesgo de transmisión"."A la gente le encanta, pero ¿qué información sacas de ahí? Es una información personal, que está muy bien, pero a efectos prácticos no sé si merece la pena o es empezar la casa por la tejado. Es más populista que pragmático", reflexiona Víctor Jiménez Cid, catedrático de Microbiología de la Universidad Complutense de Madrid, que considera ahora es "mucho más necesario asegurarse de que en primera línea hay suficiente infraestructura para diagnosticar cualquier caso y trazar todos sus contactos" para evitar rebrotes. Alfredo Corell, de la Sociedad Española de Inmunología, es también crítico. "No tiene sentido. Primero, porque pasado mañana el resultado puede ser distinto. Y, segundo, porque se amplía a la población general de forma unilateral cuando ni siquiera se ha terminado de testar a los profesionales expuestos al virus". El ministro de Sanidad, Salvador Illa, advirtió esta semana a las administraciones locales que "hacer carreras para ver quién ha hecho más test no nos llevará a nada". El Gobierno lo considera una opción que "no es válida". "Ni aquí ni en otro país", aseguró el ministro de Ciencia y Universidades, Pedro Duque. Ningún país grande ha emprendido un testeo masivo, aunque sí algunos territorios pequeños como Luxemburgo, Islandia o Andorra."No tiene sentido que se teste a toda la población", apuntaba a finales de esta semana el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, Fernando Simón. El técnico reiteraba, como ya dijo en abril, que hay que "valorar bien si distraen recursos de allí donde son necesarios y cómo se van a gestionar los positivos" y advertía del peligro de "malgastar recursos". "Se pueden hacer a colectivos concretos", concede Sanidad, pero no en principio a toda la población porque "tienen una interpretación muy complicada". El Gobierno de España ordenó en abril que toda organización público-privada que disponga de material de testeo debe ponerlo en conocimiento de la Comunidad autónoma y seguir sus indicaciones. Las autoridades recuerdan cada semana a las empresas que no deben realizarlas sin pasar por el filtro de Sanidad, pero no interviene para impedirlo. También muchos ayuntamientos están haciendo cribados a sus plantillas. Ahora a este frente se empiezan a sumar los tests a la población general en los municipios, cuyos alcaldes han descubierto que extender la propuesta a todos es una garantía de éxito."Desde los poderes públicos no se debe ofertar una prestación sanitaria si no tiene todo el sentido del mundo y esta es cuestionable. En las empresas y entre trabajadores municipales se está haciendo a mansalva y nadie dice nada. Se echa de menos que el Ministerio hable alto y claro", asegura el epidemiólogo Fernando López Artalejo que considera que hacer extensibles los test a toda la población es "prematuro" todavía. "Puede ser una idea razonable cuando tengamos claro que tener anticuerpos representa inmunidad, cuál es la cantidad necesaria y cuánto durara la misma. Ahora es difícil saber qué significa esa prueba". Otro costado del debate es que el resultado genere "una falsa seguridad" en los ciudadanos que les hagan obviar algunas medidas de distanciamiento obligatorias.El frente de los ayuntamientosLa polémica ha estallado esta semana en Torrejón de Ardoz, un municipio madrileño que intentó pone en marcha por su cuenta pruebas masivas para sus 130.000 habitantes. La idea generó un incendio en la Consejería de Sanidad del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, que se desmarcó de la estrategia cuando el Consistorio ya tenía todo organizado para ponerla en marcha.Al final, la Comunidad de Madrid ha optado por presentar unas instrucciones que, en la práctica, dan un salvoconducto a Torrejón –el municipio donde gobierna el alcalde más votado del PP en España– para seguir adelante con su plan, ejecutado con sanitarios de una empresa privada (Ribera Salud) detraídos de dos hospitales privatizados de Valencia. El trasvase ha generado sospechas en la Conselleria de Sanidat Universal, que ha abierto un expediente informativo a la concesionaria. La noticia ha levantado ampollas en el resto de alcaldes de Madrid, algunos de los cuales habían recibido previamente el no por respuesta. "Me llamó un alto cargo para decirme que no era recomendable hacer test masivos y que no había capacidad en los centros de salud", asegura el alcalde de Fuenlabrada, Francisco Javier Ayala (PSOE), en conversación con eldiario.es. El Ayuntamiento de Alcalá de Henares, gobernado por el PSOE, anunció el jueves que solicitará a la Comunidad un estudio de seroprevalencia como el de Torrejón. Se abre la barra libre, y con ella, los problemas. De la teoría a la práctica Las promesas de realizar pruebas se topan con la realidad de la escasez de recursos y también con las dificultades de interpretación de los resultados. La Xunta de Galicia quiso ponerse en el mapa con un estudio de seroprevalencia mayor al realizado por Sanidad y tuvo que interrumpirlo a la mitad por la sobrecarga de la Atención Primaria, entre otras razones. En Madrid pasa lo mismo: la Comunidad no tiene capacidad para testar a sus 6,6 millones de habitantes pese a que el líder del partido que gobierna en ella defiende hacerlo."Si no hay test es imposible que reabramos la economía y es difícil prevenir que no haya rebrotes si hay personas a asintomáticas que ya están en la calle", argumentó Casado. Ante las limitaciones evidentes, la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso anunció test "masivos" pero "selectivos". Y el alcalde de la capital, José Luis Martínez-Almeida, apoya también la teoría pero no la ejecuta en la práctica. "Siempre hemos defendido la necesidad de hacer test masivos, pero el Ayuntamiento no tiene la capacidad de poder hacerlo a los 3,3 millones de habitantes". Ayala propuso desde Fuenlabrada a la Comunidad de Madrid comprar test para los 200.000 habitantes del municipio, aunque condicionando el testeo a que se hiciera en centros de salud. "Desde la más absoluta lealtad le hice una propuesta. Le preguntaba si había que hacer test masivos o no. Pero parece que nadie aconseja, ni siquiera a la consejería, hacerlos", afirma ahora, una semana después. Los regidores saben que se trata de una iniciativa que da rédito político y genera confianza en los gobernantes, aunque los expertos y el Ministerio de Sanidad le den la espalda. "Está claro que hay una demanda social. Y si te la haces pues te vas a relacionar con más tranquilidad con tu abuela o con otros seres humanos. O si vas al peluquero prefieres que lo haya pasado", apunta López Artalejo que advierte de una futura consecuencia no deseable: "Esto también puede abrir una puerta peligrosa a los pasaportes inmunológicos y a la discriminación". 
2 d
eldiario.es
La genética y aspectos desconocidos del coronavirus provocan que algunos infectados enfermen durante semanas
El periodista deportivo Kike Mateu dio positivo por coronavirus tras asistir al partido de fútbol entre el Atalanta y el Valencia C.F. que tuvo lugar en Milán (Italia) el 19 de febrero. Recibió el alta casi un mes después, el 23 de marzo, después de padecer síntomas durante semanas. Algo similar le sucedió al investigador Paul Garner, que describió el proceso como "siete semanas en una montaña rusa de enfermedad, emociones extremas y agotamiento". ¿Por qué el SARS-CoV-2 castiga a algunos pacientes durante tanto tiempo, mientras que otros lo superan rápido sin apenas enterarse?Todos los investigadores consultados para este artículo coinciden en que es un 'misterio' sin –de momento– respuesta, debido a la incertidumbre que todavía rodea al coronavirus responsable de la pandemia de COVID-19. Sin embargo, las evidencias acumuladas hasta el momento, junto con todo lo que sabemos sobre nuestro sistema inmunológico, sí permiten arrojar algo de luz sobre este tema.El inmunólogo de la Universidad de Valladolid Alfredo Corell enumera los cuatro factores que pueden contribuir a que la batalla contra el coronavirus dure más o menos tiempo en nuestro cuerpo. Tres de ellos son comunes para cualquier enfermedad infecciosa: la genética, la edad y las condiciones ambientales de cada paciente. Un cuarto, recientemente descubierto, sugiere que la inmunidad desarrollada contra otras enfermedades como catarros podría ayudarnos contra la COVID-19."Toda la vida ha habido gente que se defiende mejor que otra", explica a eldiario.es Corell sobre la importancia de la genética en la lucha contra los patógenos. "El complejo de histocompatibilidad, que enseña los antígenos a nuestras células inmunitarias, tiene un componente genético". En este sentido, algunos estudios ya han sugerido la posibilidad de que ciertos genes estén relacionados con sufrir un cuadro más o menos grave de COVID-19.¿Defensas jóvenes por más tiempo?Corell dice que "también hay que tener en cuenta las comorbilidades, otras enfermedades asociadas y la edad" de los pacientes. "A partir de los 65 años el sistema inmunitario va envejeciendo bastante, por eso es normal encontrar cánceres, alergias y patologías autoinmunes". El investigador comenta que esta "inmunosenescencia" provoca que las defensas de nuestro organismo "degeneren", pero asegura que existen excepciones. "Hay ancianos de más de 80 años con un sistema inmune a prueba de balas".Corell explica que el comportamiento individual puede "mantener, mejorar o empeorar" el sistema inmune de cada persona. El investigador cita algunos de estos hábitos saludables: dormir suficiente, mantener una dieta completa, hacer ejercicio moderado y controlar el estrés. También tomar el sol para generar vitamina D, "uno de los elementos con más actividad inmunofuncional" y, por supuesto, eliminar el consumo de tabaco, alcohol y drogas.A estos tres factores generales hay que añadir la posibilidad de que 'batallas' pasadas hayan preparado mejor a nuestro sistema inmune en la lucha contra el SARS-CoV-2. Un estudio publicado este mes en la revista Cell aseguraba que entre un 40 y un 60% de pacientes que no había padecido la COVID-19 contaba con células de memoria contra el nuevo coronavirus.Según los investigadores, las infecciones pasadas con otros coronavirus responsables de resfriados comunes conferirían una inmunidad cruzada contra el SARS-CoV-2. "Es una explicación de por qué algunas personas pueden pasar la COVID-19 sin apenas síntomas ni enterarse", aclara Corell.¿Dónde se esconde el coronavirus?"Una de las cosas más raras de este virus es que algunas infecciones duran muchísimo", dice la viróloga de la Universidad de Cambridge Nerea Irigoyen. "Tiene que haber algo que nos estamos perdiendo"."Hasta ahora nos hemos basado en lo que sabíamos del SARS-CoV-1 [responsable del SARS], que es un virus puramente pulmonar, pero ahora sabemos que el SARS-CoV-2 es capaz de entrar en otros tipos celulares y se están viendo nuevos síntomas como gastroenteritis", dice la investigadora.El investigador de la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) José Antonio Uranga explica que el SARS-CoV-2 puede tener apetencia por otras partes del cuerpo más allá del sistema respiratorio. "Los receptores ACE2 y CD147 [que usa el virus para entrar en las células] son incluso más abundantes en otros tejidos fuera del sistema respiratorio", explica.Uno de esos tejidos son los que componen el sistema digestivo. "Las neuronas que residen en el tracto gastrointestinal podrían verse afectadas", asegura la investigadora de la URJC Raquel Abalo, que explica que los síntomas gastrointestinales "podrían deberse a un daño" en esas células. "No podemos estar seguros todavía, pero podrían servir de reservorio para el virus como sucede con la varicela en otros nervios".Irigoyen también cree que existe la posibilidad de que algunas células actúen como reservorio. Por eso, la investigadora va a estudiar si el coronavirus es capaz de infectar glóbulos rojos, así como su comportamiento en caso de coinfección con el parásito de la malaria."No sabemos las patologías que pueden aparecer a medio plazo, pero pueden ser muy numerosas [debido a la omnipresencia de los receptores de entrada]", asegura Uranga. "¿Puede dar problemas digestivos, hepáticos e incluso del sistema nervioso central? No lo sabemos, está todo abierto". Ahora que la urgencia de la pandemia parece aplacarse, los investigadores podrán centrar sus esfuerzos en nuevas áreas relacionadas con el SARS-CoV-2.
2 d
eldiario.es
Los recientes brotes de la desescalada ponen a prueba los sistemas de detección con un 70% de la población ya en fase 2
Lo que en un principio pudo parecer solo teoría para una 'desescalada perfecta' ya está comprobándose en la práctica. Los recientes brotes de COVID-19 registrados en lugares como Lleida, Ceuta o Totana (Murcia) ponen de manifiesto la necesidad de contar con las capacidades sanitarias de las que tanto advirtieron la OMS y los expertos: los sistemas de detección y rastreo deben ser robustos y no desinflarse. La desescalada avanza y ya este lunes el 70% de la población está en fase 2 y varias islas en fase 3; un progresivo alivio de las restricciones a las que se unirán focos de contagios que sin la agilidad en el diagnóstico y la vigilancia meticulosa pueden volverse explosivos o acabar precipitando la temida marcha atrás de la que ya ha dado un aviso Ceuta.La ciudad autónoma amagó con volver a la fase 0, según dijo su consejero de Sanidad, tras registrar un "repunte inusual" con 22 confirmados y 271 personas aisladas por haber estado en contacto con ellos. El rastro del virus también tuvo que seguirlo Lleida, que ha frenado su avance a la fase 2. En Badajoz, una fiesta de cumpleaños con más aforo del permitido ha acabado con un contagiado y 18 en observación; y en Cáceres dos positivos con gran movilidad han provocado 15 cuarentenas. La Policía Nacional investiga las circunstancias en las que el pasado martes se celebró una reunión de una treintena de personas en una vivienda particular de Córdoba, después de que el príncipe Joaquín de Bélgica se confirmase como el positivo por COVID-19.Este lunes Totana (Murcia) también pasará de fase tras controlar un rebrote que mantiene a unas 60 personas en cuarentena, cinco jornaleros y un chófer de autobús dieron positivo por coronavirus durante la primera semana de mayo. Los profesionales contagiados trabajaban para tres empresas agrícolas diferentes y viajaron en una furgoneta con cinco personas y en un autobús "con 45". Este último desplazamiento no estaría contemplado en la normativa elaborada por las autoridades sanitarias, ya que cuando se detectó el primer positivo solo se podía ocupar un tercio de la capacidad del vehículo, una reducción que únicamente permitiría haber albergado a dos decenas de trabajadores.El proceso es claro: diagnosticar en 24 horas y, si es positivo, identificar a todos los contactos estrechos (a menos de dos metros y durante más de 15 minutos) y éstos aislarse, según se estableció en la reciente estrategia de detección precoz aprobada por Sanidad. El objetivo es romper con las cadenas de transmisión, pero la práctica es más complicada. El rastreo es una labor casi 'quirúrgica' que requiere de sistemas con músculo a los que cada comunidad ha ido llegando a distinto ritmo. Lo importante, explican los expertos, es que no bajen la guardia. "Sabemos que hay brotes porque los sistemas están funcionando", lo que evidencia lo "imprescindibles que son", ilustra Fernando Rodríguez Artalejo, epidemiólogo y director de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Madrid. Según explicaron Salvador Illa, ministro de Sanidad, y Fernando Simón, director del Centro de Alertas y Emergencias Sanitarias, todos estos focos –a excepción del de Extremadura, que no se había producido– están controlados; precisamente "porque la detección precoz ha funcionado", por lo que hay que seguir "manteniendo una vigilancia muy estricta", advirtió el epidemiólogo. Sin estos mecanismos, las personas que no desarrollan síntomas o los experimentan leves podrían seguir expandiendo el virus en casos como estos. Por eso los llamados 'rastreadores', a medio camino entre los servicios de Salud Pública y Atención Primaria de las comunidades, deben hacer una especie de reconstrucción de la vida del contagiado desde 48 horas antes del inicio de los síntomas y llamar uno a uno a todos sus contactos estrechos para que sigan sus indicaciones y hagan cuarentena."Si uno de estos repuntes no se controla y hay un supercontagiador, por ejemplo, que empiece a establecer una cadena de transmisión que no se detecta podría dar lugar a un brote muy importante que incluso podría llevar a confinar un territorio o zona", señala Artalejo, que pone el foco sobre el papel actualmente en investigación de las personas que tienen la capacidad de contagiar más que el resto. Un reciente estudio de la Universidad de Santiago de Compostela –un preprint no revisado– ha encontrado evidencias de su existencia y calcula un vínculo con hasta la mitad de los casos de coronavirus. Junto a ello, la incidencia de los brotes que los expertos dan por hecho dependerá también de otros elementos: por ejemplo, el nivel de movilidad o densidad de población de los territorios. Barcelona y Madrid son, en este sentido, los dos más susceptibles debido a que son escenario de enormes flujos de desplazamientos –15,8 millones diarios en la Comunidad de Madrid (7,7 en la ciudad) y cerca de 10,5 millones en la extensa corona metropolitana barcelonesa–.Más allá de la desescaladaA medida que avanza la desescalada, el mapa de contactos se amplía porque cada vez se permite más interacción social y es fácil que cada persona pase a estar progresivamente en más lugares y con más grupos. Y aún "tenemos una bolsa de población susceptible de contagiarse muy grande", esgrime Pedro Gullón, experto en Salud Pública y portavoz de la Sociedad Española de Epidemiología. En concreto, un 95%, según el estudio de seroprevalencia del Ministerio de Sanidad. Este es "el verdadero reto": "mantener los sistemas de vigilancia" ante lo que queda por venir.Según Artalejo, hasta que no se logre la ansiada inmunidad de grupo que llegará con una vacuna eficaz, se requerirán capacidades sanitarias reforzadas porque "aunque pudiera parecer que sí, todo lo que estamos hablando no es solo para la desescalada"; también para la llamada 'nueva normalidad', en la que también "deberemos tener los sistemas a punto". "Tenemos que ser capaces de no repetir el error", añade Gullón, para no regresar a un escenario de transmisión comunitaria.No obstante, no es fácil saber en qué medida están aplicando los mecanismos de vigilancia y detección todas las comunidades autónomas, lamenta Artalejo. Algunas, como La Rioja o Asturias han sobresalido en porcentaje de realización de PCR a sospechosos y han sido ejemplo de rastreo eficaz y coordinado. Sin embargo, la carencia de estos fue uno de los motivos clave por los que Sanidad rechazó el pase a la fase 1 de la Comunidad de Madrid hasta en dos ocasiones. Según describió el ministerio, la región presentaba "ideas" para un sistema de vigilancia, pero sin describir el funcionamiento o la dotación de personal. Finalmente, avanzó el pasado lunes tras constatar que los profesionales habían aumentado de 36 a 169 para una población de más de 6,6 millones de habitantes.Los expertos celebran que estos informes sean por fin públicos tras múltiples acusaciones de falta de transparencia, pero apuntan a que sería "interesante" contar también con los que envían las propias comunidades a Sanidad. Para Artalejo, no es adecuado "no saber qué capacidades está teniendo cada una y en qué medida cumple los criterios establecidos".El peligro de relajar las medidasPero más allá de los sistemas, que se activan cuando ya se han producido los contagios y contactos, los especialistas ponen el foco tras los brotes registrados esta semana en el cumplimiento de las medidas de seguridad de la población. Empresas y fiestas son los dos escenarios origen de estos focos, este segundo con incumplimientos en algunos casos del aforo permitido para las reuniones de grupo –10 personas en fase 1 y 15 en fase 2–. En Lleida, por ejemplo, fue una fiesta de cumpleaños a la que asistieron 20 personas. A la de Badajoz, tres más de las que establece la norma sanitaria. Y en Ceuta, un caso confirmado se saltó el aislamiento para acudir a una. "No hay sistema que aguante si los ciudadanos no siguen las directrices: distancia física, lavarse las manos, evitar aglomeraciones y, a ser posible, el uso de mascarillas", remacha Artalejo. Este tipo de focos detectados y controlados "tienen su parte pedagógica" porque "son avisos de lo que puede pasar si se relajan las precauciones". El riesgo a la marcha atrás y a volver a escenarios de confinamiento "es absolutamente real" más allá del margen de 'ensayo y error' con el que todos los países van a ir pilotando la desescalada y que implicará seguramente aperturas y restricciones casi constantes."Todos tenemos muchas ganas de hacer fiestas con nuestras familias", pero "una pequeña fiesta inocente" puede dar lugar a "un brote que puede ser el inicio de otra onda epidémica", advirtió Simón esta misma semana en relación al caso de Lleida. La distancia, la mascarilla y la higiene son "la regla de oro", dice Artalejo, pero recuerda lo útil de la llamada 'regla de las tres C': evitar espacios cerrados, contactos estrechos y lugares concurridos. Es una cuestión de "solidaridad" y "todos deberíamos instar a seguir las directrices sanitarias porque el incumplimiento de unos pocos puede perjudicar a todos", prosigue. Porque si algo evidencian los repuntes es que el virus sigue aquí y estamos solo en el principio de una carrera de fondo.
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