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Elliot Page, actor de 'Juno', anuncia su identidad trans: "Es increíble por fin amar quien soy"
Ellen Page, conocido por películas como Juno, series como The Umbrella Academy y ser una de las personalidades de Hollywood que más visibilidad ha dado al colectivo LGTBQ, ha publicado un comunicado en su cuenta personal de Twitter en el que anuncia su identidad trans y que su nombre pasa a ser Elliot."Me siento afortunado por escribir esto. Por estar aquí. Por haber llegado a este lugar en mi vida. Siento abrumadora gratitud por la gente increíble que me ha apoyado en este camino. No puedo empezar a expresar lo increíble que se siente por fin amar quien soy lo suficiente como para seguir a mi auténtico yo. Me han inspirado tantos en la comunidad trans", señala el intérprete en redes sociales. Asimismo, a pesar de que afirma sentirse "profundamente feliz" por publicar el texto, también reconoce tener miedo. "Tengo miedo de la invasividad, el odio, las 'bromas' y la violencia. Para ser claro, no estoy intentando reventar un momento que es feliz y que celebro, pero quiero mencionar la imagen completa. Las estadísticas son pasmosas. La discriminación contra la gente trans es común, insidiosa y cruel, con terroríficas consecuencias. Solo en 2020 se ha informado de que al menos 40 personas transgénero han sido asesinadas, la mayor parte de ellas mujeres trans negrxs y latinxs".Por esa razón, señala a a aquellos líderes políticos que "trabajan para criminalizar los servicios de salud" y "a todos aquellos con una enorme plataforma que continúan extendiendo la hostilidad contra la gente trans". "Desatáis una furia de odio vil y degradante que acaba sobre los hombros de la comunidad trans, una comunidad en la que el 40% de los adultos trans intentan suicidarse. Ya es suficiente. No estáis siendo 'cancelados', estáis haciendo daño a la gente. Yo soy una de esas personas que no se quedarán callados ante vuestros ataques, critica Page.El actor nominado al Oscar por Juno continúa su texto diciendo que "me encanta ser trans. Y me encanta ser queer. Y cada vez que me acerco más a mí mismo y acepto quien soy completamente, sueño más, mi corazón crece más y yo crezco más". Pero antes de finalizar el comunicado decida mandar un mensaje a "todas las personas trans que lidian con acoso, autodesprecio, abusos y amenazas de violencia cada día: os veo, os quiero y haré todo lo que pueda para cambiar este mundo a mejor".
2 h
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¿Qué partidas priorizarían los políticos si tuvieran más presupuesto?
Finales de año es siempre época de debate sobre los Presupuestos generales, autonómicos y municipales. Este año, además, habrá decisiones trascendentes que tomar sobre a qué dedicar los fondos europeos para la reactivación económica que empezarán a llegar en 2021. A qué se dedique este considerable gasto público dependerá de lo que logren acordar los partidos políticos. Pero, ¿importa realmente qué partido esté en el poder? ¿Existen diferencias sustanciales en las prioridades de gasto entre políticos de diferentes ideologías?Aunque no podemos saber qué ocurriría si gobernaran partidos diferentes, sí podemos analizar si los políticos de izquierda y de derecha tienen preferencias distintas sobre a qué dedicar un dinero "extra". Para estudiar esta cuestión, usamos datos de una gran encuesta realizada a más de 1.000 alcaldes y alcaldesas de municipios españoles de más de 2.000 habitantes en 2018 y 2019 donde se les pedía que imaginasen la hipotética situación de que llegase una partida presupuestaria no esperada a su municipio. Preguntamos a qué cuatro áreas entre las 10 más significativas en los presupuestos municipales destinarían estos fondos extraordinarios. El gráfico a continuación muestra los porcentajes de políticos que escogieron cada una de las áreas.Parece claro que la prioridad de los alcaldes que respondieron a nuestra encuesta es la protección social, siendo escogida como una de las cuatro prioridades por el 77% de los encuestados. A esta le siguen educación, servicios municipales e infraestructuras y transportes, escogidas por el 60%, el 53% y el 50% de los entrevistados respectivamente. Muy por detrás quedan otras áreas como igualdad de género (21%), seguridad y protección civil (21%), deportes (12%) y cultura y fiestas (10%), siendo estas las menos escogidas por los políticos.Estos datos sirven también para estudiar si políticos de diferentes tendencias ideológicas tienen preferencias distintas. En la misma encuesta se añadió una pregunta de auto-ubicación ideológica, con la clásica escala de 0 al 10. El siguiente gráfico muestra los resultados entre los políticos que se autodefinen como de izquierda (escogen una posición entre 0 y 4 en la escala) y los que se autodefinen como de derecha (entre 6 y 10).Los políticos de izquierdas dan más prioridad que la media a áreas sociales tales como protección social (85%), educación (64%) o igualdad de género (28%). Para los políticos de derechas el orden de estas preferencias cambia y dan una clara prioridad a las infraestructuras y transportes, siendo esta el área más priorizada entre los alcaldes de derechas (69%). En cambio, los alcaldes de derechas escogen la igualdad de género entre las cuatro principales prioridades de gasto extra en mucha menor medida que la media (10%). Infraestructuras y transportes presenta diferencias entre izquierdas y derechas de unos 20 puntos porcentuales. Encontramos también que los alcaldes de derechas priorizan mucho más la seguridad ciudadana que el resto de grupos, con diferencias de unos 10 puntos porcentuales. El área de igualdad de género es una de las que muestra mayores diferencias, con 17 puntos porcentuales de distancia entre políticos de izquierdas y derechas. Otro dato curioso es que los políticos de diferentes ideologías parecen estar de acuerdo en algunas prioridades. El porcentaje que escoge educación, sanidad, o deportes como prioridad es muy similar en ambos grupos.Llama la atención que la sanidad no era antes de la pandemia un área al que ni izquierdas ni derechas dieran una gran prioridad. Tan solo el 30% de los políticos escogieron sanidad como área de preferencia para destinar los recursos, en una sexta posición. Sería muy interesante poder observar si las prioridades de los alcaldes han cambiado en la actualidad a consecuencia de la pandemia.¿Son estas diferencias en preferencias importantes o pequeñas? ¿Acaban reflejándose en presupuestos muy distintos según la ideología de los partidos que gobiernen? Aunque quedan muchas preguntas abiertas, lo que parecen mostrar estos datos es que izquierdas y derechas están básicamente de acuerdo sobre la prioridad relativa de varias áreas de gasto, incluidas sanidad y educación, mientras que sobre otras áreas como infraestructuras, seguridad o género existen discrepancias ideológicas más intensas. Seguramente es en estas áreas dónde más cambien los presupuestos según quién gobierna. 
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Ayuso es muy antiespañola y mucho antiespañola
Madrid es el ariete del PP contra el Gobierno. Casado ha encontrado en Ayuso, con el apoyo de Almeida, la forma de hacer oposición nacional con la política autonómica y llevar a cabo la estrategia de crispación diseñada por Aznar. Hasta ahora ha sido por la pandemia, ahora es por los impuestos. La presidenta madrileña ha jurado convertirse en la peor pesadilla para quienes cuestionen la fiscalidad madrileña y ha desafiado a Sánchez prometiendo bajar aún más los impuestos. Para chulapa, ella. No dice a quién ni cómo disminuirá los tributos, sólo busca el titular y la pelea. Da igual que haya una crisis galopante que se podría afrontar mejor con la ayuda de los que más tienen. A los suyos, no se les toca. Esta nueva bronca empezó cuando el portavoz de Esquerra, Gabriel Rufián, anunció que había pactado con el Gobierno una mesa para trabajar en una armonización fiscal en toda España y acabar con el paraíso fiscal madrileño. El PP puso el grito en el cielo, cuando lo cierto es que también fue propuesta por los expertos consultados por Rajoy en su última legislatura y es una de las metas de la UE para acabar con la competencia desleal que provoca una tributación asimétrica. La desigualdad perjudica a otras comunidades también gobernadas por los populares, pero no quieren tocar el cortijo madrileño porque les da muchos votos y protege a las grandes fortunas a las que representan.Madrid no es un paraíso pero sí una isla paradisíaca para los más ricos. Tienen el IRPF y el Impuesto de Transmisiones más bajo de España, bonificación del 99% en el impuesto de Sucesiones y Donaciones y exención total sobre el Patrimonio. El modelo es neoliberalismo de libro: ventajas a las rentas altas y reducción del gasto público, lo que ha provocado que las fortunas trasladen su domicilio fiscal a Madrid perjudicando al resto de regiones y que las empresas privadas se hagan con los servicios que la Administración no presta. Todo por la pasta. Ésa es su patria. Luego te cuelan una bandera iluminada de chorrocientos metros para que las luces te cieguen y no veas cómo te la están metiendo doblada y viva España y olé.   Este sistema, implantado por Aguirre, hace que Madrid deje de ingresar hasta 5.000 millones de euros anuales que recaudaría si tuviera una fiscalidad armonizada. Se lo puede permitir porque se beneficia de ser la capital y, por ello, centro de instituciones, inversiones, multinacionales y grandes empresas. Gracias a eso, Madrid recauda un 45% más que el resto de comunidades, sin embargo, es la tercera región que menos gasta en servicios públicos por habitante. Mínima recaudación a los que más tienen, mínima inversión en los que tienen menos. Cuando Ayuso amenaza con defender el modelo madrileño, no está defendiendo a todos los madrileños, sólo a los de primera fila, mientras abandona al resto y perjudica a los demás españoles. De patriótico, no tiene nada. Ayuso es muy antiespañola y mucho antiespañola. El ejemplo más claro lo hemos visto en la Sanidad durante la pandemia. Este sábado se manifestaba en Madrid la Marea Blanca de sanitarios contra la falta de medios, los contratos precarios y el abandono. No son precisamente perroflautas, son los profesionales que están cuidando de nosotros y salvando vidas. La respuesta de la presidenta es inaugurar esta semana su hospital de pandemias que le ha costado más del doble de lo previsto y que no tiene dotación de médicos propia. Se ha gastado en ladrillo lo que no se ha gastado en Sanidad. Lo que no le paga a los sanitarios, se lo paga a las constructoras y eso se paga con vidas. Madrid quiere ser la tumba del sanchismo, pero por ahora es la mayor tumba de la epidemia. Podría haber sido, sin embargo, la comunidad mejor preparada para hacerle frente si hubiera más recaudación y más inversión pública. Este domingo, Ayuso concluía su entrevista en ABC con una afirmación que es como un bumerán: "Me resisto a creer que la Historia de España acaba aquí, en manos de cuatro estúpidos. Este país es mucho más y habrá cambio de tendencia, habrá pelea por ser español en España". Yo también me resisto a creer que acabemos en manos de cuatro estúpidos que se pelean por ser españoles, en lugar de pelearse por protegerlos.
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La actriz Ángela Molina recibe el Goya de Honor 2021
La actriz Ángela Molina ha sido elegida por la Academia de Cine para recibir el Goya de Honor 2021, un premio honorífico otorgado anualmente para reconocer la trayectoria de profesionales ilustres. En este caso, el jurado ha catalogado a la ganadora como "uno de esos milagros que ocurren de vez en cuando en el cine español" que pasará a recibir el galardón el próximo 6 de marzo.
1 d
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Los fans exigentes no son cosa de hoy: 30 años de 'Misery'
A raíz del estreno de El ascenso de Skywalker, o de la polémica alrededor de Sonic, se generó cierto debate sobre los peajes artísticos generados por la estricta vigilancia que el fandom ejerce sobre las creaciones. No deja de ser otra fuerza más que condiciona a los responsables de filmes de gran presupuesto, quienes ya trabajan bajo el escrutinio de grandes corporaciones. En todo caso, el fenómeno no es novedoso: los aficionados han presionado a los autores a lo largo de la historia. Arthur Conan Doyle, por ejemplo, quiso matar a su inmortal Sherlock Holmes en el lejano año 1893. La reacción del público y las ofertas de los editores hicieron que el escritor ofreciese nuevas historias del personaje de cuya alargada sombra se había querido alejar.Uno de los escritores más populares de la contemporaneidad, el relator de terrores y pesadillas Stephen King, también ha lidiado con estos problemas. La reacción negativa a su obra de fantasía Los ojos del dragón fue una de las fuentes de inspiración de Misery, una historia sobre una fan excesivamente apasionada y exigente. El libro se publicó en 1987 y la película resultante llegó a las salas estadounidenses el 30 de noviembre de 1990.El filme se estrenó en momentos de una cierta decadencia de las adaptaciones fílmicas del narrador estadounidense. Carrie y El resplandor habían sido eventos cinematográficos avalados por un director emergente como Brian De Palma y por un autor consagradísimo como Stanley Kubrick, respectivamente. Hollywood y su periferia vieron una posible gallina de los huevos de oro. Y la escalada de adaptaciones posterior (cuatro en el mismo año 1990) implicó un cierto desgaste, una cierta vulgarización de la que escapó esta historia del encuentro casual entre un escritor y su admiradora.Misery fue una de esas películas que reivindicó a su creador como alguien capaz de aterrarnos también con amenazas que no tenían nada de sobrenatural. Fue, además, una película de presupuesto generoso que proyectaba una cierta ambición. La dirigía un realizador en racha, el cómico Rob Reiner, que había firmado otra adaptación de un texto de King sin elementos sobrenaturales como Cuenta conmigo, y que también había firmado La princesa prometida o Cuando Harry encontró a Sally. También participaba en el proyecto un guionista de prestigio como William Goldman, que llevó a la pantalla su propia novela La princesa prometida y que firmó los libretos de Dos hombres y un destino o Todos los hombres del presidente.En algunos aspectos, estábamos ante un King paradigmático. Incluía accidentes de tráfico, alcohol, pastillas y bloqueos creativos. Estaba protagonizada, otra vez, por un escritor en apuros. Paul Sheldon sufre un accidente mientras conduce y es rescatado por una mujer que resulta ser la mayor fan de las novelas románticas que él ha escrito. Annie Wilkes tiene el privilegio de poder leer la que va a ser la última novela de la serie… pero el resultado la decepciona. Wilkes encarna la caprichosidad del admirador, la fina línea que puede separar la fidelidad del desengaño furioso. Entonces exige a Sheldon que escriba otra obra, la obra que ella quiere leer.Esta vez el héroe no estaba amenazado o influido por fuerzas sobrenaturales como sucedía a los novelistas que protagonizan El resplandor, La mitad oscura y tantas otras obras del prolífico escritor de Maine. Todo era mucho más cotidiano. ¿El resultado fue menos escalofriante por ello? En realidad, no. Se partía de la incomodidad de tener que permanecer en una casa ajena, con una húesped desconocida de quien se depende a causa de las lesiones sufridas. Para enfatizar la incomodidad, se representaba el desencaje cultural entre el cosmopolita escritor y una representante de ese cristianismo severo criticado en otras obras de King. Como la muy creyente madre de Carrie, además, Wilkes ocultaba sus propios secretos inconfesables.Misery acabó desplegándose como un tenso thriller ubicado en espacios reducidos, condicionado por la movilidad disminuida del personaje principal, al estilo de La ventana indiscreta pero con el enemigo en casa. Sheldon, en todo caso, se revela como alguien astuto. El apego de su rescatadora turbia hacia la narrativa romántica le sugiere caminos a seguir. E inicia un juego psicológico de aplacamiento de la furia intermitente de su fan letal a través de la palabra y de la escritura, como si de la Sherezade de Las mil y una noches se tratase. El forzado flirteo resultante puede recordar a otras tramas de amores femeninos enfermizos como la entonces reciente Atracción fatal.Al igual que otros libros de King, Misery admite lecturas metafóricas sobre la dependencia de las sustancias. Funciona también, de manera muy física, como una pesadilla sobre la vulnerabilidad del escritor ante su publico. Porque la autoestima es fragil, y también lo son los huesos de los cuerpos. Su antagonista, la Annie Wilkes interpretada por Kathy Bates, resulta maravillosamente inquietante por su estado de ánimo más que variable, por su amabilidad enrarecida y empalagosa, por una seriedad permanente que desasosiega. El trabajo de Bates recibió un imprevisto Oscar y conserva un cierto estatus icónico que puede ilustrar, en clave terrorífica, las complicadas relaciones entre los creadores, las audiencias y sus expectativas.
2 d
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La victoria de Biden abre el camino para mayores impuestos corporativos a nivel global
Las elecciones presidenciales de EE.UU. en 2020 serán recordadas por mucho tiempo. Y no solo porque llevó varios días conocer el resultado y por primera vez una mujer, Kamala Harris, fue elegida vicepresidenta, sino también porque, desafiando a todos los que argumentaban que esta promesa era la mejor manera de perder, Joe Biden se comprometió a aumentar los impuestos a las empresas y al 1% más rico de la población desde el inicio de su mandato. Y ganó las elecciones.  Es de esperar que esta victoria marque la toma de conciencia por muchos estadounidenses de que décadas de políticas tributarias que han favorecido a los ricos y poderosos han aumentado la desigualdad de la riqueza a sus niveles más altos desde el decenio de 1960, cuando comenzó a estimarse este dato en los Estados Unidos. Como lo han demostrado los economistas Emmanuel Saez y Gabriel Zucman, los multimillonarios están ahora sujetos a un tipo impositivo efectivo más bajo que la clase trabajadora.Esto no es una peculiaridad de los Estados Unidos. En las últimas décadas, los gobiernos de todo el mundo han reformado sus sistemas tributarios para beneficiar a los más ricos y a las multinacionales. Como resultado de ello, estas últimas pueden declarar legalmente sus utilidades en paraísos fiscales e infravalorar así las que obtienen en países donde los impuestos son elevados, incluso si es allí donde concentran sus actividades. Del mismo modo, los multimillonarios se aprovechan de la falta de transparencia para ocultar en el extranjero activos e ingresos no declarados.Y acabemos con este mito: el abuso de los impuestos por parte de los más ricos no es marginal, ni es un mal necesario para mantener la economía mundial en funcionamiento. Cada año, el mundo pierde más de 362.000 millones de euros debido a los abusos fiscales internacionales, como se revela en un nuevo estudio, "El Estado de la Justicia Fiscal 2020", publicado por Tax Justice Network, la Internacional de Servicios Públicos y la Alianza Mundial de Justicia Fiscal. Si bien la pandemia ya ha generado más de 1,3 millones de muertos en todo el mundo, el informe afirma que los paraísos fiscales absorben el 9,2% del presupuesto de salud de los países del mundo, el equivalente a los salarios anuales de 34 millones de enfermeras.En los países de menores ingresos, la situación es particularmente trágica, con pérdidas por desplazamiento de utilidades hacia los paraísos fiscales que ascienden al 52,4% de sus presupuestos de salud. En España, la pérdida de ingresos tributarios equivale al 5,04% del presupuesto de salud, lo que permitiría pagar los salarios de 107 mil enfermeras.La crisis sanitaria ha recordado a todos los gobiernos, incluidos los conservadores, lo esencial que son los servicios públicos. Necesitan invertir más en salud, escuelas e infraestructura, pero también en el apoyo a las empresas, especialmente a las más pequeñas. Y como la cuenta tendrá que ser pagada, necesitamos urgentemente que quienes se están beneficiando del sistema contribuyan a él.Uno de los primeros pasos debería ser la introducción de impuestos progresivos sobre los servicios digitales de las empresas multinacionales. Irónicamente, los gigantes digitales son los grandes ganadores de la crisis de salud, ya que se benefician de que no necesitan interacción personal con sus clientes. Además, los gobiernos deberían aplicar un impuesto más elevado a las empresas que se encuentran en situación de monopolio u oligopolio, especialmente a las que se han aumentado sus utilidades durante la pandemia, las de los sectores tecnológicos y farmacéutico.Sobre todo, no debemos sucumbir a las sirenas de los recortes de impuestos que las grandes empresas están pidiendo, alegando que son indispensables para la recuperación. Ya sabemos que, en tiempos normales, no son los impuestos los que impulsan a una empresa a invertir en un país, sino la calidad de la infraestructura y de la mano de obra, el acceso al mercado y la estabilidad política. Además, cuando los proyectos de expansión se ven limitados por la incertidumbre y el exceso de capacidad de las empresas, no son los recortes fiscales los que estimularán la inversión privada.Por último, es imperativo introducir una tasa mínima efectiva de tributación sobre las empresas de al menos el 25%, como propugnamos en la Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Corporativa Internacional (ICRICT, por su sigla en inglés). Toda empresa multinacional que registre sus utilidades en un paraíso fiscal sería, por tanto, gravada, en su país de origen a esta tasa mínima. Esto reduciría su interés en transferir sus beneficios a los paraísos fiscales.La presión en las negociaciones globales sobre cooperación tributaria para fijar esta tasa mínima global en el 12,5% ha perdido toda justificación. De hecho, alentaría a los países con impuestos más altos a participar en la carrera para bajar los impuestos, reduciendo así sus recursos. Como la administración Biden aboga por un aumento del impuesto a las empresas en Estados Unidos hasta el 28% y una tasa mínima efectiva global del 21%, ahora le toca a la Unión Europea poner el listón alto. Como estos dos mercados son los más importantes del mundo, ninguna empresa multinacional podrá boicotearlos para evitar este nivel de impuestos. Por consiguiente, la tasa del 25% puede establecerse a nivel mundial, proporcionando a los Estados recursos suficientes para reconstruir sociedades y economías más prósperas, pero también más justas.
2 d
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Cinco razones por las que la exposición feminista 'Invitadas' del Museo del Prado no lo es tanto
La exposición Invitadas del Museo del Prado no solo es una de las más importantes del año, también es una de las más relevantes de la historia del museo. Su objetivo era explorar la misoginia impregnada en el arte a través de los siglos y entonar un 'mea culpa' como institución que también ha sido responsable de esa discriminación de género. Un "elefante en la habitación" complicado de abordar y que más de un mes después de su presentación todavía sigue dando de qué hablar, aunque no todas las voces alaban cómo la pinacoteca ha construido este recorrido. La Red de Investigación en Arte y Feminismos y Mujeres en las Artes Visuales (MAV) son dos de las asociaciones que han criticado la muestra y que han explicado sus razones en comunicados que, a su vez, han firmado cientos de investigadoras y expertas. Por ejemplo, la Red de Investigadoras señala que la exposición devalúa a las artistas "tanto cuantitativa como cualitativamente". Por su parte, MAV afirma que es "una oportunidad perdida" y que esperaban "una reflexión mucho más profunda a la hora de plantearla". A la crítica también se han sumado, a través de artículos, diferentes investigadoras, expertas y activistas como la gestora cultural y comisaria de arte Semíramis González, que en ¿Tienen que ser invitadas las mujeres para estar en el museo? lamenta que el debate surgido no esté siendo enriquecedor, sino todo lo contrario: "A quienes la criticamos se nos ha acusado de censoras, llegando a afirmar que estábamos incluso pidiendo que no se viese la exposición". En lo que coinciden las profesionales es en el reproche a la falta de diálogo y reflexión compartida por parte de un museo que, a pesar de buscar la aparente autocrítica, no ha tenido en cuenta otro discurso más allá del propio. Es justo lo que denuncia la catedrática de la Universidad Complutense especializada en arte Marián López Fernández-Cao, también integrante de MAV, con la que analizamos cinco claves por las que la exposición Invitadas no es tan feminista como pensábamos. La expectativa era que la exposición hiciera que el Prado sacara los cuadros de pintoras que estaban escondidos en sus almacenes, pero no ha sido del todo así. "Es una parte muy pequeña la que se centra en las artistas y tampoco se oye su voz", critica Marián Cao. "Donde el público esperaba ver a mujeres artistas, el museo le presenta a hombres artistas que pintan a mujeres. Es grave", señala también la escritora Laura Freixas en un artículo de La Vanguardia. En la misma línea se sitúa Isabel Tejeda, profesora de Bellas Artes en la Universidad de Murcia, que apunta que "una de las lagunas más colosales de este proyecto radica en la representación de artistas que trabajaron entre finales del ochocientos y 1931. Que solo haya un cuadro en la exposición de Lluïsa Vidal o de María Röesset, y ninguna fotografía de Eulalia Aibatua, ninguna pintura de María Blanchard, Maruja Mallo o de Ángeles Santos, o diseño de Manuela Ballester".Ni siquiera el cartel promocional utilizado para Invitadas, esa lona gigante que cuelga sobre la fachada del museo, es el cuadro de una artista. En cambio han optado por colgar Falenas, de Carlos Verger, cuyo título hace referencia a "una mariposa nocturna de cuerpo delgado y anchas y débiles alas, fatalmente atraída por el fuego", en este caso asociado a prostitutas. Pero, como señalan la Red de Investigación en Arte y Feminismos, "el estudio sobre la iconografía misógina del siglo XIX no supone en absoluto una novedad, ya que existen desde hace décadas numerosas publicaciones especializadas y exposiciones dedicadas a esta cuestión, tanto en España como fuera de nuestro país". Lo que tampoco es nuevo es la ausencia de artista en las salas del Prado, y muestra de ello es la exposición de 2016 de Clara Peeters: hubo que esperar 197 años desde la creación del museo para asistir a la primera muestra dedicada a una pintora. Otros logros son conseguidos a base de peticiones populares, como ocurrió con la obra El Cid de Rosa Bonheur, que sí está presente en esta muestra. Es una pieza que evoca la libertad y la insumisión de una artista que, sin embargo, llevaba dos siglos guardada en los almacenes. Fue en 2019, tras un movimiento masivo en Twitter a favor de Bonheur y su importancia como referente, cuando finalmente la dirección del museo decidió colgar su lienzo en la exposición permanente. A pesar de que existen numerosas profesionales y colectivos que llevan años trabajando en materia de género en el arte, algunas de ellas citadas al comienzo de este artículo, el museo no ha contado con ellas. Y no solo a nivel nacional: historiadoras como Linda Nochlin y Griselda Pollock ya denunciaban hace cuatro décadas que la Historia del Arte debería sustituir la importancia de la materia (la pincelada) por la del materialismo (las condiciones sociopolíticas de una obra).Quizá esa falta de colaboración con quienes llevan décadas trabajando el tema es la que ha podido provocar errores como el del cuadro que se encargaba de abrir la muestra: un lienzo destrozado que servía como muestra del trato recibido por las pintoras a lo largo de la historia inicialmente atribuido a Concepción Mejía de Salvador y que, al final, resultó ser de un hombre. Así lo descubrió la experta Concha Díaz Pascual, que en su blog Cuaderno de Sofonisba destapó al verdadero autor: Adolfo Sánchez Mejía. La primera sección de Invitadas habla directamente de "reinas intrusas" para referirse a la serie cronológica de los reyes de España encargada por Isabel II a José de Madrazo en 1847. El objetivo era hacer una genealogía de sus antepasados reales para demostrar que era la heredera legítima del trono que los carlistas no querían reconocer, pero la muestra vuelve a colocar el adjetivo de "intrusa" y obvian detalles como que fue la propia Isabel II quien estableció por Real Decreto la Exposición Nacional de Bellas Artes en 1853, que contribuyó al renacer del arte en el país. Se entiende que la intención del museo al repasar los premios nacionales otorgados a obras machistas es denunciar cómo el Estado legitimaba ese tipo de discurso, tal y como sucede con las piezas de niñas sexualizadas pintadas por Pedro Sáenz que fueron reconocidas en Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. Pero falta contexto que vaya más allá del sesgo patriarcal en la pincelada para, por ejemplo, entender por qué personajes como la ya mencionada Isabel II no merecía ser tratada de "intrusa". Llegando casi al final del recorrido se muestra cómo las artistas estaban limitadas a demostrar sus virtudes en géneros considerados entonces de menor importancia, como el bodegón o la miniatura, pero no se muestra la otra cara de la moneda, que también existió: la de instituciones como el Ayuntamiento de Zaragoza, que en 1881 concedió a Agustina Atienza y Cobos una pensión de 1.000 pesetas anuales para realizar sus estudios en la capital. Lo mismo ocurrió con la diputación de Lugo y Maruja Mallo o con la Diputación de Valladolid y Marcelina Poncela.La óptica está centrada solo en el retroceso y no en el avance que supusieron, por ejemplo, asociaciones tan importantes como Lyceum Club Femenino, un centro cultural fundado en 1926 en Madrid que fue el caldo de cultivo para la creación de las Sinsombrero (las creadoras de la Generación del 27) y para dar pasos hacia la igualdad en la cultura. En Invitadas hablan de un periodo histórico muy específico (finales del siglo XIX y primer tercio del XX), lo cual no sería un problema si no se hiciera desde un punto de vista muy limitado sin dar una visión general del contexto. Es justo lo que decía a este periódico Concha Díaz Pascual, la experta que descubrió que había un "invitado" en la muestra: "Todo el acento se ha puesto en la consideración de la mujer en un tiempo muy puntual, porque solo se produce en los cinco o seis últimos años del siglo XIX, cuando acaba la moda de la pintura de historia y empieza la de la pintura social. Pero eso se produce durante muy pocos años, no fue así todo". Asimismo, la exposición finaliza en una fecha emblemática a la que ni siquiera hace referencia y que bien podría haber sido el broche de oro: 1931, el año de la aprobación del sufragio femenino en España durante la Segunda República. Un hito en el que las mujeres no fueron invitadas, sino con el que fueron reconocidas.  
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